La artista enfrenta acusaciones de «activismo performativo» tras defender a los migrantes en los Grammy 2026, mientras su mansión en California se ubica en territorio ancestral no reconocido.

Por: Redacción COSAS

Lo que empezó como un mensaje político fuerte en la 68ª edición de los Premios Grammy se ha convertido en un dilema para Billie Eilish. Tras recibir el premio a Canción del Año por Wildflower, la joven de 24 años dijo ante la audiencia: “Nadie es ilegal en tierra robada” en alusión a las políticas migratorias del ICE.

El lema «ICE Out» dominó la gala, pero el discurso de Eilish sobre tierras robadas terminó volviéndose en su contra por su propia residencia.

Sin embargo, sus palabras, pensadas para criticar estas políticas, no tuvieron el efecto esperado en todos lados. La tribu Tongva, pueblo originario de la región de Los Ángeles, ha señalado que la mansión de la cantante en Glendale se encuentra justamente en tierras que pertenecieron a su comunidad, lo que ha generado un debate sobre la coherencia entre lo que se dice públicamente y lo que se hace en la vida real.

Entre el aplauso y la contradicción

El comentario de Eilish no fue lo único político esa noche. La gala del pasado 1 de febrero también vio a artistas como Bad Bunny y Kehlani luciendo pines con el lema “ICE Out” y haciendo referencia a temas migratorios en sus discursos, mostrando que varios artistas aprovecharon el escenario para hablar sobre la situación de inmigrantes.

Valuada en 3 millones de dólares, la mansión de Eilish en Glendale se sitúa sobre suelo ancestral Tongva, detonando un intenso debate sobre justicia territorial.

Pero el reclamo de los Tongva —también conocidos como los “Primeros Angelinos”— ha cambiado el enfoque de la discusión de la política migratoria a la justicia para los pueblos originarios. Un portavoz de la comunidad dijo a medios internacionales que, aunque agradecen que Eilish mencione la historia del despojo de tierras en Estados Unidos, ella no ha intentado comunicarse con ellos ni ha respondido a sus solicitudes de reconocimiento directo.

Mientras la cantante de Happier Than Ever hablaba sobre la criminalización de inmigrantes desde el escenario, en redes sociales se volvió viral la ubicación de su casa, valorada en unos 3 millones de dólares. Para críticos como Eric Daugherty y comentaristas de Sky News, esto muestra una “doble moral de la élite”: dicen que el activismo de Eilish se queda en lo simbólico si no hay acciones reales que acompañen sus palabras.

El pueblo Tongva pide que su activismo pase de las palabras al reconocimiento explícito de las comunidades despojadas en Los Ángeles

Un conflicto de raíces profundas

Los Tongva han habitado la región mucho antes de la colonización, enfrentando siglos de desplazamiento y una lucha persistente por el reconocimiento federal. Su petición a la artista ha sido clara: no piden que les devuelva la casa, sino que se les mencione de forma específica para que el público entienda que la zona de Los Ángeles sigue siendo territorio Gabrieleno-Tongva en sentido histórico y cultural.

Ante la ola de críticas por la mansión, Finneas defendió a Billie en redes sociales, tildando de hipócritas a quienes cuestionan la coherencia de la artista

La defensa no se ha hecho esperar. Finneas, hermano y colaborador de Billie, ha criticado a quienes atacan a la cantante en redes, llamándolos personas que buscan desviar la atención de los problemas sociales con ataques personales. Por otro lado, quienes apoyan a Eilish dicen que es injusto criticarla de manera selectiva cuando gran parte de la infraestructura de Estados Unidos está sobre tierras que fueron de pueblos originarios.

Este episodio deja a Billie Eilish en una situación complicada. Aunque es claro que ha usado su plataforma para hablar de temas sociales, el caso con los Tongva muestra cómo las celebridades están siendo examinadas más de cerca cuando defienden causas importantes, especialmente si hay aspectos personales —como dónde viven o cómo actúan fuera del escenario— que también pueden entrar en el debate.

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