Las investigaciones para encontrar la forma de combatir el cáncer tienen varias aristas y se desarrollan en todo el mundo. La cura todavía no se ha encontrado, pero algunos científicos han realizado avances importantes y muy sorprendentes. Uno de ellos es el peruano David Laván Quiroz, físico, especialista en Biofísica y en Biología Molecular. El doctor Laván viene investigando, desde hace diez años, el tema de la microgravedad con el Instituto Nacional de Investigación y Capacitación de Telecomunicaciones (Inictel) de la Universidad Nacional de Ingeniería y en colaboración con instituciones españolas.

El doctor Laván trabaja en esta investigación junto a científicos del Perú y de España.

¿Qué es la microgravedad? Es la gravedad llevada a un nivel mínimo, como sucede en el espacio. En la Tierra, la gravedad es alta, razón por la que los cuerpos se mantienen atraídos al suelo y no flotan, a diferencia de, por ejemplo, los astronautas que vemos en la televisión y en las películas, que parecen nadar en el aire espacial. La importancia de la microgravedad tiene que ver con sus efectos en la expresión genética de los cuerpos que son expuestos a estas condiciones. En un experimento que podría ser revolucionario, el doctor Laván y otros colaboradores mandaron muestras de moscas de la fruta al espacio.

 “Cuando las mandamos”, dice el doctor, “vimos una variación en la expresión genética y nos quedamos con un grupo de genes con determinadas características matemáticas. Los genes de la mosca también pueden verse en seres humanos, porque todas las especies partimos de un ancestro común. Descubrimos que este grupo de genes –que podría ser común entre moscas y humanos– es base para el desarrollo tumoral, y que, justamente, expuesto a condiciones de microgravedad, se inhibe”.

La máquina simuladora de microgravedad que diseñó Laván se encuentra en el Inictel, en Lima.

¿Qué quiere decir todo esto? Que, de concluirse que los seres humanos y las moscas compartimos este mismo grupo de genes que propician el desarrollo de células tumorales, podríamos tener una solución para identificar el origen de hasta dieciocho tipos de cáncer y, después de eso, se pueden empezar a buscar alternativas con el fin de atacarlo. “La idea del proyecto que estamos haciendo entre el Perú y el País Vasco tiene que ver con coger células madre tumorales y averiguar si, dentro de ese conjunto de células madre tumorales, están esos genes. Si están… ¡Bingo!”, concluye el doctor, visiblemente ilusionado con el trabajo que está realizando.

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Está claro que mandar moscas al espacio cada vez que se quiere realizar un avance en la investigación es extremadamente caro y, por lo tanto, poco realista. A la luz de este problema, el doctor Laván y un grupo de científicos crearon una máquina que simula microgravedad. Esta es una de las tres máquinas en todo el mundo que sirven para el mismo propósito, ha sido construida y diseñada en el Perú, y es única en América Latina.

“Podríamos estar ante una llave que nos abriría muchas puertas para entender el comportamiento de la naturaleza”, señala el doctor Laván.

Laván señala que llamar a esto un avance para la cura del cáncer es un poco aventurado, ya que lo que han hecho es hacer visible un asunto que era más bien desconocido, y que recién después de que se compruebe que las células madre tumorales tienen el grupo de genes que se inhiben en microgravedad, pueden comenzar a buscar maneras de atacarlas. Ese último experimento, el que comprobaría, a través de estas células madre, la existencia de un grupo de genes que propicia el desarrollo de tipos de cáncer, está a punto de llevarse a cabo. Podríamos estar a puertas de un extraordinario descubrimiento científico para la historia de la humanidad.

¿LA MUJER LLEGÓ PRIMERO AL MUNDO?

Los experimentos a partir de la simulación de microgravedad han arrojado otras conclusiones sumamente interesantes para entender mucho mejor la evolución del ser humano. Un poco en tono de broma, mientras posa para las fotos frente a un pizarrón que contiene operaciones matemáticas sencillamente incomprensibles para un cerebro común y corriente, el doctor Laván asegura ser católico, pero señala que “Adán no fue el primero. Fue Eva”. Y, como si fuera una nimiedad, lo explica sin esforzarse.

Las moscas tienen genes muy parecidos a los de los seres humanos, por lo que son ideales para este tipo de experimentos.

“Nosotros mandamos muestras al espacio, machos y hembras por separado. Cuando analizamos los niveles de expresión genética, sometidas las muestras a microgravedad, las hembras tenían un proceso muy ordenado, y los machos, todo lo contrario”. ¿Qué quiere decir eso? “Quiere decir que las mujeres tienen un recuerdo biológico de condiciones de microgravedad que vivieron en el pasado. La evolución de la raza humana empezó en el mar, donde, hasta hoy, hay muchas especies hermafroditas. Las condiciones en el mar son muy parecidas a la microgravedad. Lo que parece haber sucedido es que, en realidad, los primeros ejemplares de nuestra especie fueron hembras, y, después de migrar a la tierra como parte del proceso evolutivo, se desarrolló el género masculino como tal”.

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Y tiene sentido porque, ya en 2017, los cuerpos masculinos, expuestos a microgravedad, reaccionan brusca y desordenadamente, mientras que los femeninos parecen sentirse cómodos en esas condiciones. Es por esto que el doctor Laván se anima a afirmar que las mujeres llegaron primero al mundo y que, por lo tanto, el sexo débil –un poco en broma, bastante en serio– sería el masculino.

Por Dan Lerner
Fotos de Sanyin Wu

Publicado originalmente en COSAS 615