Un recorrido internacional por espacios de lectura donde arquitectura, coleccionismo y autoría contemporánea definen residencias de moda, literatura, fotografía y arte, convertidas en mapas estéticos personales

Por: Redacción COSAS

Milán: italianidad curada por Beretta y Venturini

En su piso cerca del Arco della Pace, Carlo Alberto Beretta (Tod’s) y Jacopo Venturini (Valentino) recuperaron una planta noble de 1920. Bajo paneles y alfombras emergió una estructura Liberty que hoy enmarca su biblioteca. Un botiquín de Amberes preside el conjunto; sobre mármol verde, plantas talladas y papel maché. Con piezas halladas junto al anticuario Maurizio Epifani, priorizan mobiliario italiano del siglo XX. Venturini define el criterio: «Siempre buscamos que la italianidad sea el elemento que une las piezas».

El mueble chinoiserie lacado y dorado procede de la Villa della Regina de Turín.

Los Ángeles: el refugio de Anaïs Nin en Silver Lake

La biblioteca añadida tras su muerte conserva primeras ediciones y la atmósfera del “gran estudio” que imaginó. Maderas contrachapadas, alfombra lila y una paleta malva sostienen un espacio íntimo con libros, cartas y objetos de viajes. En su diario describió la casa: “Tenía la sensación de espacio de las casas japonesas… todo cielo, montañas, lago, como si uno viviera al aire libre”; añadió: “Sin embargo, el techo, sostenido por sus pesadas vigas, daba una sensación de protección”.

La biblioteca se construyó después de 1977 y reúne primeras ediciones junto al estudio original.

Manhattan: 4.500 libros en el apartamento de Peter-Ayers Tarantino

En el Upper East Side, el diseñador y coleccionista ordena más de 4.500 volúmenes entre estanterías, pilas y mesas. Conviven arte sudamericano, historia del interiorismo y Ballets Rusos. Tarantino señala una litografía: «Ella hizo una de mis pinturas favoritas, ‘Globos Amarillos'». Entre páginas guarda recortes y fichas con procedencias. El vestíbulo reúne un arcón japonés, bustos moriscos y un espejo colonial.

En el apartamento de 102 m² de Peter-Ayers Tarantino, algunas tarjetas dentro de los libros registran cuántas veces cada ejemplar fue leído.

Lago de Como: gabinete de curiosidades de Giorgio Taroni

Al norte de Milán, en una villa familiar, Taroni organiza una biblioteca de más de 10.000 volúmenes dentro de un museo doméstico de pinturas, monedas y postales. Una escalera de castaño serpentea junto a mesas Imperio y estanterías. El relato familiar aporta contexto: “Crecer aquí fue maravilloso y extraño a la vez”, recuerda su hijo Guido; “Era una vida de pueblo”.

La propiedad, de 840 m², se construyó a inicios del siglo XX por el industrial de la seda Ettore Taroni.

Melbourne: luz y sombra en la casa-estudio de Bill Henson

En Northcote, Henson y la pintora Louise Hearman reconvirtieron antiguos establos en vivienda y archivo. El estudio modela la iluminación con persianas y lámparas. El fotógrafo explica: «ayudar a dar forma a una habitación»; concluye: «Puedes matar una habitación o hacerla hermosa solo con luz». Miles de libros ocupan estantes sin catálogo, organizados por afinidades: «grupos y matorrales de asociaciones».

El suelo del entrepiso se realizó con jarrah recuperado, madera de Australia Occidental.

TriBeCa: un loft donde el arte organiza la biblioteca

El galerista Peter Freeman y la conservadora Lluïsa Sàrries Zgonc adaptaron un loft de 1854 con el arquitecto Landon Brown. Se creó una biblioteca a partir de un dormitorio, con suelos de roble y un escritorio de Donald Judd. Entre obras monumentales, Freeman aclara: «Parece normal ahí»; «pero en realidad es una pintura gigante».

La biblioteca conserva la colección completa de la revista October desde su primer número de 1976.

Patmos: una capilla convertida en biblioteca

En Chora, dos diseñadores restauraron una casa histórica eliminando añadidos contemporáneos. La antigua capilla, ahora biblioteca, integra una escalera abuhardillada en tonos ocres. El proyecto dialoga con siglos de intercambio cultural en el Dodecaneso, entre Venecia, Estambul y El Cairo.

La capilla de la casa de huéspedes no está consagrada y funciona como sala de lectura principal.

Greenwich, Connecticut: el laboratorio doméstico de Nathalie Farman-Farma

En la casa familiar frente al Long Island Sound, la diseñadora textil reescribió interiores con referencias que van de cerámicas uzbekas a cuentos rusos. Declara su postura estética: «Evidentemente, no tengo mucho interés en lo moderno ni en lo minimalista». La biblioteca integra textiles propios y manteles persas, funcionando como archivo etnográfico vivo.

La pantalla de la lámpara se confeccionó con voile de lino polonesa de Décors Barbares.

Baja Engadina, Suiza: una biblioteca con claroscuro barroco

Studio Peregalli restauró una casa del siglo XIX cerca de St. Moritz, incorporando una biblioteca panelada con volúmenes de los siglos XVII al XIX. La sala se ordena en torno a «Cristo ante Pilatos» de Matthias Stom; la luz matinal genera un claroscuro que recorre los ambientes.

El proyecto recuperó la técnica de esgrafiado en muros del vestíbulo central.

Brooklyn: equilibrio entre austeridad y abundancia

En Bedford-Stuyvesant, el coleccionista Michael Brown y el diseñador Duy Pham organizaron una biblioteca con un armario giratorio de Shiro Kuramata. Brown confiesa: «Ojalá pudiera ser de esas personas que pueden comprar algo, vivir con ello, tirarlo y seguir adelante. Pero no puedo».

El pañuelo de seda sobre la chaise longue LC4 funciona como separador visual dentro del espacio.

Galicia: restaurar sin dañar en Pazo de la Cuesta

En la finca familiar, Manuel Bellod Álvarez de Lorenzana recupera la casa solariega con mínima intervención. La biblioteca, de suelo a techo, permanece casi intacta; solo se añadieron tapices procedentes de la vivienda madrileña. El programa acompaña la modernización del viñedo sin alterar la memoria arquitectónica.

La torre este unifica cuatro habitaciones en un apartamento independiente con biblioteca continua.

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