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09 de agosto de 2012

Pepe Cánepa - El cliente más difícil es uno mismo

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La casa del reconocido decorador y diseñador de interiores es escenario de una conversación sobre la última transformación que esta experimentó y sobre el complejo arte del buen gusto.

Una de las tres casas neocoloniales diseñadas por el arquitecto Enrique Seoane Ros, en esa cuadra de Baltazar La Torre en San Isidro, pertenece desde hace cincuenta años a José Cánepa. Ahí funcionó la oficina de diseño y decoración que tenía con el reconocido Alex Ciurlizza, quien fue su maestro y con quien trabajó durante cuarenta años.

Es el mismo Pepe Cánepa quien abre su puerta. Es desde la intimidad de su propia sala donde se quiere conversar sobre su oficio. Porcelana china y kakemonos japoneses son testigos de la conversación. La alfombra del Consorcio Persa la sostiene. Es Bella –uno de sus tres perros– la que acompaña desde cerca la entrevista. Y la que interrumpe cuando puede, también. “Es muy cariñosa”, anticipa su dueño, ofreciendo asiento cerca de la ventana. En el lugar donde entra más luz.

“Lima es tan oscura, tan gris, que necesitaba algo cálido”, dice sobre los colores que acogen. El rojo camarón de sus tapices, y el amarillo de las paredes.

–¿Es más difícil para un decorador trabajar su propia casa?
–Creo que es más complicado porque uno se exige más. Cambias mucho de ideas. O bien, tienes ideas mucho más fijas sobre lo que quieres. El cliente más difícil es uno mismo. Porque además existe una conexión con los objetos que no la tiene alguien que manda decorar su casa. Muchas veces son piezas heredadas o coleccionadas a través del tiempo. Es mi caso.

Frente al sofá, al otro lado de la sala, está una maravillosa mesa del siglo XVIII que fue el escritorio de su abuelo, y que ha pertenecido a su familia desde hace muchas décadas. Sobre la mesa, la abstracción del pintor brasileño con nombre de ángel italiano, Arcangelo Ianelli. Atrás, el biombo de Coromandel y sus paisajes chinos es del siglo XVII. Lo encontró en una de sus inacabables excursiones por los anticuarios limeños. No faltan –¿cómo podrían?– los muebles de Ciurlizza Maurer, con quien Cánepa empezó a trabajar cuando tenía 20 años. “Todo lo he juntado a lo largo del tiempo. Pienso que si las piezas tienen una calidad similar, siempre van a poder ir juntas”, afirma el diseñador.

No tiene un periodo determinado para redecorar su casa. Simplemente, hay días en los que se levanta con las ganas de cambiar. Estos cambios pueden ser drásticos o pequeños. Alguna de las piezas de su colección puede ser colocada en otro lugar. También puede revolucionar espacios enteros. Un día se dio cuenta de que la chimenea del comedor estaría mejor aprovechada en la sala. Y, simplemente, los intercambió de lugar. Pero no se atrevería a afirmar que esa será su ubicación final.

La historia completa en la edición impresa.

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