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09 de febrero de 2012

DiCaprio - `No tengo remordimientos´

Por: Yenny Nun

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Al protagonista de la cinta “Titanic” le llueve trabajo. Ahora mismo es J. Edgar Hoover en nuestra cartelera y pronto será el gran Gatsby. En esta entrevista exclusiva, revela su inmensa preocupación por el futuro de la humanidad, a raíz del calentamiento global.

A los 38 años, le llueven las ofertas, trabaja casi sin parar y se sumerge a fondo en cada una de sus caracterizaciones. En el 2011, aceptó el ofrecimiento de Clint Eastwood para interpretar al legendario exdirector del FBI, John Edgar Hoover. Luego tomó la propuesta de Baz Luhrmann, con el cual había trabajado en “Romeo y Julieta”, para protagonizar una quinta versión de “El gran Gatsby”. Y, por si fuera poco, se dio el tiempo para convertirse en el productor ejecutivo de “Secretos de estado”, filme dirigido por George Clooney y protagonizado por Ryan Gosling.

A pesar de su apretada agenda profesional, el actor ha logrado encontrar espacio para entablar romances con top models como Kristen Zang, Gisele Bündchen y Bar Rafaeli, y con Blake Lively, la actriz de “Gossip Girl”, con quien terminó hace algunos meses. No se ha casado y no le gusta hablar de su vida personal. Al ser hijo único, menciona a menudo a su madre, Irmelin, quien lo acompañó a la última ceremonia de entrega de los Globos de Oro, donde estaba nominado por “J. Edgar”.

–¿Qué sabías de Edgar Hoover antes de aceptar el papel?
–Siempre se lo ha asociado con un travesti que iba a fiestas vestido de mujer, que se maquillaba; pero, por otro lado, tenía una imagen de bulldog, sobre todo en la era de McCarthy, cuando cazaba comunistas. En las décadas del veinte y del treinta, les disparaba a los criminales y perseguía a Martin Luther King. Para mí, darle humanidad a esta imagen fue el aspecto más fascinante. Quise saber por qué vivió con su madre hasta los 40, por qué sacrificó su vida personal y por qué, cuando alguien aseveraba que él era homosexual, investigaba y atacaba a esa persona en el plano personal. El FBI era como su hijo, pero por protegerlo, vivió de forma miserable. Toda su vida consistió en proteger sus propios secretos y desentrañar los de los demás.

–¿Conversaste en persona con Lance Black, el guionista?
–Sí, y me comentó que la postura de Hoover le recordaba al gobierno de Bush. Ellos hicieron lo que pensaron que era lo mejor para el país, pero solo escucharon sus propias opiniones. Y Edgar Hoover hizo lo mismo. Él creó el FBI, un grupo de hombres vestidos con ternos oscuros, educados en la universidad, que ni bebían ni fumaban; una especie de ejército encargado de investigar todos los delitos federales en nuestro país. Hoy los directores del FBI solo pueden quedarse en sus puestos durante 10 años y esto a raíz de los abusos y la permanencia de J. Edgar como director del FBI durante casi 50 años. El poder absoluto corrompe, él no tuvo quién lo controlara.

–Parece que no fue una persona agradable…
–Bueno, mira, los mejores roles que han interpretado actores como Orson Welles en “Ciudadano Kane” o Robert de Niro en “Toro salvaje” no son personajes muy simpáticos. Lo importante no es cómo son, sino qué los motiva. Aunque no tengo empatía con J. Edgar Hoover y pienso que fue una figura trágica, sí sentí que logré entenderlo. Su única manera de recibir amor fue a través de su trabajo y por eso fue tiránico y se empeñó en mantenerse en el poder toda su vida, manipulando a todos a su alrededor, incluyendo a los presidentes de turno.

–Mencionaste la relación con su madre. ¿Encontraste algún paralelo con la forma en que te relacionas con tu mamá?
–Creo que siempre he sido un muy buen hijo (risas). ¡Oh Dios, mi relación con ella no tiene nada que ver con la que tuvo Hoover con su madre! Ella era una mamá supercontroladora que se aseguró de que su hijo elevara el apellido Hoover, que lo hiciera famoso; dándole, además, una gran fortuna a la familia. Creo que ella motivó a este joven genio a ser tan increíblemente ambicioso. J. Edgar regresaba cada noche a su casa y, consultando a su mamá, tomaba algunas de las decisiones más importantes para proteger a Estados Unidos. Su madre lo definió y creo que él acarreó su fantasma hasta que murió. De ahí le vino lo rígido e inflexible.

–En una parte del filme te conviertes en un anciano. ¿Qué sentías cuando te mirabas al espejo?
–Creo que vi a mi abuelita (risas). El desafío más grande fue hacer una escena con un joven Robert Kennedy y hablarle con mi experiencia de 50 años. El maquillaje era muy claustrofóbico, sobre mi cara pegaban alrededor de cien pedazos distintos. Sean Green, mi maquillador, realizó un trabajo espectacular. Me colocaron piezas debajo del terno para que pareciera más obeso y esto me dio una sensación mayor de claustrofobia, sobre todo al final de la película, hasta el punto de que quería sacarme el maquillaje con mis propias manos.

–¿Cómo describirías la dirección de Clint Eastwood?
–Es un director único, ya que limita el tiempo de ensayos. Como actor, te permite hacer solo la cantidad de ensayos que crees que necesitas. Haces tu propia investigación y cuando llegas al set, ya eres el personaje. Él te permite ser el dueño de ese personaje, por lo que el ritmo de rodaje es increíblemente rápido. Trabaja siempre con el mismo grupo de personas y te mira con esos ojos de acero penetrantes, te traspasa con la mirada, y sientes que él es el barómetro de la verdad. Clint confía en su propio instinto, no tiene mucha gente rodeándolo, nadie que le dé una segunda opinión. Cree o no en lo que haces, y te da información muy directa y precisa de lo que desea cambiar.

–¿Qué consejo te dio?
–Me dijo algo muy interesante. Estaba hablando acerca de su mujer y dijo: “Puedes amar a muchas mujeres, pero además te deben gustar. A mí me gusta mi esposa, por eso estoy con esa mujer”. Me fascinaron sus palabras. “SOY MUY AMBICIOSO”

–No hablas mucho de tu vida privada…*
–Es obvio, menciónalo. Mientras más sabe la gente cómo eres, desaparece el misterio del artista y es más difícil para el público creer que esa persona está interpretando a otro personaje.

Lee la entrevista completa en la edición impresa.

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