Aunque su carrera en el teatro tiene ya varios años, su nombre y su rostro cobraron más reconocimiento tras su aparición en “Av. Larco: La Película”, a inicios de 2017. Ahora, en su papel de director, presenta “Fragmentos”, una obra generacional que él mismo escribió y que va hasta el 20 de noviembre en el Centro Cultural de la PUCP. Conversamos con el joven dramaturgo de treinta y un años justo dos días antes del estreno.

Por Omar Mejía Yóplac // Fotos de Diego Valdivia

Entre las fotos y la entrevista, Carlos me pide un momento. Va hacia el medio de las butacas del teatro y se detiene para revisar, junto a dos miembros de su equipo, un elemento de la puesta en escena. Durante unos minutos se repite una canción de Gustavo Cerati que está incluida en el montaje. Él pregunta de qué parte viene la música y sugiere que la iluminación que la acompaña se difumine, mejor, un poco después. Falta casi nada para el estreno de “Fragmentos” y estas últimas semanas se las ha pasado revisando detalles. “Hasta hace unos días le he dicho a un actor que pase un texto a otro lado”, comenta luego, en la calle, con un cigarrillo en la mano.

Siempre supo que quería dirigir. Actuó un par de veces en el colegio y un profesor le recomendó que se dedique a la actuación. Por eso, al graduarse, se inscribió en el taller de Roberto Ángeles, pero sus ganas de convertirse en director seguían ahí. “Siento una necesidad de contar historias”, afirma. Sin embargo, no había ni una escuela ni una universidad que enseñara dirección teatral. Así que comenzó preguntándoles a algunos directores si podía simplemente estar en sus ensayos, y con el tiempo algunos empezaron a llamarlo como asistente de dirección o como director adjunto.

TRAS EL TELÓN

La idea de “Fragmentos” nació hace seis años, pero se consolidó hace tres, cuando decidió contactar a un grupo de amigos actores para contarles que tenía un proyecto en mente.

Mi idea era hacer una creación colectiva. Ya tenía los perfiles de los personajes en la cabeza y algunas líneas argumentales. Quería ensayar con ellos durante muchos meses para crear el texto en grupo y luego montar la obra. Los junté, todos dijeron que sí y quedamos en encontrarnos después. En ese ínterin empecé a escribir unas escenas ya sabiendo que ellos iban a ser los personajes, y me encontré con que ya tenía una primera versión del guion”, afirma.

Volvieron a juntarse un par de veces más para trabajar con ese texto y luego de un tiempo le ofrecieron la sala del Centro Cultural de la PUCP para poner la obra en escena. Le pregunto entonces si disfruta al ocuparse de cosas mucho más técnicas, como lo que hizo con la canción de Cerati, por ejemplo. “Me encanta. La dirección es el ejercicio artístico que más me gusta porque supone ponerte a cargo de un montón de frentes”, responde.

Esta es la primera obra de formato largo que escribe y dirige. Antes ya había escrito y dirigido piezas breves para Microteatro, y se encargó de la dirección de otros títulos, como “Falsarios” y “Newmarket”. Esta última, además, supuso su debut como director. Aquí mismo, en el Centro Cultural de la PUCP, hace cinco años. “Mi currículum sigue creciendo en una relación inversamente proporcional a las horas que duermo”, confiesa el director.