Menos focos impersonales y más piezas con carácter. La iluminación deja de ser un recurso técnico para convertirse en un gesto de diseño que define ambientes, estados de ánimo y formas de habitar la casa.
Por: María Jesús Sarca
Si estás pensando en renovar tu casa, o simplemente en darle un giro, seguro tienes en mente colores de pared, muebles, textiles y algún objeto fetiche. Pero hay un elemento que suele quedar relegado hasta el final y que, paradójicamente, lo cambia todo: la luz. Porque no importa cuán bien elegido esté un sofá o cuán espectacular sea un revestimiento, si la iluminación no acompaña. En 2026, los interioristas coinciden en algo claro: iluminar bien ya no es iluminar más, sino iluminar mejor.
La tendencia general apunta a abandonar la luz plana y uniforme para apostar por atmósferas construidas en capas, con piezas que dialogan entre sí y cumplen funciones distintas a lo largo del día. “Hoy tratamos las luminarias casi como joyas dentro del espacio”, explica Katie McPherson, directora asociada de Meyer Davis. Especialmente en zonas donde pasamos más tiempo —cocinas, dormitorios, áreas sociales—, las lámparas colgantes esculturales, las combinaciones interesantes de pies y pantallas y la iluminación con un guiño artístico se vuelven protagonistas.
La clave está en la flexibilidad. Crear esquemas que puedan pasar de una luz funcional y brillante a otra más suave e íntima, simplemente regulando intensidades o encendiendo distintas fuentes. Para eso, los reguladores y las luminarias a diferentes alturas ya no son un lujo: son casi obligatorios.

Una lámpara de araña de cristal de Murano color ámbar preside esta sala familiar de Dallas diseñada por Jan Showers.
Adiós al foco único (y al techo como única respuesta)
Durante años, la iluminación empotrada fue sinónimo de modernidad. Hoy, depender exclusivamente de ella empieza a verse anticuado. “Cada vez más personas entienden que la luz de techo no debería ser la única fuente de iluminación”, señala DuVäl Reynolds, fundador de DuVäl Design. En lugar de un gran gesto dominante, el 2026 apuesta por la superposición: apliques, lámparas de mesa, lámparas de pie, colgantes e incluso luces para cuadros.
El resultado son espacios más cálidos, con profundidad y personalidad. Además, esta forma de iluminar permite que una misma habitación se adapte a distintos momentos del día y usos. Sarah Broughton, cofundadora de Rowland+Broughton, lo resume así: “Se trata menos de una sola luminaria impactante y más de recrear la sensación de la luz natural a través de capas”. Luz difusa para paredes y techos, y puntos más focalizados para leer, cocinar o destacar una obra de arte.

La casa de Gregg Irby en Atlanta cuenta con numerosos ejemplos de pantallas de lámparas de tela de colores, incluso en el acogedor estudio.
La lámpara como joya
Eso no significa llenar la casa de lámparas sin criterio. Al contrario: una de las tendencias más fuertes es elegir pocas piezas, pero con carácter. Bethany Gale, diseñadora de interiores en Stonehill Taylor, habla de un renovado interés por tratar la iluminación como si fuera joyería. Lámparas colgantes de cristal, inspiradas en el vidrio veneciano o de Murano, se convierten en puntos focales, mientras el resto del esquema las acompaña con discreción.
Combinarlas con pantallas de tela suave ayuda a equilibrar el conjunto. El efecto es inmediato: espacios que pueden pasar de ser prácticos y luminosos a íntimos y atmosféricos en cuestión de segundos. Además, las paletas cálidas y los contrastes bajos favorecen no solo al ambiente, sino también a quienes lo habitan. Algo que el diseño hotelero lleva años demostrando.

La diseñadora Meredith Ellis utilizó apliques, lámparas de mesa e iluminación de trabajo en esta sala de estar de Manhattan.
Pantallas con personalidad
Las pantallas clásicas no desaparecen, pero en 2026 se atreven a algo más. Colores, patrones sutiles, rayas, flores pequeñas o estampados gráficos empiezan a ganar terreno. Para Reynolds, las pantallas se convierten en una excusa perfecta para introducir un gesto lúdico o un detalle personalizado en una luminaria que antes era meramente funcional.
El secreto está en el equilibrio: una pantalla llamativa puede transformar por completo una lámpara sencilla y aportar carácter sin sobrecargar el espacio.

Una lámpara de araña vintage de hojas de latón de Tommaso Barbi deja una impresión audaz en esta cocina diseñada por Alex Papachristidis.
Luz blanca que se adapta a ti
Otra gran protagonista es la iluminación blanca modulable. Poder cambiar la temperatura de la luz a lo largo del día ya no es solo una cuestión de confort, sino de bienestar. “La iluminación adaptativa se ha vuelto esencial”, afirma Feldman. Pasar de una luz más fría y activa durante el día a tonos cálidos al caer la noche ayuda a acompañar el ritmo circadiano y a crear ambientes más amables.
En 2026, la iluminación deja de ser un detalle técnico y se consolida como una herramienta de diseño emocional. Porque, al final, una casa bien iluminada no solo se ve mejor: se vive mejor.
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