28 de junio de 2012
Mi amigo imaginario
Por: Giovanna Dioses.
¿Tu hijo pequeño habla solo y eso te asusta? ¿Tiene compañeros de juego que solo él puede ver? Los amigos imaginarios son parte del mundo de los niños y si bien no todos atraviesan por esta etapa, quienes sí lo hacen pueden desarrollar, de adultos, mejores habilidades sociales.
En la imaginación de los niños la ficción se convierte en realidad. Es por ello que un patrón común en sus horas de juego es el de asumir roles y crear situaciones, como la de un valiente superhéroe que se enfrenta a las fuerzas del mal o la de una responsable mamá que pasea en coche a su muñeca-hija. Pero en este mundo fantasioso suelen surgir también personajes con identidad propia. En “Bogus”, película dirigida por Norman Jewison, Albert es un niño de 7 años que tiene por compañero a un amigo imaginario. Curiosamente su nombre es Bogus (que en inglés significa falso), un excéntrico francés que tras la muerte de la madre de Albert aparece como por arte de magia para ayudar al niño a adaptarse a su nueva vida al lado de una tía lejana radicada en Nueva Jersey, la cual desconocía su existencia.
Si bien en la ficción resulta divertido ver a Albert jugar a los espadachines, en el mundo real el hecho de observar a un hijo jugar, reír o conversar con alguien que solo él puede ver y escuchar podría alarmar a un padre. Para la psicóloga Martha Giuntta, “los niños, desde muy pequeños, como proceso natural de su desarrollo, adquieren una serie de conductas que –si bien no se dan en todos– son comunes y normales, como el jugar solos interactuando con personas u objetos que no existen. Los entrena para relacionarse con otros y los ayuda a sociabilizar. Mejora las habilidades y capacidades del menor y se incrementan las conexiones neuronales, claro está que jugar con el amigo imaginario debe ser una de las tantas actividades que el niño realice”. Hablamos de una conducta propia en los niños de entre 3 y 7 años.
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