En estos momentos, Bernardo Fort Brescia –arquitecto de talla mundial– desarrolla un puerto en el sur de China, una ciudad en Vietnam y una megalópolis en Abu Dabi, además de proyectos en cerca de sesenta ciudades del mundo. En medio de esa agenda, hace una pausa para compartir su visión sobre Las Begonias y otros espacios del Perú, y la necesidad de crear barrio con edificios que integren los hábitos de vida en un solo ámbito.

Por: Isabel Miró Quesada y Renzo Espinosa Mangini | Fotos: Raquel Foinquinos y Sergio Rome

La mañana está despejada en Lima, y desde el piso 30 del Westin la ciudad se deja contemplar casi por completo. Bernardo Fort Brescia nos recibe distendido, con curiosidad y ganas de conversar. Se acerca a uno de los ventanales de la suite donde nos encontramos y observa los alrededores como si leyera en ellos el potencial de activar nueva vida urbana. En su manera de entender la arquitectura, el objetivo es que cada proyecto funcione como un núcleo capaz de articular vivienda, trabajo, servicios, movilidad y espacio público en un mismo entorno. “Un edificio no es un objeto aislado; es parte de la vida que lo rodea”, comenta.

A lo largo de su trayectoria, que abarca proyectos en distintas partes del mundo –incluyendo desarrollos urbanos, ciudades y obras de infraestructura–, ha sostenido una misma línea de trabajo: construir espacios donde la gente pueda vivir, trabajar y disfrutar de manera integrada. Cofundador de Arquitectonica, firma nacida en Miami en 1977 y hoy convertida en un estudio global con proyectos en cincuenta y nueve países, su obra se ha desplegado en ciudades como Nueva York, París, Shanghái o São Paulo. Fue en sus primeros años en Miami, cuando la ciudad aún tenía carácter de balneario, donde empezó a trabajar esta idea: proyectos que actuaran como centros capaces de activar vida urbana, desarrollar barrios y, con el tiempo, construir ciudad.

Bernardo Fort Brescia observa el avance de Torre Rosales, un proyecto de 22 pisos y cerca de 30.000 m² de oficinas clase A. Ofrecerá más de 500 estacionamientos, terraza en la azotea, centro de convenciones, salón de usos múltiples, restaurantes, cafeterías, gimnasio, comedor de 750 metros cuadrados y una plaza central al aire libre.

Esa visión se expresa tanto en sus proyectos internacionales como en Lima. En San Isidro, iniciativas como Paseo Begonias apuntan a transformar un distrito financiero en un entorno más habitable. En sus palabras, es “una manera de hacer barrio”, es decir, generar espacios donde la gente no solo trabaje, sino también viva y lo haga parte de su día a día.

Es la misma lógica que guía proyectos en desarrollo como la Torre Rosales, concebida para integrar oficinas, comercio y espacios de encuentro, y consolidar lugares pensados para la vida urbana cotidiana.

Bronx Musem of Arts, Nueva York.

–Cuando te graduaste de la universidad, ¿pensaste volver al Perú? ¿Por qué te quedaste en Estados Unidos?

Bueno, quería hacer prácticas. Tú sabes, todo el mundo que estudia siente que no es suficiente y quiere tener experiencia en una oficina, en algo ya no académico. Pero no había trabajo. Entonces acepté el puesto de profesor en la Universidad de Miami porque pensé que desde ahí podía ver otras cosas.

Creo que de cualquier circunstancia uno puede sacar algo mejor. Miami en ese momento era un balneario, un lugar pequeño, sin mayor ambición. Todos mis compañeros querían trabajar en grandes firmas en Nueva York, Chicago, San Francisco o Londres, pero no había oportunidades.

Sede de Microsoft Europa, París.

Yo tomé el puesto inmediatamente porque no quería quedarme sin hacer nada, solo buscando trabajo. Así fue como empecé. Y como te digo, de cualquier situación puedes construir algo.

–¿Eso es algo que has mantenido a lo largo de tu carrera?

Sí. Tener una actitud positiva, pensar que siempre hay algo nuevo que puedes hacer. No puedes quedarte esperando a que llegue el proyecto. Yo salía a buscarlo.

Caminaba, observaba qué estaba pasando, escuchaba quién estaba desarrollando algo. Así conseguí mis primeros proyectos. En uno de ellos escuché que un desarrollador en Nueva York había comprado un monasterio para hacer un proyecto. Fui a Nueva York, me presenté, me invitó al concurso y lo gané.

“La gente que vive en un lugar es la que realmente crea barrio; sin residentes, la ciudad no termina de activarse. Son ellos quienes le dan vida cotidiana, activan el comercio y convierten el espacio en comunidad”.

Pero fui a buscarlo. Tienes que estar siempre atento. Al final, el arquitecto es solo una parte de todo. Tiene que haber un desarrollador, financiamiento, un terreno. Si no te conectas con todo eso, solo haces dibujos, pero no construyes edificios.

Yo siempre reconozco a mis clientes, porque gracias a ellos los proyectos se hacen realidad.

Sedes del Agricultural Bank of China y del Construction Bank, Shanghái.

–Pero sí has salido a buscar ese éxito.

Claro. Y si me llaman para un proyecto, voy. He trabajado en más de cincuenta países y he ido a todos esos lugares.

Para diseñar, tienes que entender el sitio, conocer el terreno, al cliente, el clima, el entorno, cómo vive la gente. Todo eso es parte del proceso. Por eso siempre voy personalmente.

Brickell City Centre, Miami.

Brickell City Centre, Miami.

–Me da la impresión de que, así como estás haciendo proyectos tan grandes ahora, como este puerto en China, también haces proyectos pequeños.

Nunca hay proyecto chico. Hago casas; por ejemplo, acabo de terminar una en Lima. Y ahora, en marzo, inauguramos el nuevo Museo del Holocausto en Miami. Es un proyecto pequeño, pero muy interesante.

No soy judío, pero aprendí muchísimo sobre esa historia. Es un museo educativo, con experiencias inmersivas, no solo fotos. Hay figuras tridimensionales que te hacen sentir dentro del lugar.

Testimonio II Residences, Mónaco.

Incluso fui a Polonia para entender mejor el contexto. Eso es lo interesante de esta profesión: cada proyecto te obliga a aprender, ya sea de historia, arte, política, medio ambiente. Siempre estás incorporando conocimiento.

–¿Cómo has incorporado la historia local en los edificios?

Siempre me ha interesado que un edificio tenga una historia. Como una novela, necesita una base, un tema, una trama. Uno puede ver el hueco, la escalera, la cuadrícula. Pero la idea nace de un barrio horizontal de casas. Ese barrio se rezonifica para crear un centro urbano donde la gente pueda vivir y trabajar.

Crear barrio es el verdadero desafío de la arquitectura: “La gente que vive en un lugar es la que realmente activa la ciudad y le da vida cotidiana”.

Entonces pensé: ¿qué pasa si ese barrio lo llevas a lo vertical? Las calles se convierten en corredores y ascensores. Y faltaba la plaza. Por eso saco un volumen del edificio y creo ese vacío, que funciona como espacio de encuentro. La escalera es la escultura, el agua es la fuente. Incluso la cuadrícula azul tiene una función: protege del sol. Es una solución funcional, ecológica y también narrativa.

Siempre busco que haya una razón detrás del diseño. No basta con decir “me gusta esta forma”. Tiene que haber algo más. Incluso en Tambo del Inka, en el Valle Sagrado, mantuve la casa que existía en el terreno, que pertenecía al explorador que llegó a Machu Picchu. Hoy es el club del edificio. Es un fragmento de historia que se conserva. Cada proyecto tiene una historia, aunque a veces sea más sutil.

Mount Parker Residences, Hong Kong.

–¿Cómo abordas el diseño de proyectos como los de Asia? Da la impresión de que allí son pioneros en desarrollar edificios de usos mixtos, donde conviven hoteles, oficinas, bancos y viviendas en un mismo espacio.

Sí, en muchos casos es así. En ciudades como Hong Kong, donde el espacio es muy limitado, un solo edificio concentra múltiples funciones: puede haber un hotel en los niveles superiores, oficinas o bancos en otros pisos y viviendas en el resto. Sin embargo, esta idea no es del todo nueva.

En realidad, tiene antecedentes en ciudades europeas como París, donde los primeros niveles siempre han estado destinados a actividades comerciales, mientras que los superiores combinan oficinas o residencias. La diferencia es que en Asia esa mezcla se lleva al extremo dentro de un mismo edificio, mientras que en Europa suele darse más a escala de barrio.

Atlantis, Miami.

–Y está también esta importancia, desde el punto de vista urbano, de crear barrio, de crear un espacio donde uno pueda disfrutar de todo lo que implica el día a día: trabajo, servicios, entretenimiento.

Exacto. Todos los arquitectos queremos ser urbanistas, pero no siempre diseñamos ciudades completas. Aun así, cualquier proyecto puede ser el inicio de un barrio. Un edificio puede convertirse en el primer paso de algo mayor. Luego vienen otros proyectos, de otros arquitectos, y así se va construyendo el conjunto. Si no existe contexto, uno puede ayudar a crearlo. Puede ser el punto de partida de un nuevo distrito.

Banco de Crédito, Lima.

–Como en Miami, por ejemplo.

Así es. Cuando llegamos a Miami, era todavía una ciudad pequeña. Nos interesaba ayudar a construir una identidad que aún no estaba del todo definida. Pensábamos en cómo darle, al mismo tiempo, un carácter moderno y tropical, y en crear edificios que solo pudieran existir ahí: que uno los vea y sepa que están en Miami, no en París ni en Nueva York.

Esa idea de identidad era fundamental. De ahí surge el Atlantis, que luego aparecería en la película “Miami Vice”. Pero incluso antes, a los 23 años, había diseñado una casa rosada que salió en “Scarface”. Esa obra tuvo mucha visibilidad: apareció en revistas y programas de televisión, y marcó un primer momento importante.

–Eso se siente ahora con Paseo Begonias, en San Isidro.

Claro. Primero hubo un edificio de oficinas, luego un hotel, después otros edificios, y ahora el paseo. Poco a poco se va formando un distrito. El urbanismo también necesita tiempo. No puedes tener calle sin edificios, ni restaurantes sin gente. Todo se va construyendo progresivamente.

Inter Miami CF Stadium y Miami Freedom Park, Miami.

–Pensamos también cómo podría ser una mirada hacia el centro del país, algo así en Huancayo o Arequipa, que pueda empezar a crear nuevos barrios en ciudades que han estado creciendo.

Por supuesto. En cualquier ciudad se puede generar un punto de inicio que luego crezca. El centro de Lima, por ejemplo, tiene mucho potencial: tiene estructura urbana, plazas, historia. Pero necesita residentes. La gente que vive en un lugar es la que realmente crea barrio.

–¿Y se puede hacer espacio residente mixto también?

Claro. Cuando hay residentes, aparecen restaurantes, tiendas, servicios. La gente camina, usa el transporte, interactúa. Lo ideal es que haya actividad durante todo el día: semana, noche y fines de semana. Para eso se necesita una mezcla de usos.

Bernardo Fort Brescia, con el Westin –uno de sus proyectos más emblemáticos en Lima– como telón de fondo, enmarca su mirada sobre una ciudad que también ha contribuido a transformar.

–También hay otros barrios que se han ido transformando.

Sí. Muchas ciudades han transformado barrios. Soho en Nueva York, por ejemplo, pasó de ser industrial a residencial, artístico, comercial. A veces todo empieza con un solo proyecto: un restaurante, un bar, un espacio cultural. Eso atrae gente y empieza a generar identidad. Yo mismo empecé en Wynwood renovando un galpón. Después vinieron viviendas, oficinas, más proyectos. Todo suma, desde lo pequeño hasta lo grande.

En estos casos que mencionas, con este cliente que hizo todos esos procesos de rezonificación y de gentrificación, ¿es una mezcla de la voluntad del desarrollador y de la autoridad local?

Empieza con visión. Una persona que ve el potencial, que se atreve, que no tiene miedo. El miedo es lo más peligroso. Uno puede fallar, pero si no intenta, no.

International Finance Center (IFC), Seúl.

–En el caso nuestro, con el tráfico que tenemos, sería aún más interesante que hubiera distintos núcleos.

Claro. Lo ideal es vivir cerca del trabajo. Eso reduce el uso del auto y mejora la calidad de vida.

–Y sentados aquí, en este hotel, que cambió también el turismo en esta zona, ¿cómo influye eso en el barrio?

El hotel atrae distintos tipos de turismo. No solo de negocios, también de ocio. Genera movimiento, la gente se hospeda, baja, consume en el entorno. Tiene un efecto multiplicador. Además, en este caso, el spa se ha convertido en un destino en sí mismo.

Pink House, Miami.

–Me parece que había un punto más: esto de hacer lo mejor de cada lugar, y también como mensaje para la juventud.

Sí. Es muy importante. Muchos jóvenes creen que necesitan irse a otro lugar para tener oportunidades, pero en cualquier lugar se puede hacer algo. También escucho mucho que se espera que todo venga desde afuera. No es así: puedes empezar por ti mismo y hacer que las cosas sucedan. •

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