Para el ex fundador del Movimiento Libertad, el exceso de cálculo de los políticos peruanos, sumado a la falta de principios y valores de estos, nos conduce inexorablemente a un futuro en el que la democracia perderá total legitimidad, promoviendo proyectos más personalistas y radicales.

Por Luis Felipe Gamarra // Foto de Javier Zea

A diferencia de muchos de sus amigos, como Rafael Rey y Luis Galarreta, él nunca se acercó ni pasó a las filas del fujimorismo. Con la experiencia que le han otorgado los años, analiza la política con ojo agudo, advirtiendo un panorama gris si no se hace algo por establecer una agenda común entre Palacio de Gobierno y el fujimorismo.

¿Cuál es el principal problema que enfrenta el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski?

Es un gobierno con una agenda ambiciosa, pero sin representación política en el Congreso, un problema derivado de las elecciones, cuyo responsable es el sistema político. Si vamos a tener un sistema de dos vueltas electorales, no podemos elegir al Parlamento en la primera y al presidente en la segunda; no tiene sentido. Estas son la consecuencias: un grupo parlamentario elegido en primera con el 25% de los votos, pero que posee mayoría absoluta; y un presidente que ha ganado las presidenciales con más del 50% de los votos, pero solo tiene 18 parlamentarios.

Keiko Fujimori no habría tenido ese problema…

Pero ella nunca va a ser presidenta. Todas las demás fuerzas siempre suman más. A menos que haya un cambio vegetativo en la población y aumente el número de fujimoristas, no creo que eso cambie. Se necesita una reforma honesta del sistema electoral, transparente. No hay otra solución.

“Razones para censurar a Martens no hay”, opina sobre la aún ministra de Educación.

¿Y los diálogos entre el presidente y Keiko Fujimori no contribuyen a reducir esa tensión?

La solución no pasa porque PPK se tome un té con Keiko. Eso es una curita para una gangrena. Lo que va a pasar es que si no hacemos algo, la democracia se va a seguir desprestigiando e irá perdiendo legitimidad.

¿Qué mensaje deja la presentación de Pedro Castillo, representante del ala más radical del Sutep, en el Congreso de la República, propiciada por el fujimorismo?

Se han hecho más débiles, al dar más legitimidad al ala criptosenderista del Sutep. Si de algo se preciaban los fujimoristas, justificado o no, era de haber terminado con el terrorismo, pero acciones como estas les restan credibilidad. Lo que pasa es que los políticos peruanos no poseen principios, poseen intereses. Les gusta más la táctica, el juego corto, que la visión estratégica de largo plazo. Piensan en votos antes que en el país. Los políticos no se han dado cuenta de que Sendero Luminoso actúa más como partido político. Por eso su guerra, ahora, es política. Movadef continúa la guerra por otros medios, ya no el militar, porque fueron derrotados, pero sí utilizando esos espacios que les deja ahora el fujimorismo, por culpa de su cálculo inmediatista.

¿Cuál podría ser el efecto de este error político, tanto de la mayoría parlamentaria como del propio gobierno, que abrió esta ventana de rondas de diálogos?

En la próxima huelga del Sutep estarán sentados en Palacio de Gobierno Osmán Morote y Martha Huatay, negociando en nombre de los maestros. Eso va a suceder si seguimos por este camino. Antes de fin de año saldrán otros cuatro o cinco miembros de la cúpula militar de Sendero Luminoso, cuidado. Es gente con experiencia política, endurecida por la cárcel. Van a salir y poner la agenda política, si los dejan, claro, no les quepa la menor duda. Ellos sí, a diferencia de los políticos peruanos, poseen principios.

“En la próxima huelga del Sutep estarán sentados en Palacio de Gobierno Osmán Morote y Martha Huatay, negociando en nombre de los maestros”, pronostica Ghersi.

¿La solución pasa por proscribir al Movadef?

No creo en las proscripciones, es contraproducente. Se debe dar una lucha política. La izquierda legal debería ser la primera en denunciarlos, no salir en la foto abrazándolos.

Pero para eso se necesitan políticos de verdad.

Es cierto, no veo nada parecido a las épocas de Haya de la Torre o Belaunde, en las que sí existían políticos con principios. Ahora prevalece el dominio de la táctica frente a la estrategia y el cálculo frente a los valores. Por incoherencias de ese tipo se le abrió la cancha a Sendero Luminoso en los ochenta.

¿La reforma electoral que propone el fujimorismo resolvería este problema?

Esa reforma es un chiste, va a agravar la situación. La ley antitransfuguismo es contraproducente y antidemocrática. Deberíamos enfocarnos en una mayor representatividad; el Congreso, tal como está definido, carece de ella. La gente no tiene quién la represente.

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