12 de julio de 2012
Mariana Tschudi - Abriendo puertas de luz
Por: Diego Trelles Paz.
La videoartista Mariana Tschudi recrea el funcionamiento de la ayahuasca en el cerebro humano con una instalación interactiva. Ciencia y arte unidos para ofrecer al espectador una experiencia que le puede cambiar la vida.
Gritas. Lloras. Te mueres de miedo. Tomas confianza. Te reconfortas. Oyes –a lo cerca, a lo lejos– el rezo cantado del chamán que te cuida, que vela tu viaje en la ceremonia curativa. Las visiones espectrales son aterradoras y armónicas, luminosas y oscuras, algo que nace y que muere y que vuelve a nacer. Y puedes sentir alivio y puedes sentir pánico y puedes sentir, por primera vez, que hay una inmensidad espiritual –intangible, energética– que te rodea y absorbe y cuestiona y purifica. Puedes, incluso, no sentir nada, solo un mareo constante y esa nausea que trepa lentamente por tu garganta y la frustración de creer que no estás preparado para enfrentarte a ti mismo sin la armadura de tu ego. Es un experiencia desgarradora. De amor.

Para Mariana Tschudi –artista visual peruana de apellido suizo, que se especializa en el videoarte, la animación y el documental–, la experiencia con la ayahuasca no ha sido fácil. De hecho, fue “dificilísima”. “El proceso me ha cacheteado, pero también me ha dado regalos. Siendo persistente se me han abierto puertas”, explica abriendo reflexivamente sus inquietantes ojos verdes. “Más allá de la cantidad de ayahuasca que beba, el efecto en mí siempre es sutil, pero estamos aprendiendo a bailar juntos”, escribe en el blog que administra para su proyecto de tesis en Arte Digital por la Camberwell College of Arts de Londres (marianatschudi.wordpress.com).
Ese baile conflictivo que experimentó con la ayahuasca la condujo hacia una búsqueda personal de la cual surgió una original y arriesgada propuesta artística, cuyo nombre, “A veces me dan ganas de nacionalizarme culebra”, proviene de una cita de “Las tres mitades de Ino Moxo y otros brujos de la Amazonía” (1981), novela del poeta César Calvo en la cual hay travesías interiores y visiones alucinadas generadas por la experiencia con la planta visionaria.

La idea de Mariana era imitar, a través de la conjugación interactiva de video, música y animación, la manera impredecible como se presentan las visiones en un viaje de ayahuasca. Para ello, ella y su esposo, el ingeniero biomédico Juan Manuel Benavides, idearon un sistema tecnológico en el que se conjugan armónicamente la ciencia y el arte: un dispositivo con forma de auricular que, a través de electrodos, mide la corriente eléctrica que se proyecta en la corteza del cerebro humano ante cualquier estímulo. De esta manera, son las ondas cerebrales del espectador, fluctuando entre la atención y el relajamiento, las que determinan el orden de los trece videos que Mariana ha creado.
Estos videos muestran escenas en las que se intercalan árboles y corazones palpitantes, figuras humanas deformadas, tigres convertidos en sapos, mares y desiertos invadidos por cuerpos luminosos, y la llamada soga de los muertos, que permite que el espíritu del viajante abandone su cuerpo sin morir, todos ellos arrullados por el canto susurrado de un chamán.
La filmación, animación y posproducción de estas piezas fueron consecuencia del arduo trabajo de la artista sobre la base de una muestra en la que calibró la experiencia de un grupo de personas que ya habían realizado más de un viaje. El objetivo de Mariana era “que el flujo de las escenas dependa del cuerpo del espectador. No de su visión racional, sino de la libre lectura de sus emociones, de ese estado mental azaroso del cual ni siquiera es consciente”.
Parece película de Cronenberg, pero no lo es tanto si pensamos que ese dispositivo, conocido en Estados Unidos y Europa como MindSet, se hace cada vez más popular, y no solo entre los científicos. “El aparato capta la actividad de tu mente, la amplifica y digitaliza a través del Blue Tooth. Antes eran costosos y complejos. Ahora son simplísimos y las compañías como NeuroSky los comercializan a un costo relativamente barato. Este, por ejemplo, cuesta 200 dólares, pero hay de 100. Normalmente te vienen con videojuegos en los que puedes mover o hacer estallar objetos virtuales con la mente. Yo lo usé para diseñar este proyecto, pero uno lo puede usar para adaptarlo al programa que quiera”, señala Juan Manuel. Cuando le pregunto si acompañó a Mariana durante las dieciséis sesiones de ayahuasca que ha hecho con distintos chamanes, tanto en la ciudad como en el corazón de la selva, me dice sonriendo que solo a dos o tres.
La historia completa en la edición 497.