El delineador nació como gesto rebelde que definió miradas, atravesó décadas y continúa dominando en las calles, pasarelas y en los escenarios.

Por: Sergio Corvacho*

Creo que los años 60 marcaron la moda, sobre todo por el uso del delineador. Transcurre el tiempo, aparecen colores nuevos, texturas distintas, formas diferentes, pero todo viene desde esa época donde realmente fue una tendencia que impactó al mundo entero. En la época de los egipcios se veía de forma localizada, pero ya en un escenario global, la propuesta nacida en Londres conquistó miradas y nadie pudo despegarse de él.

Twiggy -Lesley Hornby fue el rostro de los sesenta, pero sus proezas con el lápiz de ojos se volvieron en parte de su identidad.

El delineador acaparó notoriedad como nunca: arriba, abajo, sobre el párpado, extendido hacia las sienes. En los años 50 se notaba sutil; después llegó la exageración total, incluso dibujando pestañas con el mismo producto.

Ahora las tendencias resultan irrelevantes. La mujer actual entendió que se maquilla como mejor le quede. Antes seguían reglas estrictas; hoy cada artista, actriz, modelo o persona común tiene estilo propio y lo defiende.

Si revisamos otras etapas, los años 70 trajeron pasteles, brillos iridiscentes, pestañas postizas teatrales, estética cercana a muñecas. En los 80 dominaron glosses; en los 90 reinó la boca marrón con contorno oscuro, moda potente, aunque pasajera. Nada ocupa el lugar de ese delineador protagonista, porque mantiene presencia constante década tras década.

Los delineadores tipo plumón son los más recomendados para principiantes por su control, mientras que los en gel ofrecen mayor intensidad y versatilidad para profesionales.

Siempre observo el ‘eyeliner’ alrededor de los ojos. Cambian tonos, acabados, grosores, direcciones, pero permanece. Muchas veces aparece el eyeliner sin sombras. Ese detalle explica por qué los 60 regresan cíclicamente a las pasarelas: es el elemento que mejor resalta la mirada.

El foxy eye y el cat eye representan una evolución interesante del eyeliner. Funcionan para todas. Existen versiones gruesas, finas. Los ojos pequeños agradecen el diseño delicado para evitar exceso. Las miradas grandes permiten intensidad inferior. Esta técnica se adapta a cualquier forma. Se puede transformar un redondo en almendrado, un almendrado en geométrico, un asiático en alargado. Hay muchos trucos que favorecen usando el delineado.

Varias figuras lo llevaron como sello. Marilyn Monroe, con estilo sobrio, definiendo el ojo con eyeliner. Amy Winehouse, con dramatismo total. Nico y Jane Birkin dibujándose pestañas como Twiggy. Naomi Campbell en distintas etapas. También músicos como Iggy Pop, David Bowie, Alice Cooper y Ozzy Osbourne recurrieron al eyeliner.

“El delineado nació como tendencia y jamás perdió protagonismo”.

Los videoclips de los 90, impulsados por MTV, mostraban producciones donde el maquillaje definía la personalidad de cada banda o cantante. El impacto resultó enorme. El eyeliner se veía en todos lados: la alta sociedad, calle, escenarios, cine. Es universal.

Recuerdo la etapa de Gucci dirigida por Tom Ford. En una colección presentó modelos con eyeliner turquesa y azul, mirada intensa, rostro desnudo. Generó un impacto fuerte. Su inspiración venía de los 60, aunque ocurrió a mediados de los 90.

Kate Moss en los 90 marcaron época con su característico delineado.

Prefiero acabados mate en eyeliner. Illamasqua, MAC, L’Oréal en crema, NYX de larga duración ofrecen tonos intensos y opacos. Gamas beige, marrones, grises funcionan perfecto en rubias o pecosas porque definen sin dramatizar. Colores corales o neón aparecieron después, elegidos sobre todo por público joven.

Para mí, el eyeliner revela personalidad. Permite crear una imagen agresiva, rockera o seductora con un tono oscuro. Siempre conecta con música, misticismo, actitud. Esa fuerza nacida en los años 60 todavía mira de frente al presente.

(*) Gurú de belleza, maquillista profesional y columnista de COSAS.

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