En una entrevista con COSAS, la artista peruana explica cómo transforma el icónico Palacio de Cristal del Parque del Retiro en Madrid mediante una intervención inspirada en los textiles funerarios de la cultura Paracas

Por Alessia Carboni  Foto: Archivo fotográfico del Museo Reina Sofía

El emblemático Palacio de Cristal de Madrid ha dejado de ser, temporalmente, un espacio de transparencia absoluta. La artista peruana Andrea Canepa ha envuelto la histórica estructura del siglo XIX con su intervención monumental “Fardo”, una obra que convierte las lonas de protección de la actual restauración del edificio en un relato visual inspirado en la cultura Paracas.

Manuel Segade, director del Museo Reina Sofía, y Andrea Canepa

El proyecto —que permanecerá instalado hasta enero de 2027— surge como una solución creativa ante la necesidad de cerrar el edificio por una profunda rehabilitación estructural. “Al director del museo se le ocurrió que, ya que el palacio iba a estar cubierto, esa cubierta podía convertirse en una obra de arte”, explica Canepa sobre el origen del encargo.

La artista es la segunda invitada de un ciclo de tres creadores que intervendrán el edificio durante los años que durarán las obras. El desafío conectó de forma directa con su investigación As we dwell in the fold, presentada en el MSU Broad Museum de Michigan.

En este proyecto, la artista analiza cómo los rituales precolombinos envolvían a sus muertos en múltiples capas de textiles extraordinarios: piezas de gran belleza que, tras un minucioso trabajo, quedaban resguardadas para siempre dentro del fardo, acompañando al difunto en su transición hacia un plano que en la visión andina sigue siendo un espacio lleno de vida.

En la cultura Paracas, cada capa textil no solo envolvía el cuerpo, sino que lo transmutaba en un ancestro sagrado.

La reivindicación de lo opaco

La propuesta establece un diálogo entre el pasado colonial del edificio y el sistema de creencias andino. El Palacio de Cristal, construido originalmente para exhibir las posesiones coloniales que España aún mantenía bajo una estética de transparencia total, se ve ahora confrontado por la «opacidad» del fardo.

Canepa ha presentado previamente exposiciones en museos internacionales como el MSU Broad y la Galería Rosa Santos.

“Me interesaba contraponer ese valor de lo opaco —de lo que da intimidad al cuerpo— con un edificio hecho de vidrio y pensado históricamente para mostrarlo todo”, señala la artista.

Para Canepa, traer este ritual a Madrid también implica cuestionar la ambición moderna por desentrañar cada secreto. Advierte que esa actitud de “querer entenderlo todo” ha implicado con frecuencia la destrucción de costumbres ajenas y la desacralización de lo sagrado. “Hay conocimientos que no están pensados para todos; el hecho de que estén reservados dentro del ritual es lo que los convierte en sagrados”, afirma.

Un recorrido en capas

Visualmente, la obra funciona como un praxinoscopio contemporáneo. Desde la fachada frontal, el visitante observa un fardo completamente cerrado. Sin embargo, al rodear el edificio, las telas parecen desplegarse en una secuencia cíclica.

El edificio se convierte en un relato cíclico de capas que se despliegan.

Canepa describe cómo las capas de vendajes se van deshaciendo hasta llegar a una última capa de gasa, aunque aclara que “nunca se llega a la transparencia total; siempre hay una capa más que impide ver del todo”. Al completar el recorrido, el fardo vuelve a cerrarse y reinicia el bucle.

De la miniatura a la escala monumental

El proceso fue tan veloz como meticuloso. Tras el primer contacto en mayo y la confirmación en junio, la artista entregó los artes finales en octubre. El trabajo comenzó en pequeño formato, fotografiando secuencias que luego se tradujeron en pinturas al óleo, capturadas en altísima resolución e impresas en las lonas gigantes.

“Es un proyecto un poco ‘ciego’; no ves el resultado hasta el día del montaje”, confiesa. Acostumbrada a circuitos artísticos más íntimos, reconoce el impacto de intervenir un ícono de Madrid con una visibilidad que supera ampliamente sus trabajos anteriores.

La instalación se sitúa en el icónico Parque del Retiro, uno de los espacios más representativos de Madrid.

En un plano más profundo, la obra dialoga con las formas ancestrales de hacer, como los complejos textiles Paracas, cuya riqueza fue históricamente ignorada o desplazada. Para Andrea Canepa, envolver el palacio es una forma de devolverle sacralidad a lo que no debe ser expuesto: “Hoy, en medio de múltiples crisis, empezamos a darnos cuenta de cuánto valían estas tradiciones, y está bien recordarlo”, concluye, invitando al espectador a valorar el misterio que reside en lo reservado.

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