Fue hace exactamente dos semanas. El lunes 26 de junio más de 8 mil muros de Facebook tenían algo en común: todos habían compartido el tráiler de La hora final. En ese adelanto, que a la fecha ha superado las 540 mil reproducciones, se pueden ver los esfuerzos del Grupo Especial de Inteligencia del Perú (GEIN) por capturar a la cabeza de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán. En las imágenes aparecen reconocidos actores como Pietro Sibille, Nidia Bermejo, Toño Vega y Katerina D’onofrio, entre otros. El director de este proyecto es Eduardo Mendoza de Echave, con quien nos juntamos para hablar sobre la que es, desde ya, una de las películas peruanas más esperadas del año.

-¿Esperaban el éxito que ha tenido el tráiler?
No, para nada. De hecho había hablado con mi productor y teníamos una idea de lo que era un buen primer día en números de vista. Pero, en realidad, tampoco estaba pensando demasiado en eso. Después, ya a partir de la cantidad de gente que vio el tráiler ese primer día, el productor empezó a mandar cifras de otras películas. Y normalmente hay trailers que tienen cien mil vistas o doscientas mil en todo el tiempo que están desde que se lanzan. Y creo que esta llegó a tener casi trescientos mil el primer día y medio millón luego.

-En Estados Unidos encuentran a Osama y hay varias películas a los dos, tres años. Acá La hora final llega 25 años después de la captura de Abimael. ¿Por qué pasa eso?
Hay dos lados de donde mirarlo. El primero, quizás el más importante, va por el lado de que como país no hemos hablado lo suficiente sobre el tema. De todo lo que significó el fenómeno de Sendero y el impacto en el país y todo el dolor que produjo la guerra interna en la que vivimos por más de una década, se ha hablado muy poco. Y si ya lo ves desde las artes, o más específicamente desde el cine, aún menos. Cuando estuve en festivales por El evangelio de la carne, la cantidad de películas colombianas que hablan sobre ese tema en su país era al revés. En un momento habían festivales en los que había ocho películas de Colombia y siete tocaban el tema. Acá más bien es increíble cómo ha quedado, desde los noventa, esta muletilla del cine peruano en la que todo era lisuras, calatas y terrorismo.

La imagen puede contener: una o varias personas y texto

El estreno comercial de la película está programado para el 14 de septiembre.

-Igual las películas sobre terrorismo se han abordado desde otro lado…
En realidad hay muy pocas. Si te pones a pensar, La boca del lobo, Tarata, Paloma de papel, Coraje… Para la dimensión del conflicto y lo que ocurrió en el país, realmente es muy poco. Entonces, primero eso. Como país el tema no se ha tratado lo suficiente. También es verdad que cuando sucede un hecho muy doloroso es necesario que corra el tiempo para procesarlo. Ya por el lado de la captura quizás porque es un tema complicado, delicado o pensaban que la gente está harta y no quería saber más de eso.

-¿Complicado porque requería de una investigación?
Lo que he hecho yo es ficción. Una película que de hecho sí está basada en hechos reales… Y a mí el tema me interesa y he leído bastante desde muy chico. Porque lo he vivido, de hecho. En el ochenta yo tenía seis años y es cuando empieza todo esto.

-Y más de una década después, cuando capturaron a Abimael, ¿sentiste que estabas como en una película?
Sí, sí. Me acuerdo clarísimo que estaba en una reunión y un chico se acercó y dijo que habían capturado a Abimael y nadie le creyó, nadie le hizo caso. Y volvió hasta tres veces. Era algo insólito. Fuimos a la cocina y había un pequeño televisor a blanco y negro y ahí vimos el flash. De ahí, recuerdo haber ido a mi casa con un amigo del barrio. Regresando hubo un apagón. Estaba el sonido de los helicópteros y la gente gritando. Todo eso se me ha quedado grabado. Fue muy fuerte.

El verdadero escondite y la recreación

La hora final va a contar, entre sus escenarios, con la verdadera casa en la que capturaron a Abimael Guzmán. Llegar ahí, como señala el mismo Eduardo, fue toda una historia. “Cuando la jefa de locaciones comienza a buscar me dice ‘hay una casa para la parte de la captura de Abimael que queda a unas cuadras de la verdadera casa, y estoy ahí, tratando de conseguirla’”, cuenta el cineasta. “El caso es que se me quedó eso de ‘estamos a unas cuadras’. No me lo podía sacar de la cabeza. Entonces le dije que vaya a tocar la puerta a preguntar quiénes viven”.