Son muchas las celebridades que se rinden a los encantos de Gstaad. Si en el pasado lo hicieron Grace Kelly, John y Jackie Kennedy, Elizabeth Taylor y el Aga Khan, hoy lo hacen John Travolta, Angelina Jolie, Roman Polanski y Roger Federer. Roger Moore dijo en una ocasión: “A los locales les interesa más mi carro que yo”. Aquí la gente no viene a ver ni a ser vistos, sino a disfrutar del ambiente discreto y elegante del pueblo. Con la llegada del invierno, la editorial Assouline presenta su nuevo libro, In the Spirit of Gstaad, un coffee table con espectaculares fotos que documenta la vida en la estación, desde sus legendarios hoteles y sus pistas hasta sus celebridades.

Gstaad

Gstaad, al igual que St. Tropez o los Hamptons, es una parada imperdible en el circuito del jet set internacional. Su sello distintivo es el gemütlich -ese cosiness alemán-, potenciado por la belleza de sus paisajes y de sus chalets alpinos. El día perfecto en Gstaad comienza con un buen desayuno en el hotel (si no tienes la suerte de tener casa) y, tras pagar el forfait diario (unos 70 dólares), ascender hasta Wasserngrat, la mejor pista (y la más difícil). Para los no esquiadores, una buena opción es pasar el día en el Eagle Club, un club privado con vistas privilegiadas de la montaña. Entre sus socios se encuentran Roger Moore y Nicolás de Grecia. El club es tan exclusivo (solo se accede por invitación y cuesta unos US$50.000) que, en plena era de Instagram, no existe ninguna fotografía de su interior en internet. Un buen plan es almorzar en la terraza con una frazada de cashmere mientras lees un buen libro y tomas una copa de vino. Quién sabe, quizá te encuentres a un príncipe (o dos).

En Gstaad, el plan de après-ski es tan importante como el del día. De hecho, muchos ni siquiera suben a las pistas. El spa del Hotel Alpina está muy de moda para recuperarse del cansancio. Carolina de Mónaco aprovecha para darse un masaje o nadar en su piscina de 25 metros después de esquiar. Si lo que te gusta es el shopping, nada como admirar las tiendas del centro histórico de Saanen y la Bahnhofstrasse de Zweisimmen, pero, sobretodo, la Promenade de Gstaad, un paseo peatonal lleno de boutiques y grandes marcas internacionales que nada tienen que envidiar a la Quinta Avenida de Nueva York. También hay delicatessen y mercados que venden productos típicos de la región, como salchichas, queso alpino o carne macerada en hierbas y especias, y secada al aire. Es una delicia probarla con la mostaza Saanen, típica de la región y que se fabrica con semillas de mostaza y mosto de cereza.

Pero no todo son tiendas: también hay mucho que ver en la localidad de Saanen. La iglesia de San Nicolás de Rougemont, construida por monjes de la Orden de Cluny en el siglo XI, es una de las más bonitas de la región. En febrero de 2014, se casaron allí Andrea y Tatiana Casiraghi. También es recomendable pasear por las callejuelas sinuosas y empedradas de Saanen, o acercarse a admirar las vistas del lago Lauenen.

Insiders Only

Hay un Gstaad privado al que solo se accede por invitación y que va más allá del Eagle Club. Los hoteles son maravillosos, pero es mucho mejor conseguir una invitación a alguna de las exclusivas fiestas, como la de Valentino Garavani y su socio, Giancarlo Giammetti. Cada fin de año celebran una cena a la que invitan a unas quince personas. Entre los habituales, Anne Hathaway, Natalia Vodianova, Elton John y Madonna. Otra fiesta privada imperdible en el circuito es la ofrecida por los hermanos Boris y Tatiana Blatnik (esposa del príncipe Nicolás de Grecia), que se celebra en una cueva transformada en discoteca. Si no consigues ninguna invitación, el Gstaad Palace es el referente en Nochevieja. Mientras algunos toman copas en el lobby, los más jóvenes se divierten en GreenGo, la discoteca del hotel. Entre sus clientes se encuentran Lapo Elkann y el príncipe Harry. Lo mejor: terminar la noche con un buen plato de penne alla bolognesa. ¡Lo mejor para prevenir la resaca!

Por José María López de Letona

Publicado originalmente en Cosas Lujo n° 8, ya a la venta.