La artista peruana tendrá una visibilidad nacional e internacional sin precedentes en el 2026.
Por: Alexandra Bryce, vicepresidenta – Museo de Arte de Lima
Este mayo, en el pabellón peruano de la Bienal de Venecia, nos representará Sara Flores, artista pucallpina Shipibo Conibo cuyo arte ha tenido una aceptación global institucional y de mercado sin precedentes en nuestra historia. Tuvimos el honor de visitarla en su taller de Pucallpa en setiembre pasado y quedamos perplejas con la artista y su destreza, pero sobre todo con Sara, ejemplo de mujer peruana. Hoy Sara es representada por la galería inglesa White Cube y ha contribuido con la firma de lujo Christian Dior.
El año pasado, el Museo de Arte de Lima (MALI) realizó su primera exposición ‘Sara Flores. Non Nete. Un sueño para una nación indígena’, primera muestra unipersonal de una mujer indígena peruana en el museo. Algo que significa un hito en nuestra historia curatorial se remonta al interés que el MALI viene mostrando en los artistas peruanos de las distintas regiones y tradiciones culturales del Perú.

Julia Codesido, Feria en Huancahuari (1931). Óleo sobre tela. Colección particular, Lima.
Más recientemente, artistas de diversos puntos del país que venían ejerciendo un arte contemporáneo arraigado a sus propias historias e idiosincrasias, recibieron un impacto global con la curaduría del brasileño Adriano Pedrosa en la Bienal de Venecia del 2024. Para esa ocasión, además, nunca antes había viajado tal cuerpo de obra de artistas históricos peruanos en una plataforma internacional y de inusitada relevancia. Merece mencionar que el arte indígena en el país se beneficia del impacto del movimiento ‘Global South’ que Pedrosa lidera.
El programa curatorial del MALI en el 2026 augura hitos en la representación de la mujer artista peruana dentro de la historia del arte moderno y contemporáneo. Desde hace más de una década, el museo puso en agenda expositiva y de adquisición a la artista peruana y este año toma una visibilidad necesaria.

Sandra Gamarra, Producto: Mestizo, de la serie Producción/Reproducción (2020–2021). Óleo sobre tela.
Comenzamos mencionando a Sandra Gamarra Heshiki, artista contemporánea peruana, quien este marzo inauguró en el MASP de Sao Paulo su retrospectiva ‘Réplica’, haciendo alusión a la apropiación que define su práctica. La muestra abarca el cuerpo de obra de la artista desde los noventa hasta la actualidad. No debemos olvidar que Gamarra Heshiki representó al pabellón español en la Bienal de Venecia del 2024, debido a su doble nacionalidad. ‘Réplica’ se presentará en el MALI a partir de noviembre del presente.

Vista de sala de la exposición Sara Flores. Non Nete.
Sin embargo, la exposición central del año la ocupa Julia Codesido, primera artista plástica profesional y una de las figuras más representativas del indigenismo. Su obra dialoga estrechamente con la vanguardia internacional demostrando una audacia mayor que la de su propio maestro, José Sabogal. Codesido, más que un pendiente, es una responsabilidad con la artista histórica peruana.
A lo largo del año también se presentarán en el museo tres exposiciones más vinculadas a este propósito y que merecen mencionarse. En abril, dos individuales en simultáneo: la fotógrafa conceptual Astrid Jahnsen con ‘200 gramos’ y Olinda Silvano con ‘Reshinjabe. Rokón kenébora biribirishamani’ (Silvano, es una artista indígena Shipibo Conibo, lideresa nata, activista y fundadora del colectivo Soi Noma). Más adelante tendremos una colectiva de artistas contemporáneas.

Alexandra Bryce, vicepresidenta del MALI.
Somos testigos de una generación de artistas peruanas extraordinaria, cuya visibilidad hoy nos resultaría inimaginable hace tan solo una década. Este año, desde el MALI, agradecemos y le rendimos homenaje a la mujer artista peruana, sin olvidar a aquellas mujeres que desde fuera lo hacen posible.
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