16 de febrero de 2012
Desde Los Ángeles, Meryl Streep
Por: Yenny Nun
Muchos pensaban que ganaría el Globo de Oro, pero ella no. Luego de una de sus actuaciones más brillantes, al interpretar a Margaret Thatcher, Meryl Streep se confesó con COSAS y habló sobre su último papel, su rol de madre y su vida como esposa.
Veinticinco nominaciones a los premios Óscar y a los Globos de Oro, dos Óscar gracias a “Kramer vs. Kramer” y “La decisión de Sophie”, caracterizaciones inolvidables en películas como “Silkwood”, “Los puentes de Madison”, “Julia y Julia”, “El diablo se viste a la moda”, “La duda”, “Mamma Mia!”, entre otras. A los 62 años, la camaleónica Meryl Streep continúa transformándose y brindando extraordinarias interpretaciones en distintos acentos, tanto de caracteres ficticios como reales.
Su último esfuerzo consistió en transformarse, en la cinta “La Dama de Hierro”, en la ex primera ministra británica Margaret Thatcher. A tal punto logró su cometido, que da la impresión de que fuera la mismísima exlíder la que aparece en la pantalla. Su inmenso talento se premió en la recién pasada ceremonia de entrega de los Globos de Oro, cuando la actriz recibió el máximo galardón de manos de Colin Firth.
Con su triunfo, Meryl Streep eliminó a Viola Davis, Tilda Swinton, Rony Mara y Glenn Close, las otras candidatas postulantes en esta categoría a la estatuilla. Hasta último momento, no era seguro si Meryl ganaría, ya que muchos apostaban por Viola Davis, excelente como la sirvienta discriminada afroamericana de los años sesenta en “Historias cruzadas”.
Meryl Streep llegó al hotel Beverly Hilton, acompañada de su esposo, el escultor Donald Gummer, cuando marchó por la alfombra roja para pasar luego al salón de baile, donde se sirvió la cena y se repartieron los premios. Actuó nuevamente como maestro de ceremonias el humorista Ricky Gervais, quien causó todo tipo de comentarios el año pasado cuando insultó a muchos actores y a otras personalidades, incluido el expresidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros.
En esta oportunidad, el cómico estuvo más mesurado, aunque tiró varios dardos que incluyeron a Madonna y a Johnny Depp. Cuando llegó el turno de la categoría Mejor Actriz Dramática, al escuchar su nombre, Streep corrió al escenario olvidando sus anteojos de lectura. “M… dejé mis gafas en la mesa”, exclamó mientras los censores de la cadena NBC rápidamente dejaban en blanco la palabra prohibida. La actriz añadió: “Tenía un discurso preparado por si acaso, con la lista de todas las personas que iba a agradecer. Ahora improvisaré y espero que no se me olvide ninguna”. Inteligente, sencilla y muy espontánea, contestó nuestras preguntas y durante los Globos de Oro, humildemente aceptó nuestras felicitaciones mientras llamaba por celular a su familia.
–¿Qué fue lo más difícil de interpretar a Margaret Thatcher?
–La parte física, ya que en casi toda la película, estoy encarnando a una mujer anciana. Como el presupuesto era muy bajo, 14 millones de dólares, trabajábamos muchas horas seguidas, no teníamos el lujo de parar o descansar. Y luego de estar parada 12 horas, me dolía todo, pensaba en Daniel Day-Lewis cuando hizo “Mi pie izquierdo” (risas).
–¿Cómo lograban que te vieras tan anciana?
–Mark Coulier es un genio, construyó las prótesis más delgadas que he visto en mi vida, eran como una especie de segunda piel. Cuando me las colocaban, estas láminas me permitían mover la cara sin ninguna dificultad. No sentía que estaba enjaulada ni nada por el estilo, lo que hizo mucho más fácil mi trabajo.
–¿Cómo te sentiste al mirarte en el espejo?
–Como yo misma. Quiero decir que todas las mujeres estudian sus arrugas. Recuerdo que cuando tenía 10 años, fruncí el ceño y conté 11 líneas, era una anciana entonces y una joven hoy. Somos las personas viejas que íbamos a ser cuando éramos jóvenes. Cuando hice “Kramer vs. Kramer”, aunque no era mamá, ya era la madre que iba a ser. Quiero decir que los eventos cambian, pero no tanto. Eres quien eres y tienes que encontrarte. Siempre he sentido empatía por las personas de edad, especialmente por las señoras de la tercera edad (risas), porque amaba a mis dos abuelitas.
–¿Cuál es tu definición de anciana?
–Una mujer sobre los 80 años; aún no estoy allí, pero dentro de unos años lo estaré.
–¿Qué opinión tenías de Margaret Thatcher? –Recuerdo 1979, cuando fue elegida primera ministra; por supuesto, mis amigos y yo apostábamos por el otro bando, no nos agradaban sus políticas. Pero tanto mis amigas como yo estábamos secretamente felices de que una mujer hubiese sido elegida líder del Reino Unido, sobre todo representando al partido Conservador, lo que parecía increíble. Debes recordar que, en esa época, no había mujeres en ningún cargo del gobierno. Era muy, muy raro, por lo que estábamos contentas, aunque no nos agradaba su visión. Pensábamos: “Si esto puede suceder en un país tan machista, homofóbico y clasista como Inglaterra, puede ocurrir en Estados Unidos”, realmente creíamos que sería una realidad elegir a una presidenta en los próximos cinco años (risas). Pero aún estamos esperando.
–¿Qué te sorprendió de ella?
–Que siendo la primera ministra del Reino Unido durante 11 o 12 años no tuviera una cocinera. Yo tengo una (risas). Dejé de cocinar hace mucho tiempo, cuando hice “La decisión de Sophie”. A Margaret Thatcher le gustaba prepararle todas las noches la cena a su esposo Denis. A veces, pedía platos preparados a Mark & Spencer; ambos siempre comían juntos. Pero algunos días, como trabajaba tanto, se olvidaba de comer, lo que a mí no me ocurre (más risas). Ella tenía una energía enorme, trabajaba hasta tarde en la noche y pedía que sus ministros la acompañaran en su departamento. Entraba su esposo y le decía: “Mujer, tienes que alimentar a estos caballeros”; entonces, Margaret iba a la cocina a prepararles algo. Esto me sorprendió, como también que en todo Downing Street solo hubiesen 60 o 70 empleados; la Casa Blanca tiene 400 empleados. Todo alrededor de Margaret Thatcher era muy personal.
–¿La describirías como una típica conservadora?
–Hoy no se la consideraría una conservadora, sobre todo en el actual clima político de EE.UU. Apoyaba el aborto, reconocía el calentamiento global, fue uno de los primeros líderes en hacerlo, y apoyaba el derecho de la mujer a escoger. Incluso una persona que trabajaba en la Casa Blanca me contó que Thatcher se sentó con el expresidente Bush padre y el vicepresidente Quayle y les dijo: “Paren esto, dejen de convertir el derecho de las mujeres en un tema cultural y político”.
–¿Y en qué falló?
–Hasta hoy, Thatcher tiene partidarios y detractores a raíz de sus políticas fiscales, cuya meta era terminar con las prácticas sociales en una Inglaterra socialista, donde todas las empresas pertenecían al Estado y eran administradas por el gobierno. Quizás el Reino Unido hubiese estado mejor hoy si hubiese adoptado el euro o tal vez no, dada la actual crisis. Pero no tocamos estos temas en la película, sino que nos concentramos en tres días al final de la vida de esta anciana y miramos hacia atrás, a algunos de sus recuerdos; no es un viaje a través de la historia que toca todos los puntos.
–¿Qué te interesó lograr con esta cinta?
–Anhelaba hacer una película acerca de nuestra mortalidad y cómo se comienza a dejar esta vida. Recién perdí a mis padres y encontré una historia que podría contar este viaje. Eso fue lo que me interesó, no hacer un documental. Esta es una visión totalmente subjetiva de Margaret Thatcher al final de su vida, mostrando cómo la aqueja la demencia senil y va disminuyendo su poder.
–¿Crees que en Gran Bretaña hoy existe cierto grado de resentimiento en tu contra porque interpretaste a un ícono inglés?
–Cuando la directora Phyllida Lloyd me trajo este proyecto, me explicó que me había elegido porque yo era una outsider y Margaret Thatcher también lo fue dentro de su mundo y dentro de su partido. Siempre estaba donde no pertenecía y donde no la querían. No es que yo me sintiera rechazada, pero sí nerviosa. Estaba rodeada de 45 de los mejores actores ingleses y todos habían realizado a fondo su tarea en cuanto a los caracteres que interpretarían. Me dieron la credibilidad que todo actor necesita para creer en sí mismo. Y se los agradezco.
–¿Crees que la ex primera ministra era una mujer sola?
–Pienso que todos los líderes lo son.
–¿Y tú te sientes sola?
–Tengo tantas amigas que no me siento sola. Estoy casada y tengo muchos hijos, me encantaría estar sola durante cinco minutos, sería fabuloso. ORGULLOSA DE SUS HIJOS –¿Te consideras una dama de hierro? –No sé. Soy muy apasionada por mi trabajo y me interesa que entiendan en qué consiste. No me gusta que malinterpreten lo que intento hacer. Margaret Thatcher tomaba una posición y se mantenía firme en ella. Yo defiendo a morir a todos los personajes como si se tratara de mi propia vida, siento que son parte de mí, por lo que no soy muy objetiva (risas).
–¿Qué rol no aceptarías?
–El de una mujer que porta un arma pesada.
–¿Cómo conociste a tu esposo?
–Era amigo de mi hermano y mi hermano le contó todo sobre mí (risas). Salimos y finalmente él me pidió matrimonio. No sabíamos si tendríamos suficiente para comer, ya que él era un artista y yo, una actriz.
–¿Eres muy estricta en tu hogar?
–Por supuesto. En todo matrimonio está el policía malo y el bueno; adivina cuál soy yo (risas). Casi siempre es así, papá es el bueno, mis hijos siempre van adonde él para conseguir algo y usan estas iniciales entre ellos: DTM (don’t tell mom), “no se lo digas a mamá”. Recién me enteré de lo que significa, aún no lo creo.
–¿Qué opinas de que dos de tus hijas estén siguiendo tus pasos?
–Todo el tiempo estoy nerviosa. Siempre estoy preocupada. Hoy fui a dejar a una de mis hijas al aeropuerto –que va rumbo a Londres– y había perdido su billetera. Espero que llegue bien. Cuando uno tiene hijos se preocupa aunque crezcan. Una de mis hijas cumplió 20 años, pero ambas necesitan aprender estas lecciones duras. Son muy talentosas.
–¿Te acostumbras a vivir con el síndrome del nido vacío?
–Es fabuloso (risas). Aunque siempre están rondando y mudándose de regreso a casa si pierden el departamento o por otro motivo. A veces llegan con todos sus amigos y no hay nada para comer. Se quedan y luego desaparecen en sus propias vidas. Se esperan tantos años pensando cómo serán cuando crezcan y en realidad son como cuando tenían 3 años.
–¿Las extrañas?
–Por supuesto, ahora estoy a la espera de los nietos.
–¿Quién te gustaría que te interpretara a ti?
–Mamie o Grace Gummer, mis hijas.