Una de las bandas de rock independiente más queridas por el público limeño se presenta hoy en nuestra ciudad. Él Mató a un Policía Motorizado tocará en el Centro de Convenciones de Barranco en un concierto en el que también estarán Juan Gris y Los Zapping. Antes de esta tocada, que es la primera que ofrecerán luego de una necesaria reclusión en la que dejaron a punto su próximo disco, nos juntamos con su vocalista para conversar un poco de todo. En verdad un poco de todo.

Santiago Motorizado

La poesía de Santiago Motorizado

El responsable de las letras de Él Mató… es alguien que fácilmente pudo haber salido de la imaginación de un escritor. Santiago Motorizado –de arranque, nombre de personaje– es un hombre que parece estar construido a base de pequeñas y gratas disonancias. Su melena y su barba larga, que en primera instancia le dan un aspecto rudo, se contrastan con su sonrisa afable y su extrema buena onda. En este encuentro, además, el polo de las Tortugas Ninjas que lleva puesto tampoco tiene mucha relación con su short de fútbol de la selección argentina. Pero todo eso redondea su imagen. En él las discordancias logran tener coherencia. Como en algunos de las temas que más le gustan y otros que vendrán en su nuevo álbum. Y precisamente la entrevista comenzó con eso, con sus canciones.

Suelen decir que son más de letras sugerentes que de letras explícitas…
Yo creo que hay una mezcla. Hay momentos en los que las canciones son explícitas y van directo al grano. Otras por ahí usan metáforas para describir cosas puntuales. Me gusta ese juego que es el juego en general de la poesía, donde a veces se describe algo y se le da espacio a la interpretación. Tratamos de no ser nunca tan literales, porque no nos sentimos tan cómodos con eso.

Siempre que hablas de las letras, te refieres a la poesía. ¿Hay algún autor que te guste especialmente?
Me gusta la poesía en general, pero no sabría decirte si tengo un autor favorito. La influencia más directa en mí es la poesía de la música.

¿Qué letristas, por ejemplo, han impactado en tu trabajo?
Yo creo que el primero que me pegó fuerte fue Diego (Darrigrán) de Koyi, que es amigo nuestro. Antes tenía una banda que se llamaba Grupo Mazinger, de ahí, de La Plata. Y me pegó fuerte porque era un amigo mío que veía todos los días y que de pronto se puso a escribir, a hacer canciones. Pero de la nada. Porque no era alguien que estuviera recorriendo mucho la poesía. Empezó a nacer esta cosa medio mágica y me generó una especie de influencia directa porque eso te hace pensar “bueno, si él puede, yo también”.

¿Crees que esta sensibilidad hace que Él Mató… sea considerada una banda, sobre todo, emocionante?
Creo que es una mezcla de lo que genera la música en sí con esas cosas que tienen las letras, que por momentos suelen ser muy crudas por los sentimientos que tengo cuando estoy escribiendo. Eso a veces se nota. Luego, mezclado con los estribillos y esa cosa musical, tiene como un doble impacto.

¿Y va a ser así el nuevo disco? ¿O ha habido algún cambio?
Hay cambios, pero por otro lado, no por ese. Creo que tiene bastante sentimiento… Y por momentos es un poco melancólico y yo no quería que sea melancólico (ríe).

La melancolía pudo más.
Sí, sí. ¡Pudo más! Sobre todo porque hay momentos musicales que van para otro lado. Igual esa combinación, en la que la música sigue un camino y la letra otro, está buena. Justo me acuerdo que hablaba con un amigo de los temas de los Smiths, que son muy melancólicos, pero si vos escuchás la música sola está muy arriba.

La experiencia del encierro

Cuando nos reunimos con Santiago, él y el resto de la banda no tenían ni ocho horas en suelo peruano. “Llegamos a las seis de la mañana y me pegué una siesta”, me confiesa. Todos acababan de llegar de Estados Unidos. Ahí convirtieron en una suerte de claustro el estudio tejano Sonic Ranch, donde prepararon lo que se convertirá en su próximo disco. 

¿Cómo ha sido el trabajo en el estudio allá en Texas?
Estuvo buenísimo. Y trabajamos un montón antes de viajar. Veníamos hace bastante tiempo preparando los temas, armando las maquetas.

¿Cuánto tiempo más o menos?
Arrancamos el proyecto, en realidad, en 2015. Empezamos a encarar el disco, a ver qué canciones teníamos, cómo las íbamos a armar, comenzamos a armar las primeras. Cuando estábamos planeando eso nació Violencia, que es el EP anterior, porque eran canciones que estaban dentro de ese grupo, pero sentíamos que no iban tanto por el lado que íbamos encarando el disco. Como nos gustaban, las sacamos en su disco propio. Luego retomamos la idea del disco largo y fue casi todo 2016 trabajando en eso, grabando, escuchando, regrabando, dándole vuelta a las canciones. Es el disco que más tiempo tuvimos en etapa de preproducción. Luego fuimos al estudio, ya teníamos bastante armado cómo iban a ser las canciones, porque siempre hasta último momento eso puede variar. Sobre todo porque en el estudio teníamos herramientas nuevas a las que no teníamos acceso antes y eso te plantea nuevas cosas para jugar.

(Fuente: Facebook oficial de Él Mató a un Policía Motorizado)

Tenían nuevos juguetes a la mano.
Exacto, sí. En el estudio había como veinte sintetizadores que estaban buenísimos. Entonces cuando apareció eso, otras cosas se armaron de otra manera y se probaron cosas nuevas. Fue una experiencia muy buena. Nunca habíamos estado encerrados en un estudio.

Fue un proceso distinto…
Sí. Antes era ir, volver, escuchar sobre grabaciones. Acá era una cosa muy intensa, de estar todo el tiempo pensando en el disco. Te levantás pensando en el disco… El estudio era nuestro las veinticuatro horas. Teníamos una casa a una cuadra. Era una estancia: había campo, plantaciones, callecitas internas, casonas antiguas donde te hospedabas.

Era como un nuevo régimen para ustedes.
Uno bueno. Porque muy aparte de las herramientas y la parte técnica, que era de primer nivel, toda esa dinámica que se generaba de estar ahí, de levantarse e ir a grabar, de quedarse hasta la noche grabando, estaba buenísima.

¿Y hubo algo de “nuevo disco, nuevas drogas”?
(Ríe y atropella su risa con las primeras palabras) El clima era muy íntimo. Y fue muy cómodo todo el tiempo. Fue una experiencia en sí. No requerimos de estimulantes extra más de los comunes que a veces necesitan algunos para estar relajados…