La maestra de las tablas de Sarhua se convirtió en una de las ganadoras del Premio Talento Joven en la feria de arte contemporáneo más importante de España. Una de sus obras acaba de ingresar a la colección del Museo Reina Sofía — una de las 14 piezas que el museo adquirió de toda la feria. En entrevista con COSAS Perú, habló sobre su participación, las obras presentadas y cómo su hija de once años influyó en sus pinturas.

Por: Alessia Carboni

Venuca Evanán acaba de ganar el Premio Talento Joven en la sección Opening. New Galleries de ARCOmadrid 2026, una de las ferias de arte contemporáneo más importantes del mundo. El premio, dotado con 10.000 euros y elegido por un jurado internacional de directores de museos y curadores, reconoce a artistas menores de cuarenta años con obra presentada en la feria. Este año, Venuca ganó con «Raizal», una muestra de pinturas sobre madera de maguey y piel de oveja que narra la vida colectiva de las mujeres andinas.

«Pukllay en los andes»
Acrílico y tierras de color sobre tabla de madera.
180 x 25 x 2 cm.

La noticia la sorprendió en su casa de Lima, preparando el desayuno. «Estaba arreglando todo para que mi hija se fuera al colegio cuando me llegó un mensaje de la galería Enhorabuena Espacio diciéndome: ‘Venuca, ganaste’. Justo en ese momento ella salió de su cuarto. La abracé y le dije llorando: ¡Hija, gané, gané! Lloramos juntas». «Ella es mi motor para seguir adelante y también una gran fuente de inspiración para mi trabajo».

La noche anterior, Venuca no había podido dormir bien. «Estaba muy ansiosa pensando: ¿ganaré o no ganaré? Estaba esperando las noticias con mucha ansiedad». La alegría llegó a primera hora, junto con el video del anuncio en Madrid.

Stand de Venuca Evanán

Stand de Venuca Evanán en ARCOmadrid 2026.

Tablas de Sarhua

Para entender por qué este reconocimiento es tan significativo, hay que conocer de dónde viene Venuca. Las tablas de Sarhua son pinturas narrativas originarias de un pequeño distrito de Ayacucho: se realizan con tierras de color natural sobre madera, usando plumas de ave como pincel, y durante siglos solo los hijos varones de los maestros podían aprenderlas. Venuca las heredó de todas formas, de sus padres —el maestro Primitivo Evanán Poma y Valeriana Vivanco, pioneros en llevar este arte a Lima— y las convirtió en algo propio: un lenguaje para hablar de erotismo, violencia de género, diversidad y memoria femenina.

Cuando su madre falleció en 2008 sin figurar en los registros oficiales del arte, Venuca encontró el motor de toda su trayectoria. «Mi papá hizo su libro narrando historias de cuadros realizados en los ochenta, con un historiador reconocido, pero yo veía que no mencionaban a las mujeres, a mi madre, a mis tías, a mis hermanas. Ahí encontré un vacío y empecé a pensar en lo que quería hacer con mi vida».

Qara, mis recuerdos y mis historias
Acrílico sobre piel de oveja. 100 x 70 cm sobre soporte de metal.

Su obra ha pasado por el Museo de Arte de São Paulo (MASP), el Leslie-Lohman Museum de Nueva York, la Bienal de Mercosur y la Bienal de São Paulo, entre otras instituciones. En octubre de 2024, COSAS Perú la entrevistó cuando inauguró su primera muestra individual en Europa, Cuerpo y Tierra, en la galería Enhorabuena Espacio de Madrid. Poco más de un año después, vuelve a estar en el centro de la escena internacional.

Nuevos soportes y diálogos culturales

En ARCOmadrid 2026, Venuca presentó obras sobre superficies no convencionales: troncos de maguey —madera silvestre andina que crece con curvas propias de la naturaleza— y piel de oveja. «Presenté obras realizadas sobre madera natural del Ande, específicamente sobre maguey. Sobre esas superficies pinté escenas donde aparecen comunidades en sus propios territorios, disfrutando y gozando alrededor de su naturaleza», describió.

«A través de mi pintura quiero mostrar a la mujer andina: una mujer fuerte, una mujer que lucha, que goza, que puede divertirse y que también puede aportar políticamente al país.»

Una de las piezas centrales es Warmicuna, una escultura en forma de «S» de 170 centímetros dedicada a las mujeres de Sarhua. «Allí resalto su fuerza y su labor. Entre ellas aparece Elizabeth Canchari, una docente que vino a estudiar a Lima, luego regresó a su comunidad y hoy es una líder muy activa tanto en lo pedagógico como en los cargos tradicionales. Se ven mujeres tejiendo, cantando, preparando la olla común, transmitiendo saberes a las niñas. Hay mujeres cargando a sus hijos, dando de lactar, pero al mismo tiempo levantando la voz y participando en la comunidad».

Warmicuna
Acrílico y tierras de color sobre madera de maguey. 170 x 100 x 8 cm.

Otra obra habla sobre la relación entre lo afroandino y lo amazónico: «Aparecen familias agrupadas, padres y madres responsables que transmiten su cultura a los más pequeños y que al mismo tiempo exigen sus derechos para poder vivir tranquilamente en sus territorios».

Y luego está Pukllay en los Andes: una tabla vertical de 180 centímetros donde conviven escenas de carnaval andino con personajes de Dragon Ball y Pikachu. La inspiración vino de su hija. «Ella tiene once años y está empezando a interesarse por la cultura otaku. Hoy en día muchos jóvenes en Ayacucho están explorando estas expresiones y mezclándolas con sus propias tradiciones, por ejemplo a través de las danzas. Quise integrar esa mezcla: la cultura andina con elementos más contemporáneos. Esa relación entre generaciones también forma parte de lo que quiero contar en mis pinturas».

Conocimiento ancestral

Para la artista, el premio es una declaración sobre el valor del arte ancestral en el circuito contemporáneo internacional. «Me emociona pensar que esta técnica que hemos aprendido —que tiene orígenes prehispánicos— siga viva hasta hoy. Pero además la estamos trabajando desde nuestro presente, con nuestros propios intereses y miradas como mujeres».

«Estar llegando a otros lugares, cruzando fronteras con este trabajo, me llena de orgullo. No solo por mí, sino también por lo que estamos haciendo por nuestro país: representarlo, hacerlo visible y generar presencia. Creo que el arte tiene la capacidad de unir continentes. Incluso en un mundo tan movido como el que estamos viviendo, con tantos conflictos, nosotros seguimos haciendo nuestro trabajo: difundir nuestra cultura».

En la 14a Bienal do Mercosul (Porto Alegre, Brasil), Venuca Evanán presentó un conjunto de obras que expanden y reconfiguran la tradición de las Tablas de Sarhua desde una perspectiva contemporánea.

También agradeció el esfuerzo de la galería para llevar las obras hasta Madrid. «Las obras son maderas grandes, casi esculturas, y moverlas no es fácil». Y fue enfática al reconocer a sus padres: «Si no hubiera sido por su resiliencia, su convicción y su amor por el arte de su comunidad, yo no habría recibido estos conocimientos. Mi destino hubiera sido otro».

Mensaje para las artistas jóvenes

Venuca divide su tiempo entre la pintura, la gestión cultural y los talleres que dicta en Chorrillos y Villa El Salvador. «Me muevo mucho por la periferia. En esos recorridos observo, converso con la gente, escucho historias. Todo eso se convierte en mi fuente de inspiración». Ella misma es cabeza de hogar, y esa realidad también aparece en su obra: «Yo asumo muchas responsabilidades, y todo eso también se refleja en mis pinturas».

«A través de mi pintura quiero mostrar a la mujer andina: una mujer fuerte, una mujer que lucha, que goza, que puede divertirse y que también puede aportar políticamente al país», resume.

Cuentos y mitos de mi pakicha
Acrílico y tierras de color sobre tabla de madera.
180 x 25 x 2 cm.

Y para las artistas jóvenes que trabajan con técnicas ancestrales, el mensaje es directo: «Muchas veces se subestima lo que hacemos porque no hemos pasado por espacios académicos. Creo que debemos cambiar ese discurso y reconocer que estos conocimientos también tienen un enorme valor. Tenemos que sentirnos orgullosas de seguir practicando y difundiendo estas técnicas».

Para Venuca, este premio en Madrid no es solo un triunfo personal, sino una puerta abierta para que ese legado sea finalmente visto con la relevancia que merece: «Ojalá este reconocimiento sirva para que cada vez más personas se interesen en aprender estas historias y en compartirlas con el mundo».

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