La reciente promulgación de la ley que asegura el uso público del terreno del aeropuerto Velasco Astete abre una oportunidad inédita para Cusco. El desafío será transformar sus 140 hectáreas en un parque metropolitano de escala internacional, capaz de mejorar la calidad de vida de los cusqueños y de aportar áreas verdes largamente postergadas en una ciudad históricamente limitada en su expansión urbana.

Por: Renzo Espinosa Mangini

La noticia se oficializó hace algunos días y marca un punto de quiebre para la ciudad del Cusco. Con la promulgación de la ley, por parte del Congreso, que proyecta el futuro del aeropuerto Alejandro Velasco Astete como espacio público, Cusco empieza a imaginar su vida con la construcción de un área verde de gran escala. No es un detalle menor: cuando el nuevo aeropuerto de Chinchero entre en operación, previsto, para fines de 2027 o inicios de 2028, el actual terminal dejará de funcionar y su extenso predio pasará a convertirse en un parque metropolitano.

El terreno no podrá venderse, dividirse ni destinarse a usos privados. La norma lo declara intangible y de uso exclusivamente público, una respuesta directa a una demanda ciudadana que lleva décadas latente. Y es que Cusco necesita áreas verdes, espacios de encuentro y un verdadero pulmón urbano. La ciudad histórica, presionada por el turismo, la geografía y el crecimiento demográfico, ha tenido siempre poco margen para expandirse.

El vacío urbano que dejará el aeropuerto se perfila como el parque más grande del país, un nuevo pulmón verde capaz de redefinir la relación de Cusco con su espacio público.

El vacío urbano que dejará el aeropuerto se perfila como el parque más grande del país, un nuevo pulmón verde capaz de redefinir la relación de Cusco con su espacio público.

 

Un vacío urbano que puede cambiarlo todo

Para el arquitecto y urbanista Aldo Facho Dede, cofundador de la Red Latinoamericana de Urbanistas, estamos ante una oportunidad sin precedentes en la ciudad del Cusco. “La longitud de este parque equivale al tramo de la Costa Verde que va desde el Club Regatas hasta Larcomar”, explica. No es solo una comparación gráfica, sino que dimensiona el impacto real que podría tener.

Hablamos de unas 140 hectáreas, una superficie que, para ponerlo en contexto, equivale a la mitad de todos los parques zonales de Lima juntos. De concretarse bien, Cusco se convertiría en la ciudad con el parque urbano más grande del Perú. Y eso cambiaría radicalmente su relación con el espacio público, el ambiente y la vida cotidiana.

El impacto sería inmediato: menos ruido y más espacio verde. Facho lo resume con una imagen potente: “Se cambiarán los molestos ruidos de los aviones por el trinar de aves”. Pero advierte: esa transformación no es automática ni garantizada.

Visualización del futuro parque metropolitano: arquitectura contemporánea, áreas verdes y equipamientos pensados para una vida urbana activa y sostenible.

Visualización del futuro parque metropolitano: arquitectura contemporánea, áreas verdes y equipamientos pensados para una vida urbana activa y sostenible.

Un terreno estratégico y el peligro de la improvisación

El principal peligro no está en la idea, sino en la ejecución. El cierre del aeropuerto depende de Chinchero, un proyecto que acumula retrasos y cuya fecha de entrega sigue moviéndose. ¿Qué pasa mientras tanto? ¿Cómo se evita que el terreno se deteriore, se invada o quede en un limbo urbano?

Para Facho, la ley es un primer paso clave, pero incompleto. “Debe contemplar una transición adecuada del predio para garantizar su pronta transformación”, señala. No se trata de esperar pasivamente a que cierre el aeropuerto, sino de planificar desde ahora: definir etapas, usos temporales, modelos de gestión y, sobre todo, recursos.

Ahí aparece otro punto crítico. La Municipalidad Provincial del Cusco no cuenta hoy con el presupuesto ni con una estructura de gestión preparada para administrar un parque de esta magnitud. “Es indispensable asignar recursos y crear una entidad responsable de su administración y mantenimiento”, advierte el urbanista. Sin eso, el sueño verde puede convertirse en un problema gris.

Propuesta preliminar del arquitecto Fredy Vizcarra que ocuparía el actual aeropuerto Velasco Astete: un gran eje verde pensado como nuevo espacio público para Cusco.

Propuesta preliminar del arquitecto Fredy Vizcarra que ocuparía el actual aeropuerto Velasco Astete: un gran eje verde pensado como nuevo espacio público para Cusco.

Un parque para vivir, no solo para mirar

Más allá del verde, la discusión de fondo es qué tipo de parque quiere Cusco. ¿Uno simbólico, bonito para la foto, o un espacio vivo, usado y apropiado por la ciudad? Facho es claro: por su escala, no puede pensarse como un parque tradicional. “Debe incluir equipamientos de salud, educación, cultura, entretenimiento y ocio, como los grandes parques metropolitanos del mundo”, dice.

Eso no solo le daría vida permanente, sino que ayudaría a sostenerlo en el tiempo. Además, su impacto urbano será profundo: el cierre del aeropuerto eliminará las restricciones de altura en los barrios colindantes, incrementará el valor del suelo y abrirá procesos de regeneración urbana que deben ser cuidadosamente gestionados para no expulsar a los vecinos.

La clave estará en un plan específico para la zona, capaz de integrar el parque con su entorno y de redistribuir los beneficios que generará. Instrumentos de gestión del suelo, ya previstos en la legislación urbana, podrían permitir que parte de las ganancias inmobiliarias financien el propio parque. No es solo diseño paisajístico; es política urbana.

El aeropuerto Alejandro Velasco Astete en plena operación, un enclave urbano estratégico que, tras décadas de actividad aérea, se prepara para una transformación histórica.

El aeropuerto Alejandro Velasco Astete en plena operación, un enclave urbano estratégico que, tras décadas de actividad aérea, se prepara para una transformación histórica.

Un precedente que mira más allá de Cusco

Si el proyecto se hace bien, el impacto no será solo local. Para Facho, este parque puede convertirse en un modelo para otras reconversiones pendientes en el país: desde grandes infraestructuras en Lima hasta espacios estratégicos en ciudades como Arequipa. “No debemos verlo solo como la transformación de un aeropuerto, sino como una nueva forma de gestionar grandes predios urbanos”, apunta.

Cusco tiene hoy una oportunidad histórica. La ley ya está promulgada y el destino del terreno, asegurado. Lo que sigue es más complejo: imaginar, planificar y sostener un parque que no solo embellezca la ciudad, sino que la haga más habitable, más justa y más saludable. El reto recién comienza.

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