El formato caótico, la crisis de financiamiento privado y una dinámica que promueve la viralización de insultos dispersará aún más el voto
Por: Isabel Miró Quesada
La enredada serie de debates presidenciales 2026 es tan confusa como decepcionante. El formato es extraño, los moderadores tienen un claro sesgo y los tiempos no ayudan. Pero el principal problema es la enorme cantidad de candidatos que solo terminan por enrarecer la dinámica.
Tener una treintena de candidato implica varios problemas logísticos. Primero, seis fechas, dos bloques por fecha y cuatro subgrupos. Eso es demasiado, incluso para el elector más obsesivo con la campaña electoral.
El otro problema es económico. Hay al menos una decena de candidatos que no tiene recursos ni hace campaña. Consiguieron el dinero de la franja, cobraron el cupo a sus candidatos a senadores y ahora solo buscan hacer caja. Y no piensan gastar esa plata en una campaña donde no tienen oportunidades. Y entonces, lógicamente, aprovechan el debate para golpear al candidato de arriba. A cambio de algo que les ofrezca el rival de su rival, por supuesto.
Esta campaña ha desnudado la enorme desigualdad que nos ha dejado la legislación electoral. Por un lado, están los candidatos con dinero, recursos, y contactos. Usted sabe quiénes son: tienen universidades, empresas y han invertido grandes cantidades en sus respectivas estrategias digitales.

Hoy se acaba la primera ronda de debates presidenciales del JNE.
Por el otro lado, tenemos a los candidatos que ya tiraron la toalla. No tienen recursos ni cifras optimistas en las encuestas, ni en las serias ni en las otras. Y sobre todo, no tienen nada que perder. Por eso insultan y atacan: para salir del anonimato.
Esta desigualdad se traduce en los debates: los que están arriba en las encuestas dan propuestas mientras que los que están abajo atacan. Los que tienen recursos exponen sus planes de gobierno, mientras los que no tienen financiamiento esperan convertirse en memes o virales de TikTok. Y en ese afán por convertirse en trending topic no escatiman insultos o difamaciones. Después de todo, es su última oportunidad antes de desaparecer de la campaña electoral.
Por eso los debates son tan irregulares y accidentados. Y el nivel argumentativo es pobre.
Hay excepciones, sin duda. Pero esos pocos momentos articulados de ideas y propuestas solo lograrán, en el mejor de los casos, esparcir aún más el voto entre candidatos del rubro “Otros”. Dividirlo entre nuevos rostros para las masas como Marisol Pérez Tello o Carlos Espá. Y eso, finalmente, solo generará que más candidatos se aglutinen en la segunda fila de aspirantes al sillón presidencial.
Y en paralelo, los de arriba podrían bajar, producto de la andanada de ataques e insultos que reciben.
Si hay alguien a quien culpar por esta disparidad caótica traducida en un debate pobrísimo es sin duda los autores de la legislación electoral, quienes han fomentado la desigualdad en el financiamiento de campaña. Y a los fiscales del Equipo Especial, esos que satanizaron el financiamiento privado en campaña y nos dejaron a merced de las economías ilegales. Gracias a ellos, muy pocos empresarios se han atrevido a financiar propuestas serias y opciones políticas formales. Y por eso tenemos hoy lo que tenemos.
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