La subasta y fiesta de verano del MALI se sigue afianzando como un referente para el mercado del arte local. En su décima edición, el evento convocó a más de quinientos coleccionistas y aficionados al arte en la playa El Golf, para participar en una puja dedicada íntegramente al diseño peruano.

“Sabíamos que, al ser un año electoral, la gente iba a ser más reacia para invertir en un rubro como el arte; pero, aun así, decidimos ampliar la cantidad de lotes para la venta, y el resultado ha sido magnífico”, dice Armando Andrade, presidente del Comité de Subasta, en referencia a la venta de 69 lotes del total de 72.

Las piezas estelares de esta puja realizada el sábado 6 de febrero fueron, sin dudas, la escultura en piedra de Huamanga de Benjamín Pizarro y las máscaras de madera tallada y policromada de Víctor Echaís. Y aunque aún se desconocen las cifras oficiales de la venta, sus organizadores aseguran que la venta habría superado los cien mil dólares.

Armando Andrade, presidente del Comité de Subasta del MALI, dirigió la puja del sábado 6 de febrero en la playa El Golf.

Armando Andrade, presidente del Comité de Subasta del MALI, dirigió la puja del sábado 6 de febrero en la playa El Golf.

Esta iniciativa, que antes cumplió un rol significativo para la renovación de la segunda planta del Museo de Arte de Lima, esta vez tuvo como objetivo recaudar fondos para la construcción de un ala dedicada al arte contemporáneo y, asimismo, nutrir el presupuesto para adquisiciones de obras de arte para la colección permanente de la institución.

“En términos económicos hemos alcanzado nuestras metas –explica Andrade–, pero los objetivos de la subasta no se limitan a la venta, sino que también buscan introducir nuevos temas en la agenda cultural. En este sentido, ha sido una oportunidad excepcional para comenzar a hablar de la importancia del diseño y el potencial que tiene esta disciplina en un país como el nuestro”.

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Después de la puja patrocinada por BCP Banca Privada y el Grupo Editorial COSAS, los invitados también pudieron disfrutar de una fiesta en un espacio ambientado como una selva tropical surrealista, cubierta por un techo de acrílico transparente. “Era la primera vez que la subasta se enfocaba absolutamente en el diseño y quería preparar algo especial”, cuenta Pepe Cánepa, el decorador que ideó el espacio para la fiesta.
El catering, a cargo de Marisa Guiulfo, y la música del DJ Martín Rivas, completaron el evento cultural que marcó el inicio de una serie de proyectos que buscan poner en valor al diseño peruano.