La Berlinale premia coherentemente la sátira ‘pornográfica’ de Radu Jude con el Oso de Oro. La mordacidad de ‘Bad Luck Banging or Loony Porn’, una fábula desangrada sobre la obscenidad en red, es la pertinente triunfadora para un festival ‘online’.

Por Alejandra Grau

El director rumano Radu Jude recibe el Oso de Oro en la Berlinale. 

El director rumano Radu Jude recibe el Oso de Oro en la Berlinale. 

Todo tiene sentido. Recientemente le preguntaban al director rumano Radu Jude por cómo se imaginaba un mundo sin todas las miserias que retrata en buena parte de su cine en general y en su último trabajo muy en particular. Su respuesta fue una cita de Jean Genet: “No me pregunten en qué mundo me gustaría vivir. No quiero vivir en un mundo diferente, solo quiero estar en contra”. Y efectivamente, la hasta cierto punto sino del todo justa sí extremadamente coherente ganadora del Oso de Oro ‘Bad Luck Banging or Loony Porn‘ (algo así como ‘Mala suerte follando o porno chiflado’) es básicamente una película lanzada a la mandíbula de cualquiera de los espectadores rumanos o no tanto. Hasta el más sonoro y evidente de los K.O.s técnicos.

La coherencia del streaming en un mundo pandémico

El jurado formado por hasta seis ganadores en Berlín de ediciones precedentes de la Berlinale se decidieron de este modo por cuadrar un bonito y virtuoso círculo. La cinta compone en forma de tríptico las consecuencias, por así decirlo, de un vídeo doméstico sexual convertido de repente en viral. La escena de marras (una felación) se ve antes de los títulos de crédito y se propone como paradigma de lo obsceno. Pero cuidado, lo verdaderamente procaz, y sin ser tan gráfico, viene después. Por lo tanto a una edición que ha transcurrido íntegramente en un ‘streaming‘, que a su modo a pugnado por hacerse voraz y obscenamente viral, le corresponde la película que mejor resume a la edición 71 del Festival de Berlín y, quién sabe, a todos nosotros.

Imagen de 'Bad Luck Banging or Loony Porn', ganadora de la Berlinale.

Imagen de ‘Bad Luck Banging or Loony Porn’.

El director ya se había significado con anterioridad por su precisión en el retrato de lo que no admite más retrato que la desesperación y el vacío. Películas como ‘No me importa que pasemos a la historia como unos bárbaros’ se levantaba como una prodigiosa construcción metacinematográfica que desnudaba cada rincón de una historia en fase de desmoronamiento. Mucho antes, ‘Aferim!’ ya ganó el premio al mejor director también en la Berlinale. En ‘Uppercase print’, del año pasado, la capacidad para regar de ácido cada fotograma llegaba de la mano de la historia de un adolescente empeñado en escribir con tiza toda su rabia contra el régimen de Ceausescu.

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‘Bad Luck Banging or Loony Porn’

Ahora, lo propuesto es tan demoledor como libre de marca. Las tres partes que la componen sigue cada una su propia gramática. En la primera, la cámara acompaña a la protagonista en su angustia por las calles de Bucarest. Ella es señalada con la misma inmisericordia que lo son los que señalan. El segundo acto es un boceto de inspiración ‘benjaminiana‘, compuesta a retazos, donde las imágenes funcionan a modo de enciclopedia simbólica de nuestro tiempo. Por cada aforismo, una pedrada. Sin duda, la parte más agresivamente lúcida. En la última parte, la viralizada maestra, eso es, comparece ante el tribunal. En la segunda parte quizá está todo contado. Y todo destruido. A la contra.

El resto del palmarés, cumplió con buena parte de lo bueno exhibido. El Gran Premio del Jurado de la Berlinale fue para Ryusuke Hamaguchi por el otro tríptico que se vio en la competición: ‘Wheel of Fortune and Fantasy’. El director japonés compone con una delicadeza que es también hondura una deslumbrante descripción de los vértigos de la clase media, sus mediocridades y sus angustias. El galardón a la dirección fue para el húngaro Dénes Nagy por su drama a vueltas de los desastres de la Segunda Guerra Mundial ‘Natural light’. Una especie de vuelta a los confines de ‘La delgada línea roja‘, de Malick, tanto en forma como en contenido tan absorbente como conscientemente premiosa y grave. Demasiado quizá.