Netflix lanzó los dos primeros episodios de Better Call Saul, el esperado spin-off de Breaking Bad, serie de culto para muchos. En él, se cuentan los inicios del estrafalario abogado Saul Goodman o Jimmy McGill, su verdadero nombre, interpretado por Bob Odenkirk.

La serie empieza con los primeros minutos en blanco y negro, en los que vemos a un Goodman desconocido, totalmente distinto al vivaz abogado de Walter White y Jesse Pinkman. Avejentado, subido de peso, con bigote, lentes y un aspecto mucho más lúgubre, se le ve atendiendo con desgano en la cadena de postres Cinnabon. Esto, entendemos, producto del efecto post Heseinberg. Recordemos que casi al final de Breaking Bad, en la última conversación que sostienen Goodman y White, éste se pronostica a sí mismo como gerente de dicha cadena en Omaha, Nebraska. Al parecer, acertó en su futuro. Dato curioso, pues ese mismo año, Bob Odenkirk protagonizaría la película nominada al Óscar, Nebraska.

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Pero este miserable (por así decirlo) estilo de vida, no le es ajeno a Goodman, pues el fin de este spin-off es contar cómo alcanza la fama. Regresamos a 2002, siete años antes que conociera a White y Pinkman. Aquí se encuentra un James o Jimmy para los amigos, tratando de mantener a sus clientes y cobrando lo que a duras penas le pueden pagar por ser abogado de oficio.

Las semejanzas con Breaking Bad son obvias. No sólo visualmente (cortes, música, planos), sino con la intervención en algunas escenas de Mike Ehrmantraut, el sicario que tanto Saul como Gus Fring empleaban como mediador para sus negocios; y la de Tuco Salamanca, el psicótico narcotraficante de las primeras temporadas de la serie original, de quien se cuenta cómo conoce a Goodman.

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Sin embargo, para quienes no han visto antes Breaking Bad, es una buena oportunidad para empezar a ver una serie que linda entre lo dramático y lo cómico, con una magnífica actuación de Bob Odenkirk como Saul Goodman y sobre todo, un guion muy bien armado. Para quienes son fans o han seguido la serie desde antes, es un placer conocer la historia de este enigmático abogado y sus vínculos con los personajes ya conocidos. Better Call Saul no es Breaking Bad, pero hay que darle el chance a Vince Gilligan (creador de ambas series) de seguir demostrando que el nivel de una serie de televisión puede llegar a ser igual o mejor que el de una pieza cinematográfica.