La escultora tikuna y kukama presenta en Pebas una exposición de máscaras y figuras protectoras elaboradas con fibras, semillas y cortezas del bosque amazónico, inspiradas en la cosmovisión huitoto y planteadas como una reflexión sobre la presencia indígena en el arte contemporáneo
Por: María Sarca Antonio | Fotos: Víctor Ruíz
En un taller en medio del Centro Histórico de Lima, Nereyda López, la escultora huitoto, convive con el arte de su hijo Rember y su esposo Santiago Yahuarcani. Su presencia en Lima se debe a que presentará su primera exposición individual, que reúne esculturas y máscaras que nacieron en Pebas, a orillas del río Ampiyacu, y llegan a la Crisis Galería. La exposición contiene piezas laboradas con materiales del bosque y centradas en espíritus medicinales, relatos míticos y figuras protectoras de su cultura.

Las obras de Nereyda, vinculadas a saberes ancestrales y relatos míticos, se presentan por primera vez de manera individual en Crisis Galería, en Barranco.
Esposa del pintor indígena Santiago Yahuarcani, Nereyda comenzó a explorar su propio lenguaje creativo tras el matrimonio. Aunque posee ascendencia tikuna y cocama, no aprendió técnicas artísticas de sus padres o abuelos. La relación amorosa con Santiago impulsó su intuición artística y descubrió su don en la escultura. Hoy se presenta segura, contemporánea, con aretes de perlas comprados en Europa, en una combinando urbana con raíz amazónica.
_
¿Qué significa para ti representar toda esta cultura que nace en Pebas, a la orilla del río Ampiyacu?
Para mí es un gran desafío hacer esta exposición con seres que la gente no conoce. Ahora van a empezar a valorar la naturaleza.
¿Qué seres podemos encontrar en tus obras?
En mis obras hay todo tipo de seres, mitologías. Me dedico a hacer la espiritualidad, todo lo que son espíritus de las plantas medicinales como el machimango, la coca, del tabaco, la josacha.

“Espíritu de la coca”, pieza donde la artista recrea la planta sagrada a partir de fibra amazónica trabajada hoja por hoja.
¿Cómo nació el deseo de trabajar con fibras?
Es que desde que empecé a ver las obras de Santiago, me venía esa noción de querer hacer esculturas. Primero hacía de madera, de palos de balsa, loros, máscaras pequeñas. Entonces después me llegó una idea de hacer de las fibras. Hay fibras que a veces se están malogrando, se desperdician. No vi en otras obras. Con Santiago ya nos pusimos a ver si se puede hacer eso.
¿Dónde nace tu inspiración?
Cuando me voy a la chacra, me internas en el monte y mientras que camino voy mirando la montaña, sintiendo el silencio… Hace que te inspires más, veas cosas y llegas a la casa con esa mentalidad, esas nuevas ideas. Mayormente de ahí me inspiro, caminando.
Siento que ambos nos inspiramos en la naturaleza. Cuando estoy en la casa trabajando, me siento muy cansada, me voy a la chacra, me relajo. Siento que la naturaleza a mí me abraza y me siento feliz cuando estoy en la chacra. Y regreso de la chacra y estoy lleno de ideas, más inspiración tengo. Entonces es como un diálogo entre los dos.

“Ayaymama”, ave mítica de la tradición amazónica cuyo canto, según el relato, nace del abandono y el llanto.
Tus obras funcionan como presencias espirituales. ¿Cómo entiendes eso en una galería?
Cada obra representa un espíritu. Entonces siento que sí hay una persona más ahí dentro de la obra. Que me acompañan, que me cuidan. O si de repente una persona lo compra, está como si le cuide, porque es un espíritu. Tiene como un guardián. En mi casa que tengo son como mis guardianes. Son como unas figuras protectoras.
¿Crees que el espectador occidental comprende esa dimensión?
Creo que no. A mí me parece que no. Porque hoy en día mayormente están dando valor a las otras culturas. No a las culturas indígenas que nosotros hacemos, nuestro arte indígena. Sí, existe una distancia cultural. Gracias a Dios, a las exposiciones que hacemos, estamos dando a conocer lo que es nuestra cultura. Y poco a poco se va conociendo.

“Ximimbro”, ser surgido de un relato compartido con Santiago Yahuarcani. La figura, primero imaginada en pintura y tallada en madera, fue reinterpretada en fibras naturales junto a su hija menor Karen.
¿Cómo ves a los artistas occidentales que estudian y representan culturas indígenas?
Bueno, para mí no está bien lo que ellos hacen. No es como uno que vive personalmente como indígena. Llevamos nuestra propia experiencia, salir a hablar o a contar. Pero ellos por el estudio nomás hacen eso. Para mí no está bien lo que ellos hacen. El mensaje es muy distinto. No es lo que ellos como sentir nosotros mismos.
¿Se pierde la esencia cuando se utiliza para moda?
Sí, porque pierde un valor que nosotros cuidamos y respetamos. Ellos lo utilizan solamente para la moda; y la moda pasa, pero nuestra imaginación, nuestra creación, no pasa. En nuestro arte va toda una vida, va de generación en generación. Como digo, mis obras no es simplemente una obra de arte. Son obras que inspiran espiritualidad y eso más hay que respetarlo. Nosotros lo respetamos y la persona que le utiliza para la moda simplemente lo utilizan para comercialización y no respetan nuestras costumbres.
¿Te gusta que se clasifique como arte indígena?
Hay personas que están confundidas con el arte amazónico o el arte indígena. El arte indígena es muy diferente al arte amazónico. El amazónico es otro y el indígena es otro. El arte indígena tiene sus cosmovisiones, visiones, historias, mitos. El arte amazónico no tiene mucho que decir. Por ejemplo, el arte amazónico solamente es de los paisajes. Y el indígena tiene mucho que contar.
¿Hay diferencia entre artesanía y arte indígena?
Sí, veo una diferencia porque artesanía es simplemente artesanía. Y arte indígena ya es crear tus cosmovisiones, más centrarte en lo que es tu historia, tus mitos, tu cultura.
¿El arte indígena confronta al occidental?
Sí, hay una confrontación ahí. El arte occidental no hace lo que yo hago.
En bienales internacionales, ¿el arte indígena ocupa una posición fuerte?
Pienso que sí, porque antes no había un encuentro de ese tipo de arte contemporáneo, pero hoy en día sí. En una feria, una exposición, están ahí el arte contemporáneo y también el arte indígena. Poco a poco siento que sí es reconocido. Tienes que ir poco a poco conociendo.
¿El arte indígena necesita validación dentro del circuito occidental?
Sí, para mí tiene que ser validado dentro del arte occidental, el arte indígena, y tiene que ser escuchado por las demás personas que nos conocen. Y por medio de mis obras, hago validar mi cultura y mi arte indígena.
¿Qué necesita un visitante para comprender tu obra?
Yo creo que buscar más allá de la obra para que él pueda conocer bien lo que es un arte indígena. Y comprender lo que significa cada uno de los símbolos.
Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.