Para Meche Correa, el desarrollo de su carrera es inseparable del de su vida familiar. A mediados de los años ochenta, cuando comenzaba a asentar los cimientos de su marca, casi toda su familia debió mudarse a Houston (Estados Unidos) debido a la inseguridad que se vivía en el Perú. “Explotaban coches bomba por aquí y por allá, y mi hermana, que estaba casada con un estadounidense, se llevó a mis dos padres a vivir con ella en Houston. Luego, me planteó la posibilidad de que también fueran mis dos hijos: Ali e Hiran, quienes entonces eran unos niños”.

La separación fue dolorosa: Meche debía quedarse en el Perú, seguir redescubriendo y poniendo en valor las maravillas de nuestro arte popular, mientras sus hijos crecían en un país extranjero.

“Fui mamá a los veintiún años. La verdad, no hubiera podido desarrollar mi carrera a plenitud sin la ayuda de mi esposo y mis padres, que me apoyaron incondicionalmente”, cuenta Meche.

El apoyo de mis padres fue fundamental para poder desarrollarme profesionalmente y que mis hijos se formaran bien. Ellos, prácticamente, los habían criado acá en Lima, y lo siguieron haciendo en Estados Unidos. Durante muchos años yo estuve yendo y viniendo, y no exagero al decir que, cada vez que los dejaba allá, lloraba en el avión durante todo el vuelo de regreso”, recuerda Meche.

Elena, madre de Meche, quien asumió la crianza de sus nietos mientras Meche vivía con un pie en Lima y el otro, en Houston.

ENTENDER EL PERÚ

Ella estaba convencida de que tenía en sus manos una “misión hermosa”, que no debía detener por nada. “Mi hermana me decía: ‘Lo mismo que haces allá puedes hacerlo acá, en Estados Unidos’. Pero no era cierto. Yo necesitaba esa conexión con el Perú profundo, que es el corazón y la columna vertebral de Meche Correa”, señala la diseñadora.

Han pasado veinticinco años desde que Meche inició esta cruzada personal con el objetivo de revalorar el diseño peruano, y, ahora, sus hijos también se desarrollan en el mundo del arte.

Hiran y Ali, los dos hijos de Meche, cuando eran pequeños.

A diferencia de Meche, que es autodidacta, Hiran ha decidido tomar el camino académico y está a punto de terminar sus estudios de Artes Plásticas en la Glassell School of Art, en Houston. Él se encarga de la gestión de la marca Meche Correa, y está a cargo de las relaciones públicas en Estados Unidos. “Muy pronto, va a presentar algo que va a dar mucho que hablar”, anuncia Meche.

Ali, por su parte, estudió Fotografía y su historia se aproxima más a la de Meche.

LOS DIBUJOS DE ALI

Principios de los años ochenta. En uno de sus recuerdos más lejanos, Ali Rapp está sentada en la enorme mesa de la casa que sus padres tenían en Córpac. Al lado, su madre trabaja en el diseño de un vestido de colores vivaces y motivos peruanos. Más allá, enredada en la espesa niebla de la memoria infantil, su abuela teje a crochet. Ella, Ali, una niña de tres o cuatro años, se entrega al juego premonitorio de imitar a sus mayores y cose prendas para sus muñecas.

Casi treinta años después, hace apenas tres semanas, Ali Rapp ha lanzado su marca homónima en el mercado asiático, donde su colaboración con la destacada diseñadora Anna Sui tuvo una gran acogida durante varios años. Ella reconoce que fue Meche quien la impulsó a retomar los dibujos que, durante toda su vida, habían sido su principal medio de expresión, y a ponerlos sobre prendas y accesorios que en Hong Kong y Japón han sido muy demandados.

Ali Rapp, también diseñadora, junto a su hijo Álex, que hoy tiene diecinueve años.

A mi madre y a mí nos une el amor por nuestros diseños, el hecho de que cada uno de ellos nos sale desde el fondo del alma”, cuenta Ali, quien vive en Houston, pero realiza toda su producción en el Perú.

Ali atravesaba uno de los momentos más difíciles de su vida cuando Meche mandó imprimir los dibujos que su hija siempre había hecho en las cartas que le enviaba y que Meche encontraba hermosos. “A las pocas semanas, mi hija ya estaba tocando puertas en Nueva York, hasta que se abrió la de una de nuestras diseñadoras más admiradas: Anna Sui”, narra Meche.

LA ABUELA

Hayden, nieto de Meche y también hijo de Hiran; actualmente tiene dieciocho años.

Hoy, Meche tiene tres nietos: Alex Rapp (diecinueve años), hijo de Ali, y Hayden (dieciocho años) y Hauden Elena Correa (diez años), hijos de Hiran. “Soy una abuela insoportable”, bromea Meche. “Alex y Hayden son casi de la misma edad, y cuando eran pequeñitos me los traía a Lima cada vez que podía. Ahora, cada vez que voy a verlos, los apachurro hasta más no poder… Un poco más y me revuelco con ellos”.

Hauden Elena, su nieta menor e hija de Hiran. Según Meche, es la que ha heredado la vena artística.

Sin embargo, Meche asegura que Hauden Elena, la más pequeña, es la que ha heredado la vena artística. “La veo y me veo a mí cuando era chiquita. Tiene una creatividad innata”, finaliza, sin disimular el orgullo que siente por sus nietos.

Por Renato Velásquez

Publicado originalmente en Cosas 616