12 de julio de 2012
Volúmenes abiertos
Una fórmula creativa para optimizar el área libre permitió a Roberto Riofrío y Micaela Rodrigo, arquitectos del estudio RRMR, diseñar una casa compacta de espacios amplios e iluminados.
i hay un momento perfecto del día para llegar a esta casa de La Molina, es aquel en el que resplandece el sol de la mañana. En la zona de entrada, la luz resalta los materiales de la fachada: fierro, madera, concreto expuesto y muros pintados de blanco, que se complementan con la constante búsqueda de espacios amplios y cómodos. Y al abrirse la puerta, lo primero que se ve es cómo el hall se proyecta hasta la sala y el jardín parece integrarse con el interior, tema que fue central cuando los arquitectos del estudio RRMR idearon la casa.
Ya en el jardín, Micaela Rodrigo explica cómo el retiro de cinco metros que afecta la fachada adyacente a la calle –un espacio que por regularización municipal no se puede techar, pero sí cubrir con coberturas ligeras, techos de terraza, sol y sombras, traslúcidos, etcétera–, hacía que el área útil de la propiedad fuera menor. Para optimizar el área ocupada, decidieron ubicar, en ese lado, la terraza, la piscina, y extender, desde la cocina, el comedor de diario que está como encapsulado en una burbuja de vidrio que se integra a la terraza y el jardín.
“Hemos podido ganarle al retiro –continúa Rodrigo–, y como la del comedor es una cobertura de vidrio y en la terraza tenemos un techo sol y sombra, no se considera como área techada; esto permitió hacer una casa muy compacta, pero que además utilizó este espacio para que no fuera solo jardín”. La armonía del diseño es evidente. Los volúmenes parecen encajados como grandes piezas de algún rompecabezas geométrico. Y nuevamente el fierro, la madera, el concreto expuesto.
La distribución de la casa es típica: las áreas sociales –sala, comedor, escritorio, sala de estar y cocina– están en la primera planta y las privadas en la segunda. Sin embargo, en la casa de esta familia que llegó de un departamento en San Isidro, la cocina tiene un protagonismo especial: a la dueña de casa le gusta cocinar. Con esto en mente, los arquitectos integraron la sala de estar familiar y la cocina a través de unas puertas corredizas. “La idea principal de la cocina era lograr la presencia de la vegetación”, explica la arquitecta Rodrigo. Para ello, se eligió una cobertura vidriada que, especialmente en esta zona soleada de Lima, permite que entre mucha luz y que se integre el interior con el exterior.
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