Bióloga química, exploradora de National Geographic y fundadora de Amazon Research International, Rosa Vásquez Espinoza creció entre las plantas medicinales del Amazonas. En entrevista, nos habla las nuevas especies descubiertas en el Río Hirviente de Huánuco, de su participación en el reconocimiento de los derechos de las abejas meliponas, y anticipará que pronto publicará su primer libro.

Por: Alessia Carboni

Hay una imagen que Rosa Vásquez Espinoza guarda desde la infancia y que, según ella misma, explica casi todo lo que vino después: su abuela en el pequeño jardín medicinal de la casa familiar, cuidando sus plantas con un amor y una precisión que la niña Rosa ya entonces describía como científica. 

«Fue la primera doctora que conocí en mi vida, la que me enseñó que el conocimiento y el cuidado van de la mano, y que esa vocación de sanar no necesita un título para ser real. Siempre quiso ser doctora, y para mí siempre lo ha sido»dice en entrevista con COSAS. 

Rosa Vásquez inició su formación observando a su abuela, a quien considera la primera doctora y científica de su vida.

Esa imagen —una mujer de la sierra peruana que encontró en la naturaleza su propia farmacia— es el hilo conductor de una trayectoria que hoy la tiene en los laboratorios más avanzados del mundo, en la lista de las 100 Mujeres de la BBC, en Forbes, y como exploradora oficial de National Geographic.

Rosa creció entre Lima y la Amazonía, visitando familia en la selva y observando cómo el conocimiento indígena convivía con la vida cotidiana sin que nadie lo llamara ciencia. El punto de quiebre llegó en la adolescencia, cuando volvió a la selva no solo a visitar, sino a hacer su primer proyecto de investigación.

«Entendí que era exactamente donde quería estar: rodeada de la naturaleza que amaba desde niña, pero ahora con la posibilidad de hacerle preguntas y de contribuir a cuidarla. No solo tenía a la naturaleza, sino también la oportunidad de hacer preguntas, recolectar data y ayudar», recuerda. 

De raíces a laboratorios

A los 18 años se fue a Estados Unidos con una beca que ganó después de aplicar a varias convocatorias. Llegó con el inglés justo y con el desafío de estudiar fórmulas matemáticas en otro idioma, adaptarse a una cultura diferente y abrirse paso en el mundo de la Biología Química sin que siempre le hicieran caso. Nada de eso la detuvo. «Eso me ayudó a enfocarme en mejorar mis habilidades y dejar que mi trabajo hable por sí solo», dice sin dramatismo.

En el Río Hirviente de Huánuco, identificó nuevas especies de microbios capaces de sobrevivir en aguas a temperaturas extremas sin actividad volcánica.

Durante el pregrado hizo una pasantía en Beijing, en un hospital designado para los Juegos Olímpicos 2008 que funcionaba con medicina occidental y medicina tradicional china al mismo tiempo: «Ver a un paciente salir con una receta que incluía tanto pastillas como plantas medicinales me cambió la perspectiva para siempre y me hizo preguntarme: ¿por qué en Perú, con toda la riqueza que tenemos, no hacemos eso? Y me di cuenta de que era por la falta de investigación científica». La pregunta la acompañaría durante años.

Ciencia con impacto indígena

Hoy, desde su fundación Amazon Research International (ARI), Rosa trabaja exactamente en eso: unir la ciencia moderna con el conocimiento tradicional. Uno de sus proyectos más importantes gira en torno a las abejas sin aguijón, una especie nativa del Perú que la mayoría desconoce. Rosa las describe como «un mundo entero» porque en ellas converge todo a la vez. 

«Son un mundo entero contenido en un solo ser. Son medicina para las comunidades amazónicas, parte de su historia y cultura, y piezas clave del ecosistema. Todo junto, todo interconectado. Esa complejidad me atrapó para siempre», menciona. Estas abejas no pueden volar lejos ni sobrevivir sin selva, lo que las convierte en guardianas naturales del bosque. «Para tener estas abejas tienes que tener selva, y para tener selva tienes que tener abejas», explica.

Lo que empezó como un estudio de las propiedades medicinales de sus mieles —usadas en comunidades amazónicas incluso durante la pandemia— derivó en algo sin precedentes: Rosa y su equipo lograron presentar evidencia científica para modificar la única ley peruana que hablaba de abejas. En 2024 se aprobó la Ley 32235, que reconoce por primera vez a las abejas sin aguijón como abejas nativas del Perú. «Esto marca el primer caso en el mundo en que a un insecto se le reconocen derechos legales«, dice. «Eso genera todo un nuevo futuro de cómo relacionarnos con la naturaleza.»

La científica trabaja con abogados desde el inicio de sus proyectos para prevenir la biopiratería y asegurar que el conocimiento indígena esté protegido.

Otro de sus proyectos la llevó al Río Hirviente de Huánuco, un fenómeno único en el mundo: un río que hierve sin estar asociado a ningún volcán. Nadie se había preguntado si algo podía vivir ahí. Rosa se lo preguntó. Encontró que sí: identificó nuevas especies de microbios capaces de sobrevivir en esas condiciones extremas. La Universidad de Michigan continúa hoy ese estudio.

Su vínculo con National Geographic nació durante el doctorado, cuando obtuvo un financiamiento de la organización que se convirtió en parte de su investigación. Desde entonces, la plataforma le abrió puertas que el mundo académico tradicional no siempre ofrece. «National Geographic me hizo pensar que hay que traer todos los intereses a la mesa», dice. 

Un legado con identidad

A todo esto se suma su primer libro, The Spirit of the Rainforest, que se publicará en Perú a finales de este año y que ella describe como un libro de aventura, de historias culturales y de conocimiento tradicional. «Cuando se escucha sobre la Amazonía afuera, es a través de un lente extranjero, y no de un lente nativo, y menos frecuente aún de un lente femenino», dice. El libro nació, en parte, para cambiar eso.

A través de su fundación ARI, Rosa capacita a jóvenes de comunidades amazónicas para que firmen como coautores en artículos científicos internacionales.

Lo que más la enorgullece es ver a jóvenes indígenas —que tienen formación en ciencia tradicional pero no en ciencia occidental— convertirse en autores de artículos científicos por primera vez, algo que logra a través de la capacitación que impulsa desde ARI. Y saber que las abejas sin aguijón, una especie poco conocida fuera de la Amazonía, hoy tienen presencia mundial.

«El gran miedo siempre ha sido la biopiratería, que el conocimiento de las comunidades sea tomado sin reconocimiento ni retribución. Pero con el tiempo aprendimos que ese miedo no nos paraliza, sino que nos guía a incorporar colegas y abogados desde el inicio del proceso, porque ahora sabemos mejor cómo protegernos» agrega.

Para Rosa, el éxito es colectivo: «Que la ciencia regrese a las comunidades y a la naturaleza que la inspiró.» No es casual que esa definición sea exactamente lo que su abuela hacía con sus plantas medicinales, mucho antes de que Rosa supiera que eso tenía un nombre científico.

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