El inicio de las obras del proyecto Parque Bicentenario de Miraflores, en la quebrada de Armendáriz, ha generado un intenso debate sobre la intervención de zonas naturales para la creación de nuevos espacios públicos. ¿Es el paisaje un valor y un servicio ciudadano que debe ser protegido? ¿O acaso las ciudades del futuro deben ofrecer nuevos espacios, más accesibles y funcionales para los vecinos?

Por Edmir Espinoza / Ilustración de Erick Baltodano

Hace dos años, el anuncio de la puesta en marcha de un proyecto que buscaba intervenir el acantilado de Armendáriz, en Miraflores, para la construcción de un parque botánico, generó un largo debate entre vecinos, urbanistas y arquitectos sobre la pertinencia del proyecto y los pasivos ambientales que podía generar. Hoy, cuando las obras ya están en ejecución y la cubierta natural y verde del acantilado ha sido removida por maquinaria pesada, la controversia continúa y nos plantea dos visiones contrapuestas sobre la manera de imaginar los espacios públicos en la ciudad. Por un lado, los que creen que los pocos espacios naturales que quedan en la capital tienen un valor paisajístico importante, y se oponen a una intervención arquitectónica de estos. Por el otro, quienes entienden que, en una ciudad necesitada de espacios públicos accesibles para todos, la aparición de un nuevo parque ecológico sobre un terreno no aprovechado es una gran noticia para el distrito y la ciudad.

El parque de la discordia tiene el nombre de Parque Bicentenario y es una vieja promesa electoral del hoy alcalde de Miraflores, Luis Molina. Será construido con financiamiento del Gobierno Central, en el marco de las obras por el Bicentenario de la Independencia del Perú, y tendrá un costo de 19,5 millones de soles. El proyecto contempla la siembra de 150 nuevos árboles y 160 mil nuevas especies de plantas en las 3,8 hectáreas que comprende el parque, al igual que el uso de cinco mil metros cuadrados de cemento para la construcción de senderos, miradores y plazas, que representan un 17% del área de intervención.

Erick Baltodano

Ilustración de Erick Baltodano

El parque de la discordia

La primera gran objeción al proyecto es su fuente de financiamiento. Para la historiadora y urbanista Patricia Ciriani, la obra debió ser pagada por el distrito. “Invertir veintidós millones de soles de los peruanos, en un momento de crisis económica, sanitaria y social, en un distrito que ya tiene parques, es una vergüenza. ¿En qué momento se ha decidido dar esta partida presupuestal? El Estado debería invertir esa plata donde realmente se necesita”, explica Ciriani, quien, sin embargo, no está en contra del proyecto. “El Parque Bicentenario en sí es una buena idea, el problema es su ubicación, que pudo haberse hecho en el lado barranquino, donde el acantilado está sin mantenimiento. Ahora habrá cemento que no se justifica, y en cuanto a su acceso, ¿será las 24 horas o permanecerá cerrado en las noches o cuando le plazca al municipio?”.

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Por su parte, el economista José Luna considera que el parque deformará una parte importante de la Costa Verde. “Creo que en esa zona no se ameritaba poner tanto cemento. Se ha debido reforestar, poner áreas más verdes, pero no de esta forma”, comenta Luna, quien cree que este tipo de proyectos se evitarían si se convocara a un concurso de propuestas. “Este tipo de obras deben de convocarse a un concurso, para ver cuál es el mejor proyecto para un espacio público que es de todos. Porque, finalmente, la administración Molina se va a ir y, cuando venga otra gestión y le provoque hacer otra cosa, lo hará. La ciudad no puede estar a merced de los funcionarios de turno. Necesitamos que la Costa Verde tenga una misma visión de acá a quince años. Que los proyectos se hagan consensuados con los ciudadanos”.

Quizá la voz más crítica respecto a la arquitecturización de este espacio sea la de Manuel de Rivero, socio de 51-1 Arquitectos y vecino del acantilado desde hace quince años, quien considera que “el parque refleja una noción de espacio público en el que todo tiene que estar bien en la medida que sea hipercontrolado, que sea extremadamente higiénico, con cámaras de vigilancia, donde todo sea plano, todo sea manicurizado”, explica de Rivero. El arquitecto considera que el debate suscitado por este proyecto debería impulsar una conversación sobre la planificación de los espacios públicos. “En el mundo desarrollado, se busca que el dinero público alcance para poder cambiar cosas, o sea, que racionalice el gasto público y que la inversión genere mayor valor para la ciudad. Esa es una de las principales ventajas de la planificación”.

Respuesta municipal

Ante tantas críticas a un proyecto emblemático de la actual gestión miraflorina, CASAS entrevistó al alcalde Molina y al equipo encargado del diseño del Parque Bicentenario, que considera que la gran mayoría de cuestionamientos no están justificados. Eileen Dancuart, arquitecta paisajista y autora del Proyecto Parque Bicentenario, explica que este será un nuevo espacio de reunión entre los vecinos, y responde a la acusación del uso exagerado de cemento. “Yo entendería aquello de la arquitecturización del espacio si hubiéramos colocado cemento en todo el parque, si tuviéramos la mitad del lugar con plazas y construcciones, pero la realidad es que el 83% del proyecto serán áreas verdes y la intervención de caminos es la mínima indispensable, y responde a criterios de accesibilidad y de aportar estabilidad al alud del acantilado, que actualmente presenta gran erosión”, refiere Dancuart.

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Respecto al debate sobre si las zonas naturales deberían ser intervenidas para generar nuevos espacios públicos o acaso conservados para mantener su valor paisajístico, Doris Aspiazu, subgerente de desarrollo ambiental de la Municipalidad de Miraflores, explica que el proyecto se enmarca en la nueva agenda urbana global, impulsada por la ONU. “No lo dice Miraflores, lo dice ONU Hábitat sobre la creación de espacios ciudadanos: ‘Nos comprometemos a promover la creación de espacios públicos seguros, inclusivos, accesibles, verdes y de calidad, incluidas calles, aceras, plazas, paseos, jardines y parques’. Este proyecto no responde a un capricho, sino a una agenda global que marca la pauta para las ciudades del futuro”, afirma Aspiazu.

Por su parte, el alcalde Molina también defendió el que quizá sea el proyecto más importante de su gestión. “Estamos generando un nuevo espacio público en un lugar que no estaba aprovechado. Y lo hemos hecho cumpliendo todos los requisitos técnicos, ajustándonos a los tiempos, y con el propósito de regalarle al Perú un parque emblemático”, comentó. Respecto a la no convocatoria a un concurso para evaluar diversas propuestas de diseño, el alcalde se justificó. “Hacer un concurso requiere demasiado tiempo. Lo hicimos en la Calle de las Pizzas y ha demorado un montón. Recién hemos comenzado el proyecto, más de dos años después de haber recuperado ese espacio. Si hubiéramos hecho lo mismo con el parque, lamentablemente el proyecto hubiera quedado trunco”, explica Molina.

Por último, ante las críticas por la falta de un acceso seguro a la playa como parte del proyecto, el alcalde se compromete a la construcción de esta rampa, aunque señala que esta se deberá coordinar con la Municipalidad Metropolitana, responsable de estos accesos. “Como alcalde, te digo oficialmente que el acceso se va a hacer. Estamos evaluando dónde exactamente haríamos la rampa, porque somos conscientes de que puede haber un maremoto, y esta puede ser una salida importante para los bañistas”, afirma.

El puente y la playa

Pero si la polémica ya estaba desatada con el proyecto del Parque Bicentenario, el anuncio de la construcción de un puente que uniría los malecones de Miraflores y Barranco provocó aún más reclamos. La afectación al paisaje, un supuesto secretismo en torno al proyecto y dudas sobre la ubicación de este, generaron una serie de cuestionamientos que han terminado haciendo retroceder a la municipalidad, que ahora plantea una discusión sobre la pertinencia de un proyecto de estas características.

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“La idea del Puente Bicentenario era brindar conectividad a los malecones de Miraflores y Barranco. Entendemos que hay opiniones diversas sobre dónde y cómo debe hacerse, por lo que hemos decidido no seguir con el proyecto, al menos durante mi gestión. Lo que haremos será convocar a un foro, un espacio de discusión y debate con la sociedad civil, el Colegio de Arquitectos y universidades, para compartir opiniones y evaluar el proyecto”, explica el alcalde.

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Aunque el Parque Bicentenario ya está en construcción y será, inexorablemente, una realidad en algunos meses, el debate sobre cómo concebir los nuevos espacios públicos y cómo intervenir los espacios naturales está abierto. En medio de tantas idas y vueltas, la decisión de la Municipalidad de Miraflores de impulsar una discusión plural sobre la idoneidad y pertinencia de un puente que una los malecones de Miraflores y Barranco se revela como una conquista de la ciudadanía, que debería exigir participar activamente en la construcción de nuevos espacios públicos de recreo y contemplación.