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18 de abril de 2012

La Casa Trufa: naturaleza artificial

Por: Pavel Robles. Fotos: Roland Halbe y Ensamble Estudio.

Este refugio natural corona un hermoso acantilado en el norte de España. El proceso de creación empezó con la confección misma de la roca.
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La obra de la oficina española llamada Ensamble Estudio tiene tanto o más que ver con el proceso que con el producto final. La Casa Trufa parece una formación de tierra que desaparece dentro del paisaje y que se abre, desde la altura, ante la Costa de la Muerte, ubicada en el Atlántico español.

El plan del arquitecto Antón García-Abril, director del proyecto, fue elaborar una estructura artificial que emulara los procesos de formación mineral, para crear un lugar de idilio natural. Suena extraño; sin embargo, eso es lo que lograron: una estructura de identidad ambigua que forma la Casa Trufa, ubicada en la Costa de la Muerte, una región de Galicia.

El proceso se inició con la excavación del terreno, para luego demarcar el perímetro con una especie de dique formado con la tierra extraída. Luego se rellenó el vacío para formar el volumen interior con fardos de paja y se cubrió con hormigón en masa.

Como si se tratase de una trufa de chocolate, el espacio construido recibió otra cobertura de tierra vegetal. Después, se dejó secar y, al retirar la tierra, se descubrió una estructura que combinaba las propiedades del hormigón con la tierra. “Aún no era arquitectura lo que habíamos creado; habíamos fabricado una piedra”, comenta sobre el proceso García-Abril.



Haciendo uso de herramientas de cantera, cortaron dos entradas en la piedra. Posteriormente, y con la ayuda de una ternera, se quitaron los 50 metros cúbicos de pasto que ocupaban el volumen interno de la casa. Una vez que la ternera culminó su festín, quedó descubierto el espacio interior de la estructura. Solo la precisión del corte evidencia la artificialidad de esta estructura cuasi monolítica. El área construida es de 25 metros cuadrados.

En el interior, la textura de apariencia arcillosa y las superficies irregulares dotan de naturaleza al espacio. La entrada de luz principal viene de la apertura que encuadra una sublime vista del Atlántico.

La respuesta de cómo hacer habitable un espacio de estas características, la encontraron en la obra llamada “Le Cabanon” de Le Corbusier . García-Abril emuló con éxito los principios del maestro francés en el diseño de los muebles, creando un interior que maximiza de manera funcional el limitado espacio. Dada la ausencia de separaciones internas, merece mencionarse que el inodoro se camufla dentro de un mueble.

La construcción de la casa se inició en agosto del 2006 y culminó en febrero del 2010. Este proyecto cumple con el manifiesto del grupo de creativos que lidera García-Abril. “Trabajamos con nuestras manos para experimentar, controlamos los procesos más que los resultados, pues encontrando la lógica en los desarrollos se hace más difícil fallar”, explica el arquitecto.

Esta aventura arquitectónica, que empieza desde la esencia misma de los materiales y de los procesos de construcción, resultó en una especie de guarida como vehículo para la contemplación de un paisaje inigualable.

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