Conversamos con Ana María Guiulfo, Noe Bernacelli y Ani Álvarez Calderón, tres diseñadores que se inspiran en el Perú, sobre identidad, memoria y creación contemporánea.

Por María Jesús Sarca Antonio

Ana María Guiulfo

“La moda contemporánea es tan volátil que lo único que quieres es refugiarte en algo tranquilo”, dice Ana María Guiulfo.

Ana G, la sólida firma que fundó en 1989, se ha mantenido vigente con piezas estampadas, distintivas por sus colores eclécticos, su elegancia sutil y su inspiración en el acervo cultural peruano. “Al inicio, juraba que mi marca no iba a durar una semana. ¿Puedes creerlo?”, comenta sorprendida.

Su nueva propuesta, “Equilibrio”, surge de la necesidad de “mantener un puerto seguro”, como una respuesta consciente frente al ruido exterior. En su trayectoria, la diseñadora reconoce que el entorno actual, saturado de noticias y tensiones, empuja a buscar una guarida. Por ello, su colección apuesta por piezas que inspiran “seguridad, continuidad y calidad atemporal”, resistiendo la tentación de lo pasajero.

Pionera del diseño textil peruano, Ana María ha construido una identidad propia a través de prendas estampadas que dialogan con el patrimonio cultural del Perú.

Entre las nuevas prendas, la diseñadora tejió personalmente cuatro chalinas “a palo”, incluida una en lana de vicuña, fibra con la que experimenta por primera vez. Mientras avanzaba, el gesto de tejer le recordaba sus tardes durante la adolescencia, en la que se sentaba a elaborar chompas para su enamorado.

Describe el punto a punto como “una especie de terapia relajante que establece una comunicación interna muy fuerte”.

El color funciona como ancla conceptual. Ana María recurre a las paletas cromáticas de Nasca y Wari: marrones, rosados, tierras y algunos amarillos, y está convencida de que las culturas precolombinas fueron “unos genios mezclando tonos. Tenemos una desconexión con nuestras culturas, pero a mí me encantan nuestras tradiciones y es muy importante no perderlas”, sostiene.

Hoy, su trabajo se nutre de las conversaciones con su director creativo, Paulo Ruiz, de su visión contemporánea de la moda, pero aterrizada al imaginario cultural peruano.

Paulo es además cocreador de la firma peruana D.N.I: “Ellos han trabajado en Europa, saben cómo funcionan los mercados. Trabajar con Paulo es un tesoro para mí”.

Noe Bernacelli

El Perú no es un recurso estético”, afirma Noe Bernacelli. Lo dice al recordar su salida de Trujillo, la ciudad donde aprendió disciplina e identidad. Antes de dedicarse a la moda, estudió Medicina, motivado por una idea de servicio y compromiso. “Pero pronto entendí que mi manera de ver y comprender el mundo era distinta, mucho más visual y creativa”, señala.

Noe Bernacelli presentará a fines de abril su colección de alta costura “Reine de Nuit”.

La formación médica dejó en Noe una huella que todavía guía su oficio. Cada prenda nace desde la estructura anatómica, pensada como “una segunda piel que dialoga con la anatomía completa”.

A más de quince años desde el lanzamiento de su marca, Noe asegura que el tiempo le ha dado visión y claridad sobre la industria. Su relación con sus clientes se ha transformado: conocer su estilo de vida, expectativas y necesidades define hoy cada una de sus piezas.

Sin embargo, el riesgo permanece: “Cada nueva colección sigue siendo un salto al vacío. La diferencia es que hoy ese riesgo se asume con más seguridad, con más experiencia y con una mayor confianza en el lenguaje de la marca”.

Reconoce que su obra no recurre a lo “peruano” como recurso superficial. “El Perú no es algo que decido incorporar; es el lugar desde donde observo, interpreto y construyo”.

La relación con los materiales, los colores y la memoria cultural define cada pieza. Evitar la superficialidad exige investigación y profundidad; tradición y modernidad conviven de manera orgánica. Esa honestidad creativa transforma la identidad en voz, no en gesto decorativo.

La dualidad entre formatos no genera ruptura, sino continuidad: la alta costura permite libertad total en tiempo y detalle, mientras el prêt-à-porter traduce esa sensibilidad al ritmo de la vida diaria.

“No lo veo como una decisión entre lo artístico y lo comercial, sino como un equilibrio necesario. Al final, en cualquier formato, lo que busco es lo mismo: emoción, identidad y conexión real entre la pieza y quien la lleva”.

Ani Álvarez Calderón

El verdadero lujo hecho en el Perú es tener una pieza pintada o bordada y que te quede increíble”, afirma Ani Álvarez Calderón mientras evoca su trayectoria entre talleres y maestros artesanales del país.

Fundadora de la firma que lleva su nombre, su inspiración surge de textiles pintados a mano, bordados y elaborados con tintes naturales, ítems que considera “el tesoro más maravilloso” tras décadas explorando la sierra, la costa y la selva.

Ani Álvarez Calderón reivindica el lujo peruano con piezas pintadas y bordadas a mano por comunidades Iskonawa.

La diseñadora se mantiene vinculada a comunidades como Iskonawa, con la cual desarrolla colecciones que reflejan un profundo respeto por la cultura y la artesanía peruana.

Actualmente, Ani se prepara para representar al Perú en Leipzig, Alemania, con su proyecto de moda sostenible Beneia –que lidera junto a su hija, Arianne Carrillo–, en colaboración con diversas comunidades amazónicas. Antes, viajará a Inglaterra para participar en un conversatorio sobre estas experiencias de trabajo conjunto.

El vínculo con los artesanos marca su proceso creativo y en ellos encuentra su inspiración. “Lo hecho a mano tiene un valor significativo, aparte de lo cultural, es un orgullo lucir una pieza pintada a mano con tintes naturales. Es una joya”, asegura.

Cada adquisición de textiles se convierte en investigación y aprendizaje para transformar técnicas ancestrales en prendas contemporáneas sostenibles y duraderas.

Ani describe su moda como slow fashion, orientada a piezas que se puedan regalar y acompañar generaciones: “Que cada vez que te la pongas te sientas bien y no pase de moda”.

Sus colecciones reinterpretan códigos culturales peruanos sin caer en lo literal ni folclórico, buscando armonía y ajuste perfecto en cada pieza. “Me inspira crear ropa para una mujer orgullosa de ella misma y de su cultura”, afirma.

El diseño peruano, según Ani, necesita consolidar su narrativa hacia el exterior. “Tenemos grandes talentos, buenos diseñadores, buenas marcas. Necesitamos unirnos”, explica, señalando la importancia de la colaboración y la visibilidad internacional para sostener a la industria.

En su interpretación, el verdadero lujo peruano se materializa en una prenda única, pintada y bordada a mano, imposible de replicar en otra parte del mundo.

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