Dicen que ver el bosque, en vez del árbol, permite tener un alcance integral de cualquier situación. Sin embargo, en el Perú, en las zonas afectadas por inundaciones de quebradas, desbordes de ríos y deslizamientos de huaicos, las vistas panorámicas desde los helicópteros no son suficientes para comprender la magnitud de la devastación a la que se enfrenta el país.

La consultora Maximixe es la primera firma que se ha animado a lanzar un cálculo del presupuesto que requerirá la labor de reconstrucción. Según su análisis, las pérdidas en infraestructura, en términos de carreteras, puentes, viviendas, canales de regadío, represas y áreas de cultivo, entre otras construcciones destruidas, alcanza los 17.500 millones de soles. Para revertir este escenario, Maximixe señala que se necesitaría una inversión del orden de los 7000 mil millones de dólares. No obstante, para Jorge Alva, rector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), es demasiado temprano para lanzar cifras, porque los daños todavía se seguirán produciendo, por lo menos, hasta fines del mes de abril, cuando el llamado Niño costero reduciría su energía gracias a la llegada de corrientes que enfriarán la costa norte del Perú. “Son buenos economistas, pero no son ingenieros”, dice Alva.

“Primero, se deben observar los retos y planificar ordenadamente la construcción, reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura dañada”, afirma Gonzalo Prialé, presidente de AFIN.

Según el empresario Ricardo Vega Llona, un punto de partida para calcular la proporción de la catástrofe son las cifras que dejaron los dos últimos fenómenos de El Niño de alcance nacional. En 1983, las pérdidas sumaron alrededor de 3283 millones de dólares, lo que representó el 11,6% del PBI de entonces. A fines de ese año, la administración Belaunde registró una caída de la economía del orden del 10,4%. En 1998, los daños alcanzaron los 3500 millones de dólares, representando para fines de aquel periodo una caída del 0,4% del PBI. Pero Vega Llona tampoco se anima a hacer un cálculo. “Lo que hemos visto no había pasado nunca en el Perú. La cantidad de puentes caídos y afectados suman más de trescientos; es una cifra que jamás había escuchado en toda mi experiencia”, dice Vega Llona, presidente en el Perú del Grupo OHL, a cargo de la concesión de la Red Vial N° 4, que une las localidades de Pativilca (Lima) y Trujillo (La Libertad), arrasada por el desborde de ríos y la caída de huaicos. Él propone la canalización de treinta ríos de la costa para no volver a ser testigos de esta tragedia.

“No solamente se trata de pensar en reconstruir lo dañado, se trata de pensar en grandes obras de infraestructura, como represas y canales, fundamentales para el futuro del país”, agrega. No obstante, reconoce que el reto para planificar con mirada de largo plazo se encuentra en la la coordinación entre los diferentes niveles del Estado –gobierno central, local y regional–, que no es fácil.

El reto

El arquitecto chileno Alejandro Aravena, Premio Pritzker 2016 –galardón considerado el equivalente a un Nobel de Arquitectura–, se encargó de la reconstrucción de la ciudad de Constitución, una de las más devastadas por el terremoto y el tsunami que sacudieron Chile en 2010, y que dejaron medio millar de personas muertas y más 800 mil damnificados. “El recurso más escaso en una ciudad no es el dinero, sino la coordinación”, apunta. “Nuestra arquitectura institucional está diseñada para enfrentar un problema de manera sectorial, pero, por la naturaleza de un desastre, necesitamos una visión transversal. La lección que nos dejó Constitución fue la importancia de incluir a la gente en la definición de la solución”.

Aravena refiere que el sector privado propuso la construcción de un muro de contención para evitar que futuros tsunamis arrasaran la ciudad. Pero los vecinos de la comuna explicaron que el problema no era el tsunami, sino las inundaciones. Bajo ese esquema, el equipo de Aravena reemplazó el muro por un bosque que reduciría la velocidad de la ola. Y, además, se mejoró el sistema de alcantarillado. “Nos sentamos juntos Estado, empresas y gente. No siempre pasa”, concluye.

Vista área de la zona afectada en Piura. Los daños se seguirán produciendo, por lo menos, hasta fines de abril.

Para Pablo Secada, ex director del Instituto Peruano de Economía (IPE), sería un grave error seguir llevando la discusión alrededor de conceptos como “reconstrucción” o “rehabilitación”. Según indica el economista, es la oportunidad de planificar ciudades, sistemas de gestión del agua, represas y el encauce de los ríos. Pero eso exige un liderazgo que pocas veces se ha visto entre las principales autoridades del Ejecutivo, indica, porque requiere de una voluntad política capaz de imponer sensatez donde priman el desconcierto y los intereses electorales. “Este va a ser un desafío más político que de economía o ingeniería. Tenemos la plata, los ingenieros, los estudios… Es la oportunidad de PPK para hacer política, solicitando facultades o invitando a Keiko Fujimori a integrar el gabinete. El fujimorismo es la segunda fuerza política y se ha quedado llevando ayuda a los damnificados”, explica Secada.

Por Luis Felipe Gamarra

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