El candidato de ochenta años reaparece en la campaña electoral con sus viejas mañas y un nuevo público incauto antiestablishment

Por: Isabel Miró Quesada*

¿Cómo explicar el fenómeno Belmont? Hay más de un argumento para describir el relativo éxito de su campaña electoral.

Según la última medición de Datum antes del absurdo apagón de encuestas, Ricardo Belmont tenía 5.5% y su tendencia iba al alza. El exalcalde de Lima probablemente ha seguido subiendo. Y quién sabe, podría incluso llegar a la segunda vuelta.

Desde que fue el asesor de Pedro Castillo, Belmont ha disputado sin cesar el legado del sombrero. Sobre todo negociando con Vladimir Cerrón y criticando el rol de Roberto Sánchez, su rival en esta declaratoria de herederos. Belmont ha subrayado una y otra vez que Sánchez traicionó a Castillo, no solo votando en abstención sino haciéndole el juego al Congreso que lo vacó y votando junto a la “mafia congresal”, repitiendo la narrativa de la izquierda.

Su presencia en las encuestas también obedece a su constante aparición en los medios alternativos de la televisión digital, especialmente en los que se ven en provincias y en la periferia de Lima. Desde allí, no solo critica a Sánchez, sino que sirve de contrapeso a la narrativa derechista de Willax, PBO (señal que disputó con Phillip Butters). Bien ubicado en el voto joven, Belmont ha logrado reinventarse en una especie de candidato antisistema.

“Y con esa vieja maña política, quiere repetir el plato ante una juventud incauta que no sabe de sus denuncias, escándalos, deudas por pagar y demás ropa tendida”.

Desde allí emana un discurso nacionalista, xenófobo, machista, homofóbico y misógino que increíblemente ha pegado en la juventud. Como cuando dice que “podríamos meterle un balazo a una mujer que aborte” o que el amor entre dos personas del mismo sexo “no es natural”. La explicación estaría en que es un voto de protesta «alpinchista» mezclado con algo de cinismo y nihilismo. Un fenómeno parecido al voto disruptivo por el Frepap de algunos jóvenes el 2020.

Un relato anti establishment que expresaría una especie de voto de hartazgo, chongo y chacota juvenil. Para eso también le sirve su hija, una muy popular influencer en TikTok que capitaliza a sus seguidores para favorecer al candidato. Ella ha sido su arma secreta digital que hace unos meses no existía, pero que ahora sirve para arriar a la juventud digital con su carisma 2.0.

Belmont tiene a su favor varias décadas de experiencia en televisión, como broadcaster y como conductor. Y también tiene el expertise de haber sido el primer outsider peruano, incluso antes que el propio Alberto Fujimori. Belmont fue antifujimorista para luego ser cómplice de la dictadura. Y así se fue cambiando de camisetas hasta arribar al cerronismo-castillismo de ahora, dando un círculo ideológico sobre sí mismo. Y con esa vieja maña política, quiere repetir el plato ante una juventud incauta que no sabe de sus denuncias, escándalos, deudas por pagar y demás ropa tendida. Ya empezó pidiendo unyapetón para el ‘Hermanón’”, repitiendo desde la esfera digital el esquema piramidal que implantó con el viejo canal RBC. A no dejarse engañar.

(*) Editora general de la revista COSAS.

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