De Tokio, Japón, a Porto Alegre, Brasil. De Lima, Perú, a Frankston, Australia… Bienalsur es una idea brillante y revolucionaria para el arte que busca colocar el foco en el continente sudamericano, a través de un originalísimo programa de muestras que abarca más de treinta y dos ciudades en más de dieciséis países. Entrevistamos al director del proyecto, Aníbal Jozami, quien, con la colaboración de la curadora Diana Wechsler, dio forma a esta grandiosa propuesta.

Por Javier Masías / Fotos de Leonel Storino

Intervención del Obelisco de Buenos Aires.

Estamos en el Hotel de los Migrantes, en Puerto Madero, Buenos Aires. Aquí descansaron luego del largo viaje miles de europeos que, huyendo del hambre, cruzaron el mundo en busca de un mejor futuro en estas tierras. Hay una exposición permanente, que recoge su historia, sus anhelos y sus miserias. Pero estos días también hay una muestra, mucho más amplia, con una cuidadosa selección de trabajos de arte sobre el desplazamiento, la identidad y la extranjería.

Es el kilómetro cero de Bienalsur, que nace con la novedosa idea de suceder en simultáneo en distintas ciudades del mundo y que, solo en Buenos Aires, recoge más de cincuenta expresiones, entre exposiciones, acciones e intervenciones artísticas. En el museo que visitamos ahora se concentran más de una decena, pero son treinta las locaciones en las que se despliega el programa solo en la capital argentina.

“Kilómetro cero no es el lugar más importante”, me explicará Diana Wechsler, directora artística y académica de la bienal, “sino el punto de partida”. Tigre, por ejemplo, está a 31 kilómetros. Lima, a 4410. París, es el kilómetro 11070 si se cuenta desde el hotel en el que nos encontramos. Y en todos estos lugares se ha desplegado un cuidadoso y extenso trabajo curatorial, de cuyos detalles conversamos con Aníbal Jozami. “Bienalsur ha nacido para quedarse”, me comentará más tarde en el bar del Club Francés, un espacio cuyo interiorismo recuerda en algo a la retórica visual de la era napoleónica. “Va a perdurar y la idea es que se convierta en una herramienta de integración regional desde el ámbito de la cultura”.

Bienalsur es una bienal atípica, pero se organiza en un país que ha jugado un rol muy fuerte en la consolidación del arte de toda la región.

Argentina y concretamente Buenos Aires siempre tuvieron una activa vida cultural, pero había un vacío que llenar. Salvo dos excepciones, la Bienal de Industrias Kaiser en Córdoba, que duró pocos años y fue hace mucho tiempo, y la Bienal de Buenos Aires, que solo duró dos años en los noventa, no había un evento artístico-cultural importante que no fuese comercial. Las ferias están bien, pero son simplemente un lugar de ventas de arte, y por eso este viejo proyecto que fuimos perfeccionando con Diana Wechsler fue tomando forma, hasta que lo presentamos en el 2015 en la Reunión de Ministros de Cultura de América del Sur. Ya tenía las características que tiene ahora: con muchas sedes interconectadas, expansiva y en simultáneo. El proyecto fue muy aplaudido y eso me dio mucha fuerza para concretarlo después de dos años de trabajo.

Además de dirigir el proyecto de Bienalsur, Aníbal Jozami es uno de los coleccionistas de
arte más importantes de Latinoamérica.

Lo normal es que una bienal tome una ciudad y la emplee como una galería inmensa. ¡Ahora han cogido todo el continente y más allá!

Lo habitual es que las bienales las haga el gobierno de una ciudad o una fundación vinculada a ese gobierno, con la intención de enaltecerla, tal como ocurrió con la burguesía industrial paulista que, en los cincuenta, quiso darle importancia a su ciudad y crearon la Bienal de Sao Paulo, o como a fines del siglo XIX, luego de la unificación italiana, sectores del norte de ese país quisieron volver a dar relevancia a Venecia, e instituyeron esa bienal. Esta es una bienal distinta y lo que busca es dar una herramienta de integración entre los países de América y crear entre los países del sur, en un sentido más amplio, cultural, económico y político –según el cual España es tan país del sur como Marruecos o Argentina– un eje de trabajo un tanto más orgánico.

Es interesante que esta iniciativa sea un proyecto de la Universidad Nacional Tres de Febrero (UNTREF).

Es la continuación de la actividad cultural que desarrolla la universidad, que ya tiene cinco museos, dos de ellos en el Hotel de Inmigrantes en Puerto Madero, el Museo de la Inmigración y el Centro de Arte Contemporáneo; otro es el Museo de Arte y Ciencia en el predio de Tecnópolis, el Museo de Artes Visuales en la sede de la universidad, y el quinto es el Centro de Arte Contemporáneo Ecoparque, en un espacio de lo que era el antiguo zoológico de Buenos Aires.

“Touch”, intervención de la brasileña Regina Silveira en el Parque de la Memoria, en Buenos Aires.

¿Qué percepción se tiene, fuera del Perú, de lo que ocurre en Lima en materia de arte?

Tengo una buena opinión sobre el arte peruano. Tengo a artistas peruanos en mi colección y hay toda una escena de arte contemporáneo en el Perú que en los últimos quince años se ha ido revitalizando. Por eso no solo elegimos a Lima como sede de las reuniones de presentación de la bienal, sino que estamos inaugurando obras en cuatro espacios diferentes ahí. Y nos encanta ver el entusiasmo que ha despertado. ¡Vemos muy bien lo que está ocurriendo!

LEE LA ENTREVISTA COMPLETA EN LA EDICIÓN 628 DE COSAS.