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09 de agosto de 2012

Javier Sánchez Arquitectos – Casa tomada

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¿Cómo mantener la esencia a la hora de acometer una remodelación? ¿Puede superar la revisión al proyecto original? La oficina mexicana Javier Sánchez Arquitectos (JSa) se enfrentó a este reto en una tradicional casa limeña construida en los años cincuenta.

Fue construida en los años cincuenta. Era el testimonio de una época. “Nos interesó mucho mantener la esencia de la casa”, cuenta el arquitecto portorriqueño Irvine Torres, coautor del proyecto con el mexicano Javier Sánchez y jefe de la oficina JSa en Lima, desde que abrió hace dos años. “No apostamos por un cambio dramático, sino por intervenir la secuencia y el carácter espacial de la casa como tal. Lo que hicimos fue modificar la construcción original y reforzar la noción de espacialidad, que iba en función de los intereses del nuevo propietario”.

Los arquitectos plantearon organizar los ambientes interiores de la Casa A+R basándose en el contraste de los espacios y los materiales. Así, el primer nivel conjuga el área social (biblioteca, sala, comedor, cocina y servicios) y el segundo nivel se destina a las estancias privadas (dormitorios y sala de estar). La superficie intervenida es de aproximadamente 660 metros cuadrados.

El criterio compositivo de la propuesta es establecer contrastes y un diálogo entre la paleta de materiales seleccionados. Apoyándose en esa lógica, trabajar con la madera era un tema que le interesaba mucho al cliente. Por eso, en el primer piso, algunos muros estructurales originales se revistieron de una superficie de madera compuesta por un patrón de tablillas cuyas texturas provienen del trazo de la sierra. De otro lado, el uso de la piedra surge del respeto de los arquitectos por la mano de obra artesanal. Junto a los muros blancos, se genera una relación de contraste que es también un fondo heterogéneo para las piezas de los propietarios. En la secuencia de la casa, se rompe la tradición de las proporciones y volumetrías originales. En el hall de ingreso, el protagonista es un gran librero de madera. La intención fue crear un mueble que por sus proporciones ofreciera un asiento para hojear un libro o apoyar objetos y piezas, y formara parte de la arquitectura. Al desplazar el muro original, creció la zona de la escalera. Su forma curva contrasta con el fondo de otro librero que acompaña el recorrido de doble altura hacia la segunda planta.

Aquí, los dormitorios se acomodan de manera consecutiva. En uno de ellos, una gran teatina permite el ingreso de luz natural a la habitación y baña otro librero que sigue el mismo concepto que el del ingreso y la escalera.

La historia completa en la edición impresa.

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