Hace apenas dos semanas, Tibisay Monsalve recibió de manos del alcalde Enrique Peramás la medalla Ciudad del Rímac, la máxima condecoración del distrito. El reconocimiento se debió a su labor en el Patronato del Rímac, que ella misma ayudó a fundar hace cuatro años. Tibisay se muestra orgullosa al hablar sobre la condecoración porque, en realidad, su relación con el barrio bajopontino es mucho más antigua: se remonta a los años ochenta, cuando empezó a trabajar en el sector Turismo. Ella integraba Foptur, el Fondo de Promoción Turística que antecedió a Promperú. Por aquel entonces, los grandes eventos del sector –presentaciones, cocteles, convenciones– se realizaban, sobre todo, en hoteles. Pero Tibisay buscaba algo especial. Quería que Lima, la ciudad, fuera la invitada principal. “Fui la primera en realizar un evento en el Convento de los Descalzos”, recuerda. “Me gustaba hacer muchas de las reuniones importantes ahí. Quería mostrar un lugar especial de Lima, y el Rímac tiene monumentos maravillosos. Pensaba: ‘Si trabajamos en turismo, con mayor razón tenemos que buscar estos espacios’”.

La certeza con que Tibisay habla tiene que ver con los sucesos de su propia vida. Porque ella, venezolana que llegó al Perú hace cuarenta años, recién casada, joven e ilusionada, tuvo la oportunidad de descubrir Lima con la emoción de quien llega a un lugar nuevo. Y con los años, aprendió a vivir la ciudad con el cariño y la responsabilidad de quien agradece su acogida. 

Tibisay Monsalve considera necesario crear circuitos alrededor de los monumentos, y atractivos, para generar productos turísticos. Es lo que se intenta en el Rímac.

La recuperación del Rímac

Una de sus preocupaciones como gerente general de la Sociedad Hoteles del Perú es lograr que el viajero de negocios, que viene de lunes a viernes a trabajar al país y, luego, regresa de inmediato a su lugar de origen (un segmento que representa el setenta por ciento de los huéspedes de hoteles en Lima), consuma más productos turísticos y culturales, y permanezca un fin de semana en la capital.

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Para Tibisay, la respuesta pasa por la recuperación del Rímac. Se ha reunido con los últimos tres alcaldes, la mayoría de veces sin encontrar mucho entusiasmo en los municipios. Solo en Enrique Peramás –quien va por su segunda gestión consecutiva– ha encontrado una alcaldía que haga eco de su visión, “consciente del valor del distrito y dispuesta a trabajar”, precisa Tibisay. Además, su interés coincidió por primera vez con otros representantes del sector privado: es así como ayudó a fundar el Patronato del Rímac, presidido por Ludwig Meier e integrado por otros treinta profesionales entre arquitectos, ingenieros, directores de museos e, incluso, un ex viceministro de Turismo de Cataluña.

Tibisay Monsalve y su esposo, el español Carlos López, quien preside la filial peruana de Skal, organización mundial de dirigentes de turismo.

El cuarenta por ciento del patrimonio de Lima se encuentra en el Rímac. Además del Convento de los Descalzos, allí están las alamedas de los Descalzos y de los Bobos, el Paseo de las Aguas, las iglesias de San Lázaro, de Santa Liberata y del Patrocinio, y joyas de arquitectura histórica como la Quinta de Presa y la Plaza de Acho, entre muchos otros edificios de valor. El patronato ha conseguido restaurar las alamedas, convertir en peatonales las dos cuadras frente a la plaza de toros, e iniciar una campaña de concientización entre los vecinos, para que se cuide y quiera el patrimonio. También ha realizado un acuerdo con el World Monuments Fund, organización que en el Perú es presidida por Mario Testino, para realizar un estudio de restauración del palacete de la Quinta de Presa, que se convertiría, eventualmente, en el Museo del Vestido Peruano.

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Una de las propuestas personales de Tibisay fue conectar peatonalmente el Centro de Lima con la Alameda de los Descalzos. Hoy, si se cruza el puente, se avanza por cinco cuadras peatonales que terminan en San Lázaro y no se puede continuar. El alcalde Peramás le contestó que si ella encontraba una solución, estaría presto a evaluar la idea. Tibisay asumió la misión y fue acompañada de su hijo, dispuestos a caminar por los alrededores hasta encontrar una alternativa. Descubrieron que, por atrás de la Iglesia Virgen de Copacabana, solo bastaría con peatonalizar dos cuadras para lograr la conexión. El alcalde, acompañado de Ludwig Meier, siguió sus pasos, y ambos estuvieron de acuerdo. Ese es un trabajo que ya está en proceso; la ruta se llamará Del Puente a la Alameda, en honor a Chabuca Granda, quien tanto cantó a esa Lima de antaño que aún vive en el Rímac.

Hacia finales de este año, además, el distrito inaugurará oficialmente una ruta guiada a pie, que llevará al visitante por sus principales hitos. Tomará unas dos horas y, probablemente, se inicie con un desayuno en el Bar Cordano, para garantizar las energías. Tibisay ha recorrido esa misma ruta varias veces, y puede asegurar que se ha encontrado con lo que en treinta años siempre ha soñado ver en el Rímac: “Chicos en bicicleta, familias de paseo y la comunidad entera disfrutando”. Por lo pronto, ya se hacen notar más agentes de seguridad y casetas de información turística alrededor. “Lima fue importantísima, fue un virreinato”, enfatiza Tibisay.

Por Rebeca Vaisman 
Fotos de Sanyin Wu

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