En el marco de la exposición “El arte de las cofradías”, conversamos con Luis Martín Bogdanovich, gerente de PROLIMA, sobre el enfoque, la investigación y el alcance de un proyecto orientado a la recuperación de la Semana Santa limeña.

Por: Luis Mauricio Málaga Fuenzalida

La Municipalidad de Lima, a través de PROLIMA, presenta “El arte de las cofradías” en la Galería Municipal Pancho Fierro. Abierta hasta el viernes 15 de mayo con ingreso libre, la muestra recorre el papel de las cofradías en la configuración social, urbana y religiosa virreinal mediante piezas, documentos y recreaciones de la Semana Santa limeña, y se plantea como una invitación a redescubrir esta tradición y su vigencia. A partir de ello, conversamos con Luis Martín Bogdanovich sobre el enfoque, la investigación y la proyección futura del proyecto.

¿Qué encontrará el visitante en la exposición y cuál es el enfoque del recorrido?

La muestra presenta la historia y evolución de cinco cofradías activas en Lima desde el siglo XVI, algunas vigentes: la Piedad de La Merced, Jesús Nazareno y Santa Catalina de Siena de Santo Domingo, la Veracruz, la Soledad y el Santo Entierro, y el Cristo de Burgos de San Agustín. 

Hoy, solo algunas mantienen presencia activa: la Soledad y el Santo Entierro continúan saliendo, Jesús Nazareno lo hace con otro discurso iconográfico, mientras otras han reducido o cesado su participación, como la Veracruz y el Cristo de Burgos, y la Piedad subsiste solo a través de una escultura. El recorrido ofrece, mediante material gráfico y documental, una síntesis que funciona como puerta de entrada a una investigación más amplia que no puede exhibirse íntegramente por límites de espacio. 

La Semana Santa en el virreinato del Perú articulaba devoción, jerarquía social y complejas procesiones públicas. (Créditos: PROLIMA)

¿Qué papel cumplían las cofradías en la vida social de Lima y qué sentido puede tener hoy su recuperación?

Las cofradías fueron instituciones que estructuraban la vida social en Lima, más allá de la devoción, al integrar a sus miembros en una comunidad con historia y otorgar beneficios concretos como sepultura en espacio sagrado y una posición dentro del orden social. Aunque muchos de esos elementos han perdido vigencia, su recuperación patrimonial permite reactivar identidad y arraigo, y puede servir como base para un producto turístico contemporáneo que contribuya a rearticular social y culturalmente el Centro Histórico.

“La muestra presenta la historia y evolución de cinco cofradías activas en Lima desde el siglo XVI, algunas vigentes”.

¿Cómo se integra esta exposición en el trabajo de PROLIMA y qué revela sobre su enfoque actual?

PROLIMA aborda la recuperación del Centro Histórico de Lima de forma integral, articulando patrimonio material e inmaterial: restaurar una imagen procesional implica también reintegrarla a la vida ritual, ya que la pérdida física conlleva la desaparición de prácticas y significados, como ocurrió con antiguas imágenes y procesiones hoy inexistentes. 

Este enfoque refleja una evolución desde una mirada centrada en la arquitectura hacia la noción de paisaje urbano histórico promovida por UNESCO, que incorpora entorno y manifestaciones culturales. En esa línea, la institución impulsa iniciativas que integran tradiciones vivas, destacando la Semana Santa como eje estratégico por su valor histórico y su potencial para reactivar dinámicas sociales, culturales y simbólicas en la ciudad.

La exposición “El arte de las cofradías” se presenta en la Galería Municipal Pancho Fierro hasta el 15 de mayo, con ingreso libre. (Créditos: PROLIMA)

¿Cómo se construyó la investigación de la muestra y qué revelan sus fuentes sobre las cofradías? 

La muestra se sustenta en investigación de archivos históricos como el Archivo Arzobispal de Lima, el Archivo General de la Nación, el Archivo Municipal de Lima y fondos de conventos como Santo Domingo, La Merced, San Agustín y la Soledad, además del trabajo con órdenes religiosas y cofradías vigentes. 

Estas fuentes permiten reconstruir su relevancia en la vida virreinal: algunas, como la Veracruz fundada en 1541 por Francisco Pizarro, alcanzaron alta jerarquía, con el virrey como hermano mayor en representación del monarca y acceso restringido a los “hermanos veinticuatro”, lo que evidencia su carácter selectivo. Cada cofradía tenía normas y una intensa vida interna que se hacía visible en Semana Santa, revelando no solo su dimensión religiosa, sino también su estructura institucional y su peso en el orden social de la Lima virreinal.

“Restaurar una imagen procesional implica también reintegrarla a la vida ritual”.

¿Qué hallazgos destacan dentro del proceso de investigación de la muestra?

La investigación identificó piezas clave como una acuarela de 1834 atribuida a Pancho Fierro, conservada en la Hispanic Society of America, que permite reconstruir con precisión los pasos procesionales del Cristo de Burgos, incluyendo figuras como el arquero de la muerte, el Señor de la Columna y el Ecce Homo, varios presentes en la muestra. 

También destacan los cuadros del Viernes Santo vinculados a la Soledad, que evidencian hasta siete pasos en circulación hacia mediados del siglo XVII, no como recreaciones, sino como registro de la Lima de alrededor de 1650. Frente a ello, el contraste actual es claro: hoy solo salen el Santo Entierro y la Virgen de la Soledad, pese a que antes existieron pasos complejos como el de Longino, con el soldado a caballo atravesando el costado de Cristo, lo que permite dimensionar la riqueza y sofisticación alcanzadas por estas procesiones.

La muerte arquera, escultura atribuida a Baltazar Gavilán, asociada al relato difundido por Ricardo Palma en sus tradiciones, que vincula su creación con la muerte del propio autor. (Créditos: PROLIMA)

¿La propuesta apunta solo a investigar o también a recuperar las prácticas y elementos perdidos de las cofradías?

La propuesta no es solo histórica, busca recuperar y reactivar tradiciones, identificando, a partir de la investigación, qué pasos procesionales existieron entre los siglos XVI y XIX, cuáles se mantienen, se transformaron o desaparecieron. Destacan conjuntos complejos como los de la Soledad, entre ellos Longino o el Descendimiento, con mecanismos articulados que intensificaban el dramatismo de la Pasión, así como composiciones alegóricas como el “paso de la carne” de La Merced, donde la cruz triunfa sobre el mundo, la muerte y el demonio en estructuras visuales de gran complejidad. 

También se han perdido pasos como el de la Sábana Santa, lo que exige una recuperación basada en fuentes documentales y gráficas, incluyendo esculturas, hábitos y diseños. La muestra actual es una introducción a un proyecto mayor impulsado por PROLIMA en Lima, con futuras exposiciones y avances en restitución de piezas, dentro de un enfoque interdisciplinario que integra investigación, curaduría, diagnóstico técnico y reconstrucción para restituir rigurosamente esta dimensión de la historia cultural limeña.

“La muestra se sustenta en investigación de archivos históricos (…) y fondos de conventos como Santo Domingo, La Merced, San Agustín y la Soledad, además del trabajo con órdenes religiosas y cofradías vigentes”. 

¿El equipo que desarrolla estos proyectos es permanente y qué proyección tiene esta iniciativa a futuro?

El trabajo se realiza desde una estructura permanente, lo que permite sostener una línea continua de investigación y ejecución más allá de una sola exposición, con miras a una recuperación progresiva de los elementos de la Semana Santa limeña. El principal desafío es logístico, ya que los pasos procesionales son estructuras de gran escala que requieren espacios adecuados de almacenamiento y conservación; a diferencia del pasado, cuando se guardaban en conventos, su reconstrucción exige nuevas soluciones. En ese marco, se proyecta un espacio de exhibición permanente que permita mostrar este patrimonio todo el año y consolidarlo como foco cultural y turístico en Lima.

La iniciativa, impulsada por PROLIMA, es de mediano plazo y ya está en marcha: la muestra actual es el primer hito al ofrecer una base histórica verificada y una forma concreta de visualización; la siguiente etapa contempla presentar diseños y planos de los pasos a reconstruir, investigación ya concluida, para luego avanzar hacia una ejecución gradual que incorpore nuevas imágenes y conjuntos conforme progresen los trabajos técnicos y artísticos.

Escultura de Nuestra Señora de la Soledad, vinculada a una cofradía activa en Lima desde el siglo XVII. (Créditos: PROLIMA)

¿Por qué vale la pena visitar la muestra y qué la hace una oportunidad única?

La exposición ofrece una oportunidad poco común para comprender no solo el pasado, sino el proceso actual de reconstrucción de la Semana Santa en el Centro Histórico de Lima, con un carácter temporal que permite acceder a un proyecto en pleno desarrollo. Reúne además obras raramente exhibidas, como el “Arquero de la Muerte”, pieza emblemática del convento de San Agustín, cuya presentación fuera de ese ámbito es excepcional pese a su amplia difusión en imágenes.

En torno a esta obra circulan relatos tradicionales, como el que atribuye la muerte de su autor a su propia creación, más cercano al imaginario popular que a un registro histórico, en la línea de Ricardo Palma. Esta dimensión simbólica sitúa la pieza en el cruce entre arte, historia y memoria colectiva, enriqueciendo la experiencia del visitante.

“La propuesta no es solo histórica, busca recuperar y reactivar tradiciones”.

¿Cuál es el sentido de fondo de este proyecto y hacia dónde apunta la recuperación de la Semana Santa en Lima?

Un punto de partida fue la declaratoria de la Semana Santa del Centro Histórico de Lima como patrimonio cultural inmaterial en 2018, impulsada por PROLIMA, que visibilizó esta tradición y sentó bases para su recuperación; luego, una ordenanza la declaró de interés metropolitano dentro del Plan Maestro. A ello se suman exposiciones e investigaciones especializadas, a cargo de Lee Cárdenas, también curador de la muestra, centradas en el estudio riguroso de las cofradías sacramentales a partir de archivos eclesiásticos, municipales y conventuales, lo que permite reconstruir con precisión su funcionamiento histórico.

El objetivo no es solo académico, sino restituir estas prácticas con el mayor rigor posible, devolviendo a la ciudad una expresión que articulaba la vida social, cultural y religiosa, sin recurrir a la invención. En esa línea, el proyecto apunta a que las procesiones del Centro Histórico recuperen progresivamente la riqueza y complejidad de los siglos XVII y XVIII, entendiendo lo material como medio para reactivar lo inmaterial y consolidar en el presente una de las manifestaciones más significativas de la identidad histórica limeña.

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