Tras quince años de trayectoria, la reconocida diseñadora floral nos revela su filosofía estética y el proceso detrás de sus icónicos bouquets. En entrevista para COSAS, Murguía explica cómo ha logrado transformar el diseño floral en una extensión de la personalidad de cada novia.

Por: Alessia Carboni 

Para Lorena Murguía, la floristería no es un oficio de repetición, sino un ejercicio de interpretación. Lo que comenzó hace quince años como una colaboración cercana con su hija, Talia Berckemeyer, en la creación de arreglos para su boutique, terminó convirtiéndose en una búsqueda personal que la llevó a las aulas de The Flower School en Nueva York. Hoy, su trabajo se ha vuelto una referencia en el universo nupcial, acompañando celebraciones de figuras como Vivi Wu, Carolina Braedt, Maple Sam y Tana Rendón.

Para Lorena Murguía, crear bouquets no es replicar fórmulas, sino traducir historias personales en flores.

La exclusividad nace en la raíz

El diferencial de Murguía no solo reside en su técnica, sino en el origen de su materia prima. La diseñadora cuenta con una granja en Cañete, un espacio que ella misma describe como un “laboratorio” personal. “Ahí sembramos flores que no crecen en esta zona”, explica Lorena, subrayando que estas variedades poco comunes son las que luego incorpora en sus eventos y bouquets para elevar la propuesta visual.

Lorena navega con soltura entre lo clásico y lo contemporáneo.

Para ella, el bouquet es, sin duda, el accesorio más importante después del vestido. Por ello, huye de la producción en serie. “Cada novia es diferente, especial, tiene una historia y quiere proyectar algo el día de su boda”, afirma. Su compromiso con la autenticidad es tal que aplica una regla personal infalible a cada una de sus creaciones: “Cada bouquet que hago es uno que yo misma usaría”.

Murguía no se limita solo a los bouquets, sino que también destaca por su expertise en eventos de gran escala.

El proceso creativo

La creación de estas piezas no empieza en el taller, sino en una entrevista personal con la novia. Para Lorena, conocer la personalidad, ver el vestido y entender el estilo de quien lo llevará es indispensable. “Mi objetivo es crear algo que ella se sienta orgullosa de llevar”, comenta.

Su estilo, que ella misma define como orgánico, busca imitar la forma en que crecen las flores en la naturaleza. “Es como si las flores hubieran sido recogidas directamente de un jardín”, explica. En sus ramos y copones, cada elemento cumple una función específica: hay una flor protagonista que capta la atención, otras que acompañan y un follaje que aporta movimiento. Con esta combinación logra que el arreglo no se vea estático, sino que tenga dinamismo y guíe la mirada a través de la composición.

Este mismo criterio de diseño lo aplica también en eventos de gran escala. No se trata solo de hacer arreglos más grandes, sino de pensar cómo las flores interactúan con el lugar, cómo llenan el espacio y cómo acompañan la circulación de las personas, transformando por completo el ambiente. Parte de estos trabajos puede verse documentada en las imágenes que comparte en su página web lhflowerstudio, donde registra distintos montajes y composiciones realizadas en eventos.

Variedades inusuales y una mirada artística propia hacen de sus bouquets piezas irrepetibles.

Entre lo clásico y la vanguardia

Aunque su paleta predilecta transita entre los tonos pasteles como el amarillo, el rosado y el melón, Lorena posee la versatilidad necesaria para adaptarse a entornos de gran tradición. Es el caso de su trabajo constante con el Club Nacional, donde las novias suelen inclinarse por la sobriedad del blanco. “Creo que es importante convivir con lo clásico, atreverse a lo nuevo y, al mismo tiempo, mantener la esencia personal”, reflexiona.

Cada bouquet que sale de las manos de Lorena Murguía tiene un principio claro: no hay dos iguales.

El legado de Lorena Murguía radica en esa capacidad única de capturar la esencia de cada novia a través de sus creaciones florales, fusionando su visión orgánica y auténtica con los deseos y narrativas personales de quienes confían en ella.

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