Un recorrido por cuatro iglesias históricas que narran el pasado jesuita y dominico del altiplano peruano.
Por: Redacción COSAS
A más de cuatro siglos de la llegada de la Compañía de Jesús a Juli, en la región de Puno, el legado de figuras jesuitas como Alonso de Barzana, Bernardo Bitti y Ludovico Bertonio sigue presente en sus templos. Este conjunto de iglesias, levantadas entre los siglos XVI y XVII junto al lago Titicaca, convirtió a la ciudad en un punto clave de evangelización en lengua aymara.
Hoy, Juli conserva cuatro templos principales que le valieron el apelativo de “la pequeña Roma del altiplano”, no solo por su número, sino por la calidad arquitectónica y artística que resguardan.
San Pedro Mártir: la catedral de Juli
Ubicada en la Plaza de Armas, la iglesia de San Pedro Mártir es la más grande de la ciudad y funciona como su catedral. Su construcción se inició entre 1565 y 1567 bajo la orden dominica y fue concluida por los jesuitas en 1576.
De planta en cruz latina y una sola nave, destaca por su fachada de piedra y ladrillo, así como por su interior, donde se conservan pinturas de escuelas española, italiana y cusqueña. Entre ellas, obras atribuidas a Bernardo Bitti, además de piezas religiosas en oro y plata.

Fachada de la catedral de Juli, construida entre 1565 y 1576.

Interior con pinturas de tradición europea y cusqueña.
Santa Cruz de Jerusalén: memoria y reconstrucción
Construido por los jesuitas a finales del siglo XVI y concluido en 1607, el templo de Santa Cruz de Jerusalén fue uno de los más admirados de Juli. Su portada de piedra tallada y su diseño con elementos mestizos lo convirtieron en un referente arquitectónico.
Aunque sufrió derrumbes a lo largo de los siglos —incluido el colapso de su torre en 2013—, hoy es símbolo de recuperación patrimonial. Actualmente, se impulsa un proyecto de reconstrucción que busca devolverle su lugar en la historia local.

Se vienen realizando trabajos de restauración den el histórico templo.

Portada de piedra tallada que aún deja ver el detalle de su diseño original del siglo XVII.
San Juan de Letrán: el gran museo de Juli
Este templo, construido entre 1568 y 1576 por los dominicos y finalizado por los jesuitas en 1602, alberga hoy el principal museo de la ciudad.
Su exterior sobrio contrasta con un interior amplio, con forma de cruz latina, donde se exhiben lienzos de gran formato de la escuela italiana y cusqueña. Destacan las obras de Bernardo Bitti y una colección pictórica que refleja la influencia del arte mestizo en la región.

Vista exterior del templo hoy convertido en museo.

Sala interior con lienzos coloniales de gran formato.
Nuestra Señora de la Asunción: equilibrio y trazo renacentista
Ubicada cerca de la Plaza de Armas, esta iglesia comenzó a construirse en 1562 por los dominicos y fue concluida en 1602 por los jesuitas. Su portada de líneas simétricas y estilo renacentista mantiene detalles como medallones con el monograma de la Compañía de Jesús.
Elevada sobre una escalinata, su estructura de adobe y quincha albergó en su momento una extensa colección de lienzos y esculturas. Hoy funciona como museo y conserva parte de ese legado.

Portada renacentista ubicada cerca de la Plaza de Armas.

Interior del templo, con su nave amplia y muros blancos que resguardan pinturas coloniales en Juli.
Los templos de Juli no solo representan un conjunto arquitectónico destacado, sino también el testimonio de un proceso cultural donde se integraron tradiciones europeas y saberes locales. Las fachadas, retablos y pinturas evidencian esta fusión que definió buena parte del arte virreinal en el sur del Perú.
Recorrer Juli es seguir una ruta histórica donde cada iglesia cuenta una parte de ese pasado que aún se mantiene en pie, frente al paisaje del lago Titicaca.
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