La diseñadora de interiores Charo Cabrera revivió una casa de campo aportando calidez a través de distintos acabados, donde combinó madera, piedra y ladrillo rococho. Siempre enmarcados dentro de la paleta colonial de la casa, que se ilumina junto a las buganvilias bajo el sol de Cieneguilla.

Por Gonzalo Galarza Cerf / Fotos de Savina Gost

Charo Cabrera

Fue el color de la fachada lo que la llevó a enamorarse de la casa: naranja con carpintería en azul. Era febrero de 2020. Charo Cabrera había llegado a un condominio de Cieneguilla de apenas cuatro propiedades, donde estaba esta casa, no muy grande dentro de un terreno de siete mil metros cuadrados. Una casa que tenía ciertas carencias y problemas, pero que le hizo recordar las casas coloniales, sobre todo de México, país en donde vivió durante casi dos décadas.

Charo Cabrera

“Mi historia está muy relacionada con México. Mis hijos son mexicano-peruanos y, cuando vi la casa llena de buganvilias, me encantaron esos colores y logré convencer a los propietarios de conservarlos”, cuenta Cabrera. La pareja que había adquirido esa propiedad, un empresario constructor y una psicóloga con tres hijos universitarios, era un antiguo cliente de Charo. Había trabajado su casa de Lima, de playa, y ahora era el turno de hacer lo mismo en Cieneguilla. Hasta que llegó la pandemia. Todos los trabajos de Charo se detuvieron, menos este, que siguió adelante.

Charo Cabrera

“Gracias a esta casa estuve muy entretenida y con la mente ocupada en la pandemia, viendo diversos temas que resolver. Un tema era que la casa principal solo tenía la sala y el comedor y no había interiormente un espacio de sala de estar. Así que un dormitorio muy oscuro, colindante con la terraza, lo convertimos en un estar. Abrimos el vano y pusimos una mampara, blocks de vidrio, ladrillo rococho a la pared principal y lo integramos a la terraza delantera. Y el baño lo dejamos para la visita. Así se optimizó el espacio”, detalla la interiorista.

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Charo Cabrera

El deseo del cliente

Los clientes querían una casa funcional, juvenil, fresca y moderna, dentro de lo rústico. No querían muebles antiguos. Más bien, un mobiliario ecléctico. Además, decidieron conservar el piso. En líneas generales, en la casa principal no hubo mayores obras, pero sí se hicieron cambios en los acabados. En la chimenea y comedor, por ejemplo, se agregaron enchapes de piedra y troncos de madera, y se utilizó el ladrillo rococho en la sala y dormitorio principal. También se trabajó el tema de la iluminación, con lámparas colgantes y luz indirecta para crear atmósferas más cálidas.

Charo Cabrera

Las alfombras son de Ámbito Home.

En los exteriores, se agregaron sombrillas de Ámbito junto a la piscina, una barra y bancos a la terraza para poder hacer parrilla de día, y otra terraza posterior con área de parrilla para eventos más grandes. En el centro de este ambiente, destaca una mesa elaborada con un tronco enorme que encontró el propietario en Cieneguilla. “Fue toda una historia transportarlo y convertirlo en mesa. Fue un parto para el carpintero, se le rompían las sierras porque esos troncos vienen con piedras. Se demoró en terminarla, pero finalmente quedó y muy linda”, cuenta Charo.

Charo Cabrera

El pedido para los hijos

Los dueños, una familia que da mucha importancia a que sus hijos vayan y compartan con sus amigos, crearon un ambiente fuera de la casa destinado al área de juegos y un bar-kitchenette, con una salita de televisión, todo sumamente equipado, con luces de neón en caso quieran encender la noche. Un espacio que hoy, en plena pandemia, se ha vuelto vital: “Me llamó mi clienta muy emocionada a contarme que las chicas estaban superfelices y que le habían agradecido por haber pensado en todo lo que les gusta. Eso me llenó de satisfacción”.

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Charo Cabrera

Esta zona cuenta con dos habitaciones para invitados, y además, en el exterior tiene una linda plazuela con pileta y un área de baños comunes diseñados para cuando se celebre un evento. “Más adelante, la idea es tener animales, como gallinas, y un huerto. Fue muy divertido escuchar las discusiones sobre qué se debía criar”, dice Charo, quien para concluir su trabajo tuvo que pasar algunas noches en la casa por el toque de queda. “Te digo, este trabajo fue mi salvación en pandemia”, agrega la interiorista. Y para la pareja con hijos que la habita hoy, también.

Charo Cabrera

Artículo publicado en la revista CASAS #292