No son necesarios más de cinco minutos ante Franco Cabrera, Guillermo Castañeda y Manuel Gold, para tener claras algunas cosas. Primero, que se conocen demasiado, pues las mejores anécdotas de cada uno ya son conocidas por los otros. Segundo, que tienen mucha química: sus bromas y sus chistes, todos espontáneos, parecen parte de un gracioso guion ensayado milimétricamente. Y tercero, que no vas a poder mantenerte serio frente a ellos. Por más que lo intentes.

Nos juntamos con los tres a propósito del regreso de ¡Oh por Dios!, comedia en la que repasan las historias de la Biblia con el humor que tanto los caracteriza y que este 2 de agosto ha vuelto a ser puesta en escena en el Teatro Ricardo Palma. Y sí, antes de comenzar con la entrevista ya nos sentíamos en un espectáculo cómico de gran nivel.

¿Qué tan difícil ha sido para ustedes interpretar sólo entre los tres más de sesenta personajes?
Manuel: Es complicado porque cada personaje no sólo necesita una construcción física y vocal particular.
Guille: Pero el trabajo era paja porque siempre te retabas a no repetirte. Entonces tenías que cambiar a voces distintas. En un momento Franco y yo hacemos de los doce apóstoles y teníamos que recurrir a voces como la de Barney.
Manuel: O la de Mickey Mouse.
Franco: O la de Homero Simpson (risas).

¿Qué referentes fueron usando para la creación de los personajes?
Franco: Yo utilizo referentes visuales particulares, concretos. Pero ellos se burlaban de mí. Por ejemplo, cuando construí a Eva, la construí basada en Magaly Solier y era una imagen que a mí me ayudaba mucho. Y hay veces que en el escenario puedes ver a la referencia exacta y en otras no reconocer.
Manuel: Yo creo que hay de todo…
Guille (interrumpiendo y señalando los pies de Manuel): Hay pantuflas…
Manuel: Ah, sí, estoy con pantuflas, perdón… Pero sí, hay cosas originales que no se parecen a nadie y también hay personajes que te pueden hacer acordar a otros. Y de ahí hay otros que están claramente basados en gente que existe. Y es a propósito. Para que la gente pueda reconocer a esa persona.
Guille: A mí me pasó que yo no llegaba a encontrar a Moisés y era simplemente yo. Hasta que en un momento comencé a ver que el pata estuvo cuarenta años caminando en el desierto y, jugando un poco con nuestra directora Rocío Tovar, elaboré a un loco que hablaba y no se le entendía. Y ahí nació.

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De los personajes que interpretan, ¿a cuáles les agarraron más cariño?
Manuel: Yo escojo a dos. Al faraón de Egipto y Abraham. Me divierto bastante con ellos.
Guille: Yo elijo a Moisés y María. Moisés porque tiene una historia en la que tiene que pasar por diferentes situaciones. Y María porque es María.
Franco: Yo a Judas Iscariote. Porque es humano. Porque fue un error lo que cometió. Con Manuel llegamos a la conclusión de que el pata no sabía muy bien lo que estaba haciendo. Le dice que sí a todo y de pronto se da cuenta que está besando a Jesús y lo está entregando y está recibiendo monedas por eso…

Y al margen de la elaboración de personajes, ¿qué tan complicada es la puesta en escena por el despliegue físico?
Manuel: Eso sí es algo que no puedes prever. Porque en los ensayos se hace una parte de la obra y luego otra y luego otra. Hasta que te das cuenta que tienes 20 escenas y llega el momento de “ahora hacemos la pasada completa”. Y esa pasada es lo peor que nos puede pasar. Casi nos morimos. Cuando llegamos a la parte de Jesús y Barrabás llegamos con nuestra última reserva de oxígeno.
Franco: Lo más gracioso es que conocemos la historia de inicio a fin. Entonces cuando llegamos a Moisés sabemos que vamos por la mitad y pienso “¡estamos por la mitad, nooo!”.
Guille: Cuando viene la parte de los títeres yo digo “¡nooo, mueeerooo!”.
Manuel (suavizando su voz): Qué feo, yo digo “bien, todavía falta y puedo divertirme un montón con mis amigos y con el público, porque yo sólo trabajo y mi recompensa es la sonrisa del público” (risas).

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Entonces, al margen del aspecto físico, también necesitan una preparación mental al ser conscientes de la maratón que se les viene encima…
Guille: Sí, porque se mezcla lo de los personajes, lo de estar atento con la utilería y el vestuario…
Franco: Y en los ensayos aparece el dinamismo de la directora, que un día puede estar tranquila grabando el ensayo y otro día puede estar golpeando una olla con un cucharón. Así de radical.
Guille: Pero eso nos pone en el ritmo que necesitamos. Muchas veces no la entendíamos y hasta nos pasábamos de vueltas. Pero cuando nuestros amigos reconocen el ritmo que llevamos nosotros sabemos que es por esa olla y esa cuchara y la exigencia de la directora.

¿Y entre tanto vértigo no han ocurrido errores algunas veces?
Guille: Una vez nos pasó algo muy gracioso. En la obra hay un cofre importante que tiene que aparecer al final. Pero uno de los actores… no voy a mencionar quién, pero obviamente no soy yo porque estoy contando la historia…
Manuel: Yo tampoco lo voy a mencionar…
Guille: Sí, tratemos nosotros dos de no decir quién ha sido… El caso es que por jugar con una soga que vio libre soltó el cofre a mitad de la obra.
Franco (entre risas): ¡Apareció el cofre y José y María no sabían qué hacer!
Manuel: Lo bueno es que, como la obra es tan juguetona, el público te perdona eso y hasta lo agradece.
Franco: Una vez los tres entramos como los tres reyes magos pero aún no llegaban nuestros camellos, así que entramos nada más moviendo las manos y el público no se dio ni cuenta.
Guille: De hecho habrán pensado “uh, qué minimalista esta obra”.
Manuel: Una vez, también, un asistente decidió desconectar la luz… para cargar su celular.

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Es una obra que se puede disfrutar aunque uno sea creyente o no…
Manuel: Sí. La religión y la Biblia han sido parte de nuestras vidas porque nuestra cultura es católica, entonces, conocemos la historia. Es algo que ha sido parte de nuestra vida, nos guste o no, sigamos practicando la religión o no. Y, como el humor une a las personas, todo el mundo se divierte. Nos han felicitado sacerdotes, pastores evangélicos, el expresidente de la Asociación de Ateos del Perú –que ni siquiera sabíamos que existía–. Hemos recibido muchas felicitaciones.

¿Y quejas?
Manuel: Ninguna, creo.
Franco: Nuestros familiares nomás…
Guille: Porque no les dábamos entradas (risas).

Por Omar Mejía Yóplac
Fotos y video de Jimena Gallarday