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12 de enero de 2012

Julio Iglesias: Sigue siendo el rey Leyenda

Por: Gabriel Gargurevich Pazos

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Después de haberse presentado ante más de sesenta millones de personas en todo el mundo y con un patrimonio estimado en cinco mil doscientos millones de dólares, el más grande de la música romántica en nuestro idioma regresa con una nueva producción: “Número uno”. Conversar con él puede ser una aventura de alto riesgo no exenta de cinismo, humor y desfachatez. El cantante español regresa este año con un disco de grandes éxitos, con temas regrabados con sonido actual, pero sin perder el estilo de siempre.

Aunque Youtube esté a punto de cumplir seis años en el ciberespacio, no deja de sorprender. Ahí, se lo ve jovencito, mostrando una sonrisa fulgurante. Es 1968 y está cantando su primer éxito, “La vida sigue igual”. En el video, el cantante tiene encandilado a todo el auditorio; un niño lo mira con admiración, una rubia lo devora con los ojos, una chica apoya la cabeza en el hombro de su novio, y todo parece un comercial donde se promocionan las buenas costumbres y el amor en su estado más puro y noble. Ahí, su voz es pequeña y frágil.

Pero estamos en el 2012 y las cosas han cambiado. Obtuvo un récord Guinness y un Disco de Diamante por vender más de 300 millones de copias; ha cantado para sesenta millones de personas y, según el libro “Riquísimos”, del periodista Jesús Salgado, cuenta con un patrimonio estimado en cinco mil doscientos millones de dólares. Excepcionalmente, la entrevista se ha pactado por teléfono. Al levantar el auricular, a las cuatro de la tarde en punto, una subida de adrenalina se apodera de mi cuerpo y empiezo a sudar frío. Ese será mi estado de ánimo durante toda la entrevista, que empieza así:

–Gabriel, cuéntame –empieza Julio, un tanto atolondrado y con la voz parecida a la de Joaquín Sabina, por lo cavernosa.
–¿Hablo con Julio Iglesias? –respondo.
–Con quién quieres hablar, ¿con Sinatra? Dime que te pongo a cualquiera en el teléfono…
–Lo que quiero saber es con quién hablo ahora…
–Hablas con Julio –confirma el cantante, un tanto exasperado–: ¡Coño! ¡Qué acento tienes!
–Julio, qué gusto escucharte. Me dicen acá en la oficina: “Cómo te envidio, Gabriel”. Para mí es un honor hablar contigo… –le digo mientras el cantante hace un ruido con la boca como diciendo “sí, claro, ¡qué va!”.
–¿Dónde nació tu papá? –me interroga.
–En Lima… –Tú debes de tener raza judía, por tu apellido, ¿dónde nació tu abuelo? –siento que estoy ante un oficial de la Gestapo.
–También en Lima, pero mi bisabuelo nació en Dalmacia, Croacia; de ahí me viene el apellido.
–De ahí te viene el apellido, sí… –comenta con desgano, como si yo hubiera dicho una estupidez. Luego, sale del breve letargo–. ¡Cuéntame, cuéntame! ¿De qué quieres hablar?
–Vas a sacar un nuevo disco en el que hay canciones que ya grabaste antes. Lo que me llamó la atención fue una declaración tuya en la que dices que este disco “surge del deseo de cantar mejor”. ¿Qué significa cantar mejor para ti?
–No se trata de eso, flaco… ¿Cuántos años tienes?
–35 años.
–Cuándo tú nacías, yo estaba cantando a tu papá y a tu mamá “La vida sigue igual”. He aprendido a cantar, a vivir… ¡He aprendido a ser mejor! Tengo muchos defectos, por supuesto, pero he aprendido a aprender; algo importante en la vida. Entonces, he vuelto a grabar todo lo que pensé que había cantado mal, ¡y lo he cantado mucho mejor!
–Qué maravilla. Te felicito.
–No, no me felicites. Tú lo único que tienes que decir es “¡coño, estoy hablando con Julio y está vivo!”.

Lee la entrevista completa en la edición impresa.

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