El jinete olímpico abre las puertas de su departamento en San Isidro, un espacio donde la luz natural, el arte peruano y el mundo ecuestre conviven con total naturalidad.

Por: Renzo Espinosa Mangini | Fotos: Isabela Díaz

Al entrar al departamento de Alonso Valdez, lo primero que se siente es la luz natural. Llega desde un balcón amplio que recorre la sala y el comedor y se abre hacia un parque de San Isidro, integrando el exterior con todo el espacio social de la casa.

Las paredes están llenas de cuadros. Hay obras de artistas nacionales como Luis García Zapatero y José Tola, junto a nombres internacionales como Pier Stockholm o David Urban. En varios de ellos aparecen formas de caballos, casi como una firma personal. No es casual: la vida ecuestre de Valdez atraviesa la casa sin imponerse, pero marcando el ritmo.

La luz natural entra desde el balcón y conecta la sala

El comedor integra obras de arte, mobiliario contemporáneo y piezas con valor familiar.

Detalles ecuestres aparecen en distintos rincones, como parte natural del recorrido.

Detalles ecuestres aparecen en distintos rincones, como parte natural del recorrido.

Un gran cuadro marca el ritmo del espacio y refuerza la presencia del movimiento ecuestre.

El banco rojo del hall, regalo de sus hermanos, aporta color y carácter desde el ingreso.

Kenna, su mascota, aparece y desaparece mientras el recorrido avanza. En el hall de ingreso, un banco rojo intenso rompe cualquier neutralidad. Es un regalo de sus hermanos y funciona como primera declaración: aquí el color importa y las piezas tienen historia.

La casa se fue armando con el tiempo. Obras heredadas, objetos familiares y hallazgos que se fueron sumando. El montaje, a cargo de Raffaella Maggiolo, ordena el conjunto con naturalidad: pintura moderna peruana como eje, diseño contemporáneo alrededor y pequeños acentos de platería virreinal que suman capas sin volver el espacio pesado.

Repisas cuidadosamente dispuestas exhiben trofeos y recuerdos de su carrera deportiva.

Repisas cuidadosamente dispuestas exhiben trofeos y recuerdos de su carrera deportiva.

La sala reúne arte peruano y piezas internacionales en un montaje vivido y sin rigidez.

La sala reúne arte peruano y piezas internacionales en un montaje vivido y sin rigidez.

La luz natural entra desde el balcón y conecta la sala con el parque de San Isidro.

La luz natural entra desde el balcón y conecta la sala con la vista de San Isidro.

En la sala, el arte convive con muebles de color y una vista abierta al parque, siempre presente. El comedor reúne piezas con valor afectivo, como una alfombra heredada de su madre y un gran cuadro ecuestre que domina el ambiente sin estridencias. Y en la sala de descanso, repisas bien pensadas exhiben los trofeos conseguidos a lo largo de los años.

El arte marca el recorrido del departamento y conecta los espacios con naturalidad y carácter.

El arte marca el recorrido del departamento y conecta los espacios con naturalidad y carácter.

El dormitorio mantiene una paleta neutra y relajada, donde el arte acompaña sin robar protagonismo al descanso.

El dormitorio mantiene una paleta neutra y relajada, donde el arte acompaña sin robar protagonismo al descanso.

La casa de Alonso Valdez no busca impresionar. Se deja recorrer con la misma naturalidad con la que fue diseñada: a partir de la luz, del arte y de una pasión que, como los caballos en sus cuadros, siempre está en movimiento.

Suscríbase aquí a la edición impresa y sea parte de Club COSAS.