La arquitecta de interiores Camila Nossar revela cómo transformó un departamento familiar en un refugio sensorial donde la psicología y el escaparatismo convergen para crear espacios con alma propia. 

Por: Alessia Carboni 

Para Camila Nossar, el diseño de interiores no comienza con un plano, sino con una conversación profunda. La arquitecta y especialista en visual merchandising sostiene que su proceso creativo parte de conocer «profundamente al cliente», priorizando el sentir sobre la estética superficial. En su más reciente proyecto residencial, Nossar demuestra que el verdadero lujo no reside en las tendencias, sino en la capacidad de un espacio para actuar como un espejo emocional de quienes lo habitan.

El diseño comienza sintiendo la luz natural. Una curaduría lumínica que transforma la atmósfera desde la mañana hasta el anochecer.

«No empezamos trabajando pensando en que el espacio se va a ver lindo o decorado; empezamos entendiendo qué quiere sentir la persona que va a habitarlo», explica la diseñadora. En este caso particular, el reto consistió en interpretar las necesidades de una psicóloga especializada en ansiedad que buscaba un refugio de calma, pero con «pequeñas sorpresas» que evitaran la monotonía. 

El equilibrio entre la calma y la emoción 

El resultado es un departamento que transmite neutralidad a primera vista, pero que esconde una gran riqueza de texturas y contrastes. Nossar describe su metodología como un «diseño desde la psicología y desde lo sensorial», una filosofía que busca que el cliente, al finalizar la obra, sienta que el espacio es genuinamente suyo.

Tras doce años diseñando vitrinas de lujo, Nossar aplica esa «gimnasia creativa» para crear escenarios residenciales con alma y profundidad.

A pesar de la paleta predominantemente neutra, la diseñadora logró que el espacio «grite» sin necesidad de estridencias, basando su estrategia en una meticulosa mezcla de texturas y materiales. Según detalla Nossar, la clave reside en el uso de diversas maderas en lugar de un solo tipo, integrando además una combinación equilibrada de componentes naturales y artificiales junto a capas de tapices elegidos cuidadosamente por la sensación específica que transmiten al tacto y a la vista. 

«Se trata de ir jugando con matices, capas y contrastes sutiles que hacen que el espacio, aunque neutro, esté lleno de profundidad», afirma la experta, subrayando que cada pieza fue diseñada a medida para dotar al ambiente de una personalidad propia y una riqueza sensorial única.

Una paleta neutra que «grita» a través de la mezcla meticulosa de maderas, fibras naturales y tapices elegidos al tacto.

La sorpresa como recurso narrativo 

Uno de los puntos focales del proyecto es el mueble bar, una pieza que Nossar destaca como especial. Este elemento resume su enfoque emocional: presenta una trama exterior

que cambia según la incidencia de la luz, pero al abrirse, revela un interior rojo intenso. Según la experta, este es un «guiño a la psicología de las emociones», evocando sorpresa e intensidad en medio de la serenidad del salón.

Un refugio donde la psicología y el escaparatismo convergen, transformando un departamento familiar en una experiencia táctil y emocional única.

Esta capacidad de generar impacto visual proviene de su extensa trayectoria en el mundo comercial. Durante doce años, Nossar trabajó como escaparatista, una «gimnasia creativa» que hoy aplica al ámbito residencial. «Cada cliente es un mundo distinto y el espacio es como una vitrina donde puedo explotar el arte de forma original», comenta, recordando cómo la experiencia de diseñar vitrinas de zapatos y perfumes le enseñó a adaptar su mente a escenarios radicalmente distintos.

El minimalismo exterior del mueble bar esconde un interior rojo intenso, un guiño audaz a la psicología de las emociones.

Luz y Arte: Los pilares de la atmósfera 

La luz de Lima, a menudo gris y particular, es otro factor determinante en su obra. Nossar confiesa que lo primero que hace al visitar un espacio es «sentir la luz natural» para entender cómo evoluciona desde la mañana hasta el final del día. Solo después de este análisis, desarrolla la composición y la iluminación artificial que potenciará la experiencia, logrando que los objetos y la funcionalidad dialoguen en armonía. 

Finalmente, el arte aparece como la «coronación del proyecto». En este departamento, la selección de piezas fue una búsqueda conjunta en la que Nossar acompañó a los clientes a diversos talleres y galerías hasta encontrar obras que «realmente les movieran el alma».

«No diseñamos para que se vea lindo, sino para entender qué quiere sentir quien lo habita», afirma Camila Nossar.

En este apartado, destacan piezas de gran fuerza visual: sobre la credencia reposa una pintura y una escultura de la artista peruana Silvana Pestana, mientras que el sofá es custodiado por un cuadro de Ham Gutier. La iluminación de este entorno artístico se completa con una lámpara de la firma Moooi. 

Al alejarse de las tendencias pasajeras —las cuales afirma no mirar como guía principal—, Camila Nossar logra un equilibrio donde la arquitectura de interiores se convierte en una herramienta para alcanzar la felicidad tangible.

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