“Hitchhiker”, un álbum “perdido” que Neil Young grabó en 1976, es editado oficialmente por primera vez

El 11 de setiembre de 1976, Neil Young se encerró junto con el productor David Briggs en los estudios Indigo, en Malibú y, en una atmósfera distendida, bajo la influencia de diversas sustancias tóxicas, grabó un disco entero que contenía algunas de las mejores canciones de su larguísima carrera. Aunque muchos de esos temas aparecieron en producciones posteriores, desde el clásico “Rust Never Sleeps” hasta el reciente “Le Noise”, ese disco jamás fue editado. Hasta hoy. “Hitchhiker”, el registro de aquella jornada narcotizada pero enteramente memorable (sus diez cortes, entre ellos los hasta hoy inéditos “Hawaii” y “Give Me Strenght”, son todos estupendos, aunque algunos parezcan bocetos acústicos de éxitos posteriores, como “Powderfinger” o “Human Highway”), acaba de ser lanzado oficialmente por primera vez, en un disco que funciona como una instantánea de un momento particularmente inspirado y trascendental en la vida creativa del músico canadiense.

Otro rasgo de “Hitchhiker” que debería llamarnos la atención tiene que ver con las continuas referencias a nuestro país en las letras de sus canciones: en “Ride My Llama”, Young sueña con cabalgar uno de esos auquénidos “desde el Perú hasta Texarkana”, mientras que en el tema que le da título al álbum, el cantante comparte sus deseos de ser “un inca del Perú” para construir “edificios bellos que alberguen solo a los escogidos”.

En una entrevista concedida a Cameron Crowe para “Rolling Stone” en agosto de 1975, Young explicaba que había escrito todo un puñado de canciones “sobre el Perú, los aztecas y los incas. Son canciones que hablan sobre viajar en el tiempo”. Este disco, paradójicamente, es eso: “Hitchhiker” es una cápsula que nos transporta al corazón mismo de la California efervescente y trastornada de mediados de los setenta. Un viaje extraño y misterioso. Pero que al final sabremos agradecer.

Oh melancolía

Cuando una banda es avalada por una carrera intachable y alcanza un nivel de credibilidad y solidez que nadie discutiría, suele ocurrir un fenómeno paradójico: esperamos sus nuevos lanzamientos con la doble –y casi contradictoria– expectativa de que nos presenten algo realmente nuevo sin traicionar el estilo y el “sonido” que hizo que le prestáramos atención en primer lugar. Pensemos en lo último de Arcade Fire, por ejemplo. O en las muchas veces en las que una agrupación de prestigio fue acusada de “vendida” por lanzar un disco o un sencillo con el que simplemente pretendían acceder a un público más amplio. The National, la notable banda originaria de Cincinatti, Ohio, ha conseguido sortear clichés y lugares comunes con un sétimo disco en estudio que alcanza eso que parece tan complejo en manos de músicos menos talentosos: “Sleep Well Beast” renueva y amplifica las búsquedas sonoras de la banda (con la colaboración de los alemanes Mouse on Mars y otros en sus fascinantes coqueteos con la electrónica, por ejemplo), pero sin abandonar jamás el temperamento agridulce, melancólico y poético que sus fanáticos siempre reclamarán. Es un disco que se encuentra a la altura de lo que esperábamos de la agrupación liderada por Matt Berninger. ¿De cuántas otras bandas con casi dos décadas de trayectoria podríamos decir hoy lo mismo?

Bolero y cumbia

El renovado sello Infopesa no cesa en su cruzada por rescatar uno de los catálogos más importantes de la historia de nuestra industria discográfica. Esta vez se trata de dos antologías dedicadas a un par de artistas nacionales imprescindibles, pero que corrían el riesgo de quedar extraviados para siempre en el baúl de los recuerdos: se trata de “Lo esencial”, de las leyendas del bolero Los Hermanos Castro; y una recopilación del pionero de la cumbia norteña Manzanita y su conjunto. ¡Más reediciones, por favor!

Debut en Lima

Fundada por el ex-Unknown Mortal Orchestra Max Kakacek y el ex-Smith Westerns Julien Ehrlich, la banda estadounidense Whitney lanzó el año pasado “Light Upon the Lake”, una ópera prima que sedujo a la crítica con un sonido pastoral plagado de melodías irresistibles que parecía emerger de alguna intersección imaginaria entre Nashville y Nueva Zelanda. Un sonido que podremos apreciar en vivo este 16 de noviembre, cuando Whitney ofrezca su primer recital en nuestro país. La cita es en Bazar de Miraflores y las entradas están disponibles en joinnus.com.

Por Raúl Cachay