Pedro Guerra es uno de los cantautores más respetados de España y una de sus últimas producciones así lo confirma: musicalizó catorce sonetos de Joaquín Sabina y logró reunir en un mismo disco las voces de Silvio Rodríguez, Joan Manuel Serrat, Julieta Venegas y Jorge Drexler, entre otros. Este 23 de agosto en el Teatro Pirandello ofrecerá un concierto en el que presentará este proyecto, llamado 14 de Ciento volando de 14, y Arde Estocolmo, álbum que compuso en paralelo. Antes de este reencuentro con su público limeño, que se da luego casi seis años exactos, conversamos con él sobre la dificultad de convertir en canciones los versos del español del bombín y acerca de la risa como rebelión.

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¿Cómo ha sido trabajar dos discos a la par?
Yo estaba poniendo música a algunos sonetos de Joaquín Sabina a la vez que estaba necesitando un disco mío de canciones originales, porque no hacía uno así desde 2011. Tenía un sistema de trabajo en mi propio estudio donde yo componía las canciones y simultáneamente las iba grabando y haciendo los arreglos. Supe que podía hacer los dos proyectos a la vez. El de Sabina lo convertiría en un proyecto colectivo en el que cantarían otros artistas, y también tendría mi disco original. Además me planteé el trabajo con mucho tiempo. Lo hice a mi ritmo, pensando que estarían cuando debieran estar. Y me tomé año y medio.

¿Había alguna dificultad especial al musicalizar sonetos?
Sí, sí. Pero anteriormente, para un disco de Miguel Poveda, yo puse música a 20 sonetos. En el disco de Sabina musicalicé 14 sonetos. Y anteriormente había trabajado algunos sonetos sueltos. Entonces creo que ahora puedo decir que me he especializado en poner música a sonetos. Pero hay que encontrarle el punto porque un soneto no tiene forma de canción, no hay nada que pueda ser el estribillo. Y ahí, siempre respetando los catorce versos originales, lo que hago es repetir algunos. Voy buscando formas de estructurarlos de manera que tengan coherencia como canción.

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Arde Estocolmo viene de un titular de un periódico, es casi un oxímoron…
Sí, porque la imagen que uno suele tener de Estocolmo, o de Suecia (o del norte de Europa en general), siempre es el ejemplo del estado de bienestar de democracias avanzadas. Entonces a través de ese titular uno conoce una realidad de Estocolmo que tiene que ver con la marginalidad, con la periferia, la mala gestión de la inmigración, los brotes de discriminación, xenofobia, etcétera.

¿Y por qué elegirlo como título?
Porque me remitía a esa imagen del salón completamente limpio donde se han olvidado de mover el sofá y de barrer la porquería que hay debajo. Y me parecía que esa idea tenía una lectura con la realidad política y social de España.

Comienzas ese disco con una canción que hace referencia a la risa y tú has dicho que, en estos momentos, reír es un acto revolucionario…
Sí. Creo que, a pesar de todo, la risa, el optimismo y la actitud positiva son necesarias para mantener posiciones firmes y a sobrellevar mejor las cosas. Está comprobado científicamente, oxigenas mejor el cerebro.

Aunque a veces se puede hacer arte de momentos no tan alegres…
Para mí es un tópico la idea de que para escribir hay que estar mal. Yo escribo desde cualquier estado de ánimo porque no puedo esperar por un estado de ánimo. Yo escribo y compongo canciones constantemente. Es un proceso intelectual en el que lo emocional también se puede conjugar. Yo puedo escribir desde la felicidad, desde la tristeza o desde la rabia.

¿Qué va a encontrar el público peruano que vaya a verte el 23 de agosto?
Estoy presentando los dos proyectos. Evidentemente en el disco de Sabina las canciones las voy a cantar yo, y presentaré alguna parte de Arde Estocolmo. Luego cantaré algunas canciones de mi repertorio antiguo, y ahí hay dos vertientes: por un lado habrá temas muy conocidos y esperados, pero también rescataré canciones que no he cantado de manera tan habitual.

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Por Omar Mejía Yóplac