Consejos clave para cuidar las plantas durante el verano, entender sus ritmos, prevenir plagas y disfrutar al máximo la temporada de mayor crecimiento y floración del jardín.
Por: Isabel Maguiña
En verano, debemos tratar nuestras plantas con otras precauciones, ya que el calor les exige ciertas necesidades, pero también nos regala grandes satisfacciones. Es una estación intensa: todo crece más rápido, florece con fuerza y, al mismo tiempo, aparecen nuevos desafíos.
Hay que tener en cuenta que las plagas proliferan con el calor y se propagan con facilidad. No se pueden evitar, pero sí reconocer a tiempo. Las más comunes son la arañita roja, el oídio —ese polvillo blanco tan visible—, la queresa, que parece una pequeña lentejita adherida a la hoja y deja melaza, la cochinilla blanca, el pulgón y la mosca blanca. Muchas de ellas vuelan de una planta a otra, contagiando el jardín entero.

En verano, las floraciones alcanzan su máximo esplendor y revelan el resultado del cuidado constante, el riego adecuado y la observación atenta.
En terrazas y espacios pequeños, una forma casera de controlarlas es limpiar las hojas con jabón potásico o agua con una mínima proporción de detergente. La observación constante es clave.
Pero el verano también trae alegrías y exuberancias, especialmente cuando vemos floraciones abundantes. El buen jardinero, sin embargo, se prepara con anticipación: la poda y el abonamiento hechos en agosto son los que permiten ver buenos resultados en esta época. La mejor forma de abonar es con productos orgánicos como humus, musgo, compost y fertilizantes ricos en potasio. Si no lo hiciste antes, aún puedes hacerlo empezando el verano, pero evita el guano de vaca, ya que puede quemar las plantas. Lo principal es el humus y el musgo, siempre de buena calidad.
Aquí hago una advertencia importante: hay mucha oferta de abonos de pésima calidad, verdaderas estafas que el ojo no entrenado no sabe reconocer. Elegir bien el abono es tan importante como saber cuándo aplicarlo.
Otro factor clave es el riego, que en verano debe ser más frecuente, pero siempre bien hecho. El agua tiene que llegar a las raíces, y lo ideal es regar cuando el sol ya ha caído. Regar mal es tan perjudicial como no regar.
En esta estación vemos buganvilias en plena floración, geranios, floripondios, cucardas, laureles, anturios, hemerocalis, ericas, lantanas y muchas más. Pero lo fundamental, ya sea en jardín o en macetas, es abonar al menos una vez al año y como máximo dos.

Russell Page, referencia imprescindible del paisajismo moderno, recordaba que la observación es la base de todo buen jardín.
Eso marca la diferencia
Para zonas de playa, plantas como la buganvilia, la campanilla, el mioporo, la carisa, el croto, las sansevierias, palmeras, tecomarias, durantas, lantanas, salvias y espárragos funcionan muy bien. Y si quieres que la buganvilia floree aún más, el superpotasio es un gran aliado.
Un punto aparte merecen las orquídeas, que en verano están en plena floración. Como cultivadora, he desarrollado un abono orgánico que aplico directamente a la hoja de forma semanal; se absorbe por los poros y las raíces aéreas, y los resultados son extraordinarios. El peor error que veo en los aficionados es el exceso de riego. Muchas orquídeas llegan a mí con raíces podridas y sin vitaminas, lo que impide cualquier buen resultado.
Después de cada floración, es importante cambiar el sustrato, ya que allí se acumulan restos de fertilizantes e insecticidas que estresan a la planta. El mejor sustrato sigue siendo la corteza de pino con un poco de musgo blanco, que evita el encharcamiento.
Recuerdo la primera orquídea que compré hace casi treinta y cinco años: un cymbidium que me hipnotizó. Costó 350 dólares y no dudé en pagarla. No imaginé que sería el inicio de una gran aventura y una pasión que he cultivado a lo largo de los años, estudiando en la Universidad Agraria, pero sobre todo aprendiendo a observar.
Como decía el gran paisajista Russell Page, la observación es la clave de todo buen jardinero. Para quien se dedica a esto, el trabajo nunca concluye: cada día hay un nuevo reto, porque trabajamos con seres vivos en constante evolución.

Cuando la vegetación dialoga con la arquitectura, el jardín se convierte en parte de la vida cotidiana y del carácter de la casa.
Poetas y jardineros, con lenguajes distintos, buscan lo mismo: evocar lo invisible a través de formas, aromas e imágenes. Como un verso bien escrito, un jardín invita a detenerse, a perderse y a habitar el presente.
De todos mis oficios, la jardinería es mi gran pasión. Leer y estudiar me ha sido fundamental. Cada vez que descubro a un nuevo paisajista, busco sus libros. Los ingleses han hecho de la jardinería una pasión nacional, y he aprendido mucho de figuras como Capability Brown, Gertrude Jekyll y, por supuesto, Russell Page, cuyo libro siempre me acompaña. Cuando viajo, busco jardines botánicos, viveros y floristerías: todo nace de la observación.
Mis libros son mis tesoros. Google ofrece información, sí, pero cuando un tema te importa, no hay nada como leer a quien admiras de verdad. Leer a los mejores es la mejor escuela.
Mi recomendación sincera es consultar siempre con un especialista antes de embarcarse en un jardín o llenar una terraza de plantas. A veces una simple asesoría evita errores enormes. Veo a diario plantas mal ubicadas, árboles plantados donde no debieron estar y espacios desaprovechados que pudieron ser otra cosa.
Nada es más lindo que un proyecto de jardinería, grande o pequeño. Es decidir con qué plantas vas a convivir, cuándo florecerán, de qué color serán sus flores, si perfumarán tus tardes, si las verás desde la ventana. Pensar un jardín es imaginar la vida que lo va a habitar. Y esa inversión de tiempo y cuidado, especialmente en una ciudad como Lima, donde no llueve, merece siempre la pena.
Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.