El crítico de cine e investigador Ricardo Bedoya presentó El Perú Imaginado, libro que reúne más de mil películas de cine internacional sobre nuestro país

Por André Agurto // Fotos: cortesía Universidad de Lima

Ricardo Bedoya

Basta solo una conversación con Ricardo Bedoya para saberlo: es un hombre que respira cine. En casa, su videoteca consiste de varios miles de películas, “tanto así que ya no sé dónde ponerlas”, dice, relajado. En un año, puede llegar a ver un promedio de 400 cintas aunque, aclara, eso depende. “Si hay festivales, puedo ver seis o siete al día”.

Es crítico, catedrático, tiene un programa de televisión (“El placer de los ojos”) e investigador. Su más reciente publicación, El Perú Imaginado: representaciones de un país en el cine internacional, reúne más de 1000 películas que tienen referencias a nuestro país. “Así como Borges se enorgullecía de lo que había leído, yo me enorgullezco de lo que he visto”, confiesa. “Con la diferencia de que nunca quise ni me interesó hacer cine y, además, sin ánimo de compararme al maestro Borges”, aclara.

¿Cómo nace El Perú imaginado?

Desde chico fui descubriendo referencias al Perú que me llamaban la atención. Las fui archivando, pero ahí quedaron. Con el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima planteé la investigación de un modo más sistemático, inspirado por publicaciones similares que se han hecho en México y Chile.

¿Cómo ha sido la relación del cine internacional con el Perú?

El Perú tiene una especie de aura especial. La relación es mucho más mitológica, más exótica, que va más por el mundo de la aventura y de lo remoto. Para el cine internacional, el Perú es un lugar muy lejano donde se va a vivir una aventura muy intensa o donde uno va a protegerse o esconderse.

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¿Por ejemplo?

En Dark Passage (1947) de Delmer Daves, hay dos amantes malditos se escapan y deciden protegerse del mundo yendo a Paita. Se trata de una Paita recreada, por supuesto, en un estudio de la Warner con papagayos, llamas, pero con Humphrey Bogart y Lauren Bacall, dos mitos del cine.

También hay evocaciones románticas, sobre todo en el cine clásico. Por ejemplo, en una escena de El halcón de los mares (1940), protagonizada por Errol Flynn, este le dice a una mujer: “Doña María, en el jardín de un convento en Perú hay una estatua muy bonita. Las monjas la llaman ‘Nuestra Señora de las Flores’. Y así es como yo te llamo: mi señora de las flores”.

¿A qué se debe esa visión del Perú?

Se debe a nuestra historia, a nuestra geografía. A la visión que se ha ido construyendo del Perú del oro, del Perú mítico que, además, ya se encontraba en la literatura del siglo XVIII. El cine retoma esa idea. Y también, la idea del Perú de los incas. Cabe aclarar que las películas no son elementos históricos, sino ficciones. Encontramos a personajes históricos en el cine como Atahualpa y Francisco Pizarro, interpretados por Christopher Plummer y Robert Shaw en The royal hunt of the sun (1969). Plummer venía de protagonizar con mucho éxito La novia rebelde. Lo curioso es que vemos un Atahualpa que es un objeto de deseo, casi un ícono sexual.

¿Qué otras impresiones existen?

El Perú también es visto como un escenario un poco tropical, en el que se escucha flamenco, hay papagayos y se toman brebajes muy extraños. Un exotismo que, por otro lado, una peruana como Yma Sumac ayudó a propagar. Lo que ella proyectaba se sumaba a esa especie de decorado exótico o era una pieza más de ese exotismo, sobre todo en una película como El secreto de los incas (1954), con Charlton Heston.

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¿Esa imagen del Perú se transforma con los años?

Sí, en la década del 60 y 70 llega la cultura de la psicodelia, de la droga, del amor libre y el Cusco es convertido en ombligo del mundo de todas esas creencias. Se hace una película que es de culto, The last movie (1971), dirigida por Dennis Hopper, que acababa de hacer Easy Rider. La compañía le dijo “Haz lo que quieras”, y se vino a Cusco con todo un grupo a hacer una juerga. Poco tiempo después vino Werner Herzog a grabar en Aguirre, la ira de Dios (1972)  y la convierte en un clásico del cine. Luego regresa a hacer Fitzcarraldo 10 años después.

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¿Y en la década del 80 y 90, cómo ha cambiado esa imagen?

La visión del Perú en los últimos años se ha agriado, se ha amargado, con la única excepción del ayahuasca. Hay una gran cantidad de películas que tienen que ver con el encuentro de sí mismo, con las técnicas de autoayuda y el encuentro de tu propia identidad a través del ayahuasca. Sobre todo documentales, muchos de ellos europeos. En el caso de la época de la violencia, está la película de John Malkovich, La bailarina del piso de arriba (2002), una historia de ficción basada en la captura de Abimael Guzman, grabada en Portugal en locaciones geográficas que no tienen nada que ver con el Perú y sin hacer menciones reales. También el documental Sibila.

Y en general, ¿la imagen de los peruanos en el cine internacional ha sido positiva o negativa?

Ha sido secundaria. Te das cuenta de eso es en Indiana Jones, los cazadores del arca perdida. Indiana está con dos guías peruanos que lo traicionan. Son personajes que están en segundo plano y no tienen injerencia en la historia.

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Por último, casi a punto de terminar el 2017, no puedo dejar de preguntarle cuál considera la mejor película peruana de este año…

La que más me gustó fue Rosa Chumbe.

¿Y cuál cree que fue un bodrio?

Uy, de esas hay varias (risas).