Una colaboración que cruza fronteras marca el nuevo paso en la carrera de la artista peruana. Junto a la banda venezolana Bacanos, Atina da vida a “Eres Mi Vida”, una canción que refuerza su identidad musical y su conexión emocional con el público. Con formación en The New School y Berklee College of Music, su recorrido —del pop en inglés al pop urbano— se refleja en una propuesta honesta y en constante exploración, consolidada previamente con su álbum debut Curita Pa’l Cora. 

Por Micaela Simón

Atina no llegó a la música persiguiendo una idea de futuro. La música apareció antes de que existiera la pregunta. A los cuatro años ya sostenía un violín, después vino el piano y, a los trece, la guitarra, casi por accidente, al meterse a una escuela de rock durante los veranos en Santa María del Mar. Hoy, con 23 años, acaba de lanzar el sencillo “Eres Mi Vida”, una colaboración con la banda venezolana Bacanos, y el recorrido hasta ese punto no fue lineal ni apurado.  

Su propuesta combina pop contemporáneo y elementos urbanos desde una mirada personal y en constante evolución.

Durante mucho tiempo, Atina pensó la música como algo que podía convivir con “otra cosa”. Ese plan doble, tan común, de seguir el deseo sin soltar del todo la seguridad. El quiebre no llegó en un escenario ni frente a un público, sino en un espacio íntimo y silencioso. 

Su primer amor y el consuelo en la música 

Tenía catorce años, estaba sentada al borde de su cama y atravesaba una de esas crisis que, a esa edad, se sienten definitivas: el primer desamor. “Me estaba yendo mal con el primer chico que me gustaba y empezó a venirme una letra con su melodía”, recuerda. De ese momento nació Smile Again”, su primera canción, una balada en inglés que escribió sin pensarla como debut ni como proyecto sino como desahogo.

Ahí empecé a interesarme más en la música, no como algo que estudio, sino como algo que necesito”, explica. Aun así, la decisión de dedicarse por completo tardó en llegar. Hasta que hubo que decirlo en voz alta, frente a sus padres. “No es un capricho ni algo que va y viene. Es mi vida. Yo no lo busqué, me llegó”, repite. 

“Estudiar música no es cantar, es aprender a escuchar”  

Estudiar música tampoco confirmó la imagen romántica que tenía. La desarmó, “pensé que estudiar música era eso y ya, pero era otro mundo: teoría, lectura, escritura… como aprender un nuevo idioma, casi como matemática”, dice. 

Pasó por The New School en Nueva York y luego por Berklee College of Music en Boston.“Lo que más me marcó en Berklee no fue lo que aprendí, sino la gente que conocí. Fue la primera vez que sentí: este es mi grupo”.  

Atina concibe cada lanzamiento como una pieza dentro de un relato mayor, donde la emoción y la intención pesan más que la fórmula.

Atina se define como una persona sensible, y durante mucho tiempo esa sensibilidad la hizo sentirse fuera de lugar. En su etapa universitaria, rodeada de otros músicos como ella, dejó de ser un problema: “me sentí bienvenida desde el inicio. Sentí que encajé, que estaba con gente que siente y piensa parecido”. 

Su carrera, llamada Pro Music, le permitió desarrollarse en la rama de Music Business & Performance. Hoy, esa carrera está en pausa, mientras se enfoca de lleno en su proyecto musical. 

Una identidad en movimiento 

La identidad sonora de Atina nunca se construyó desde una elección rígida de género: “yo veo las canciones no por su género sino por las historias que cuentan”, dice. 

Por eso, su recorrido incluye soft pop en inglés, merengue, bachata y distintas exploraciones que responden más a la curiosidad que a una lógica de mercado. Ese movimiento constante la llevó, casi sin buscarlo, al pop urbano. “El urbano tiene muchas puertas abiertas. No es solo un ritmo. Permite fusiones, moverse, lo latino. Ahí siento que encajo”. 

Dentro de ese universo, hay una canción suya que funciona como espejo: “¿Qué Tengo Que Hacer?”, de su último álbum Curita Pa’l Cora, “es la que más disfruto cantar. En el escenario me permite moverme, bailar a mi manera, no estar encasillada en una coreografía fija”, agrega.  

“Para mí, una canción cobra sentido cuando acompaña a alguien, aunque sea por un momento».

Esa coherencia también atraviesa su colaboración con Bacanos, “son demasiado buena onda, muy humanos, nada de artistas intocables”, dice. La conexión fue inmediata. Esa misma noche, después de la primera reunión, volvió a su estudio y escribió la maqueta de la canción. No desde su propia vida amorosa sino desde la historia de Taco, el vocalista, y su vínculo con su familia. “Me inspiré en su vida”, cuenta. 

La canción se terminó de construir junto al productor Luis Farías y el resultado fue Eres Mi Vida, una pieza de Latin Pop romántica que dialoga con el pasado sin quedarse ahí. “Quise ir a ese sonido de canciones como Te doy mi Amor o Sin Querer, que te generan nostalgia, pero traerlo al presente. Yo soy como ese puente de modernidad”, explica. 

Cuando Atina piensa en lo verdaderamente importante de su carrera, no habla de escenarios ni de hitos visibles: “Una vez la mamá de una amiga me dijo que escuchaba mis canciones en la ducha y para mí eso fue todo. Pensé: mi música está ahí, acompañando un momento cotidiano, íntimo. No es un show, no es un escenario, es parte de la vida de alguien. Y ahí siento que mi propósito se cumple, porque al final lo único que quiero con mis canciones es acompañar, hacer sentir menos sola a la gente, curar corazones”.

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