12 de julio de 2012
Thomas Heatherwick – El arquitecto inventor
El inglés Thomas Heatherwick traslapa arte, arquitectura y diseño como pocos. la vasta obra de su estudio, que incluye tiendas, pabellones, esculturas y buses, estará en el victoria and albert museum de londres hasta finales de setiembre.
Medio en broma, medio en serio, mis amigos ingleses siempre me recuerdan, entre risas y generalmente luego de un pint de cerveza, que el día en que se inauguró el Eurotúnel que conecta Inglaterra con Francia, el titular que se ganó más aplausos decía: “Europa se conecta al mundo”. Y nunca falta alguien que corona el momento con un implacable “es que vemos las cosas de diferente manera”. Luego de caminar por las calles de Londres, uno tiene la sensación de que sí, pues, efectivamente, estas personas ven el mundo con otros ojos, y entonces uno le encuentra sentido a, por ejemplo, los carros con timón a la derecha o que la educación pública sea mucho más cara que la privada. Y también le encuentra sentido a que uno de los arquitectos estrella del Reino Unido sea un diseñador que tiene la firme idea de que “cada proyecto es un invento”.

Thomas Heatherwick nació en Londres en 1970, y pasó la mayor parte de su infancia en el barrio de Wood Green, al norte de la capital inglesa. Si la familia es la primera escuela, Heatherwick arrancó su trayectoria directamente en la universidad formada por un abuelo, Miles Tomalin, músico, poeta y veterano de la Guerra Civil Española; su abuela, quien levantó el primer estudio de diseño textil para Marks & Spencer; su madre, que era experta en collares, y su padre, Hugh, músico y trabajador social. Asistió a la Sevenoaks School, pero la escuela no era su atracción favorita y por los deportes sentía el conmiserativo desdén que generan las actividades posiblemente entretenidas pero inútiles. “No le encontraba el mayor sentido a correr por una cancha tratando de coger una pelota”, ha revelado Heatherwick. Desde pequeño su vocación no se dirigía ni a las letras ni a los números, sino a crear cosas. Y en esto mostraba un talento que compensaba ampliamente la dejadez que sentía por los estudios tradicionales. Su primer recuerdo en este campo data de cuando tenía 7 años y se puso a imaginar un carro híbrido cuyo motor se mantuviera en perpetuo funcionamiento.
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